El espejo vasco: más afiliación sindical, más conflicto, mejores condiciones laborales

Euskadi lidera el número de huelgas en España, una clasificación en la que Asturies también está por encima de la media española.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El País Vasco concentró en 2023 el 46% del total de huelgas convocadas en España. Un dato especialmente llamativo si tenemos en cuenta que la Comunidad Autónoma Vasca representa sólo el 5% del total de la población española.

Euskadi, con una de las afiliaciones sindicales más altas del país, hace añicos el tópico tantas veces repetido sobre la mala relación entre economía, sindicatos y huelgas. Es la comunidad más conflictiva, y al mismo tiempo una de las más prósperas. Tiene la jornada laboral más corta, y tras Madrid, el mejor salario medio de España.

Los altos salarios vascos tienen varios factores. Una economía industrial y de servicios muy avanzada, unas administraciones públicas fuertes y prósperas, pero también una clase trabajadora organizada y movilizada. En 2022, el año de recuperación de la conflictividad laboral tras la pandemia, Euskadi lideró, según los datos del Ministerio de Trabajo, los incrementos salariales en el conjunto español: un 5% de media frente al 3% de media nacional.

Movilización de trabajadores de la justicia en el País Vasco.

Este mayor número de huelgas no es ajeno a una estrategia sindical más tendente al conflicto y en el que prácticas como la “caja de resistencia” están vigentes en organizaciones como ELA, LAB y ESK, permitiendo el alargamiento de las huelgas, que cuentan además con un fuerte apoyo político, social y de medios de comunicación cercanos.

El economista Jon Las Heras, que ha analizado el fenómeno en profundidad, explica que este liderazgo huelguístico del País Vasco no estuvo siempre ahí, sino que es una dinámica que arranca en 2001 con un giro en la estrategia de ELA, principal sindicato vasco, que tira del resto de organizaciones. Es entonces, a principios del siglo XXI, en pleno boom económico, con las huelgas en aumento en Euskadi y en declive en el conjunto de España, cuando el mundo laboral vasco se hace más singular, llegando incluso a ser una excepción, por su especial conflictividad, en el mapa europeo.

Feminización del conflicto

Aunque la afiliación sindical es siempre más alta en la industria y el sector público, los grandes conflictos laborales del País Vasco se han dado en los últimos años no sólo en la industria, sino muy especialmente en sectores y servicios muy feminizados como la limpieza, el comercio o la atención a domicilio, en los que el sindicalismo está arraigando.

El pasado mes de noviembre sindicatos y movimiento feminista elevaban la apuesta con un paro general en defensa de un sistema público de cuidados. La huelga general en País Vasco y Navarra convocada por ELA, LAB, ESK, Steilas, Ehne, Etxalde y CGT no paralizó ambas comunidades, pero se dejó notar en ciertos servicios públicos, y sobre todo en las calles.

Huelga feminista.

A pesar del desigual seguimiento de la jornada, la movilización logró avivar el debate público sobre la necesidad de mejorar el sistema de cuidados. En febrero de este año, apenas tres meses después de la huelga general feminista, las dos diputaciones vascas, las tres capitales y el Gobierno firmaban un compromiso para aumentar la dotación de los sistemas de cuidados. Una demostración de que la presencia de sindicatos fuertes no sólo repercute en mejores condiciones en el puesto de empleo, sino también en otro tipo de beneficios sociales para la comunidad.

La conflictividad en Asturies

Aunque a una gran distancia del País Vasco, Asturies, la quinta comunidad con mejores salarios, es otro de los territorios con una conflictividad laboral por encima de la media española. En 2022 el Principado fue la tercera comunidad con más huelgas y la quinta con mayor participación de huelguistas.

Concentración de apoyo al comité del ERA. Foto: Alisa Guerrero

La convocatoria de huelgas en Asturies supuso el pasado año la pérdida de 193.000 horas de trabajo, un 14,9 por ciento más que en 2022 y la mayor cifra desde 2019.

La incorporación al sindicalismo de sectores muy feminizados como la atención a domicilio, las residencias, las escuelas de 0 a 3 o los supermercados, es otro de los rasgos llamativos del mapa sindical asturiano en tiempos de feminización de la lucha de clases en todo el país. Lo demuestran los datos del Ministerio de Trabajo sobre 2022: 23.277 huelguistas mujeres frente a 14.253 huelguistas hombres.

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