La FSA en la encrucijada

Adrián Barbón convoca una asamblea abierta a la militancia que pretende invitar a la reflexión y a la conjura de los sentimientos encontrados tras los cinco días del cóndor.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

La democracia de los partidos funciona la mayoría de las veces como una superstición. Lo he visto en unas cuantas primarias. Algunos políticos creen en ella como un fetiche y otros, en realidad, como un encantamiento que se celebra invocando censos, diseñando eslóganes, provocando incesantes llamadas telefónicas o acudiendo a pedir el voto a la puerta de las casas de los afiliados. Sucede en las semanas previas a las votaciones de primarias, es el prólogo de los congresos. Una vez puesta la maquinaria interna a funcionar, sólo queda el vértigo de las votaciones y la proclamación de los vencedores. Lo de este miércoles es otra cosa. Es una asamblea abierta a la militancia que pretende invitar a la reflexión y a la conjura de los sentimientos encontrados tras los cinco días del cóndor. No se decide nada, pero se envían mensajes. Algunos cuadros de la FSA lo han dicho con menos literatura: “Barbón busca un baño de masas”.

La asamblea abierta en la sede de La Ería puede ser el gran patinazo de su Secretario General en Asturias. Llega tarde, llega mal, generando dudas, justificadas suspicacias entre líderes de Agrupaciones Locales y la sospecha de que más pronto que tarde, se anunciará la candidatura de Adriana Lastra a la Secretaría General de la FSA. Algunas fuentes socialistas consultadas confirman que Barbón debería haber convocado a los Secretarios Generales de las Agrupaciones de la FSA durante los cinco días críticos. Debería haber aprovechado la difícil situación del partido para restañar heridas y cohesionar realmente a la militancia. En cambio, en esta invitación a las emociones, los dirigentes locales aún no saben esta mañana qué es exactamente lo que demandará Adrián Barbón de su militancia: ¿Acaso piedad? ¿Acaso unidad?

La piedad no forma parte del progreso de los partidos. Y si hay alguien que lo conoce muy bien es, precisamente, Adrián Barbón. Acude la tropa socialista a una reunión abierta en la que cualquier afiliado puede participar, puede hablar, se puede ciscar o se puede embelesar con la figura de su Secretario o la de su Vicesecretaria. También habrá silencios y destacadas ausencias. La FSA tiene censados a alrededor de 7.000 afiliados. No sabemos todavía cuántos acudirán a una asamblea donde se tratará de ponderar lo imponderable. Parafraseando al escritor y director David Trueba, en su magnífica novela Mis queridos niños, a la militancia, en estos actos, le gusta hacer precisamente todo lo contrario: aplaudir lo aplaudible, vitorear lo vitoreado y aclamar lo aclamado. O no.

Rita Camblor, Adrián Barbón y Adriana Lastra. Foto: FSA

Con perfecta ambición regionalista, Adrián Barbón volverá a darse golpes de pecho. Asturias, lo primero. El lema trumpista sigue indemne en el cielo de su boca. Lo volverá a proclamar después de haber colocado entre las cuerdas a Álvaro Queipo esta semana. El presidente del PP sabe que, por muy asturianista que sea, sus padrinos le han dicho recurrentemente siempre lo mismo: “por ahí, no”. Tras proponer nuevamente la cooficialidad de la llingua, con todas las consecuencias, “hasta el fin”, quizá, esas mismas cuerdas que ahogaron unos días a Queipo se acaben enredando entre las piernas del propio Barbón.

La pregunta es bastante sencilla. ¿Qué es lo que quiere ser la FSA? ¿Qué quiere hacer con su gobierno? Se tiene la impresión de que la FSA se encuentra en una encrucijada. La democracia es una mágica superstición, por eso la reforma de los estatutos nunca salen de una chistera, por eso las gestoras políticas tampoco. Con este regionalismo demodé, Barbón puede adelantar al resto de partidos por la izquierda o por la derecha, pero también puede tambalearse y acabar en la cuneta porque no es capaz de encontrar un rumbo a su legislatura. Casi doce meses después de las últimas elecciones autonómicas, Convocatoria por Asturias es el único estabilizador natural del gobierno. Barbón no ha comprendido todavía que el regionalismo asturiano es un espejismo que se proyecta en la ciudadanía, pero necesita siempre apoyarse en un punto desde el que polarizar y no es, precisamente desde el PP. En realidad, el espejismo necesita hacerlo siempre desde Madrid. Y si no, que se lo pregunten a Queipo.

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