El momento dulce de LABoral

La exposición dedicada a Rodrigo Cuevas supone un nuevo hito en la recuperación de un centro que estuvo a punto de desaparecer durante la crisis.

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Redacción Nortes
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Te contamos lo ocurrido centradas en la periferia.

Algunos números para empezar a hablar. Presupuesto del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León: 2,3 millones de euros. Presupuesto del Centro Galego de Arte Contemporáneo: 2,9 millones de euros. Centro Botín de Santander: 12,5 millones de euros. Presupuesto de LABoral: 1,3 millones de euros. En el más humilde de los centros de arte contemporáneo del noroeste peninsular dicen que “hacen milagros” con un presupuesto anual en el que los gastos fijos apenas dejan dinero para financiar exposiciones y actividades, o dedicar recursos a atraer nuevos públicos. La financiación europea es cada vez más determinante para sacar adelante la programación de un espacio cultural que en lo peor de la crisis de 2008 estuvo, no lo olvidemos, a punto de cerrar.

LABoral finalmente no llegó a desaparecer, pero se acercó peligrosamente a este escenario. No todo el mundo en el Gobierno asturiano apostaba por su continuidad, al menos como espacio expositivo. De esa crisis el centro ha ido remontando en los últimos años gracias a la mejora de la situación económica, la búsqueda de financiación europea y el fuerte compromiso con el proyecto del equipo que lidera Pablo de Soto, un arquitecto gijonés, experto en tecnología, que tras años viviendo en Brasil decidió volver a su tierra y echar raíces. Por situarnos un poco, a día de hoy LABoral Centro de Arte y Creación Industrial son su director y otras siete personas más para gestionar 14.000 metros cuadrados, tres exposiciones simultáneas y un programa de residencias de artistas que funciona durante todo el año. Dicen que cuando lo cuentan por ahí mucha gente no les cree, pero han aprendido a hacer de la necesidad virtud y convertir el menos en más. No siempre fue así. Atrás quedan los días de vino y rosas en los que las buenas botellas y los canapés de autor volaban en las inauguraciones de las exposiciones y Rosina Gómez Baeza cobraba 120.000 euros anuales por la dirección de un centro que llegó a tener en su momento de esplendor un presupuesto anual de 5,4 millones de euros. Otros tiempos.

Visita a la exposición Barricadas en los hielos. FOTO: David Aguilar Sánchez

Soy de la opinión que a LABoral siempre le han pesado negativamente dos cosas. Por un lado su hiperespecialización en arte y tecnología, Puede ser muy sugerente para algunos creadores e instituciones internacionales que tienen en altísima estima al centro, pero es un tipo de arte que nunca ha sido atractivo para el público asturiano. Por otro su ubicación. Incluso el mismo proyecto habría tenido seguramente otra suerte de haberse instalado en la antigua Tabacalera de Cimavilla o la Fábrica de Gas ovetense, dos espacios que ya estaban disponibles en 2007, cuando se funda el Centro de Arte. La vida cultural reclama el corazón de las ciudades y no lugares alejados de todo, que invitan tan poco a la sociabilidad. LABoral ha contribuido muy poco a dinamizar la vida gijonesa porque se apostó por un modelo extramuros más pensado en dar contenido a la Universidad Laboral que a la ciudad en la que se asienta. Es un defecto de diseño que comparte con otros centros de su generación, y que va a pesar siempre en un lugar que, con todo, vive horas dulces.

“El mundu ye viesca”. Foto: David Aguilar Sánchez

Creo también que muchas veces han faltado exposiciones que interpelaran más allá de públicos muy minoritarios. Excepciones, claro está, las habido, y muy buenas. Pienso por ejemplo en una muestra tan singular y enraizada en lo local como fue “Aprendiendo de las cuencas”, dedicada al urbanismo y la arquitectura de las cuencas mineras asturianas.

En los últimos tiempos el centro está hablando de activismo, de cambio climático, memoria histórica o el futuro de Asturies como “paraíso natural, y eso se está notando en la llegada de otros públicos, 50.000 visitantes el año pasado, y la apertura de otros debates sociales y políticos. Para eso están también los centros de arte y a eso se están dedicando, por cierto, en prácticamente todas partes.

La exposición dedicada al universo de Rodrigo Cuevas y a su labor de “agitación folklórica” supone un hito en ese relanzamiento de LABoral. Es una apuesta sin precedentes por hablar desde el arte contemporáneo de temas de los que nunca había hablado LABoral, y va a acercar a mucha gente, por primera vez, a un Centro, que puede ser muy apreciado por los creadores gracias a su formidable programa de residencias, pero que sigue siendo un gran desconocido para el gran público. Seguir derribando este muro invisible entre LABoral y la sociedad asturiana es el reto que la institución tiene por delante.

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