Episodios recientes de una ola global contra el turismo masivo

Canarias, Cantabria y Balears han vivido esta primavera multitudinarias manifestaciones que por ahora siguen sin llegar a Asturies.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

“Descubierta” mucho antes como destino turístico que Asturies, Cantabria conoce desde hace más tiempo que su vecina occidental el impacto del turismo masivo y las segundas residencias. Las dos décadas de la burbuja inmobiliaria fueron años de construcción a todo trapo de urbanizaciones, y tras un tiempo de paralización del sector, el nuevo boom turístico está reactivando proyectos como el de levantar una urbanización de 350 casas y un campo de golf entre los concejos de Loredo y Langre, en las inmediaciones de algunas de las playas más atractivas de las cercanías de Santander.

Frente a los planes inmobiliarios para hacer de Cantabria, la “Ibiza del norte”, el rechazo al macroproyecto convocó a unas 5.000 personas el pasado 18 de mayo a una marcha de protesta bajo el lema “Cantabria se defiende, salvemos Loredo y Langre”. Se trata probablemente de la mayor movilización realizada en el norte de España contra un proyecto de turismo masivo, y llega un mes después de las masivas movilizaciones convocadas en Canarias por el movimiento Canarias se agota. Unas marchas que el pasado 20 de abril sacaron a la calle a unas 100.000 personas para reclamar un cambio de modelo turístico en el archipiélago.

Protesta de Cantabristas contra el macroproyecto urbanístico.

Surgido en ciudades fuertemente turísticas como Barcelona o Venecia, el movimiento global contra los efectos negativos del turismo de masas vive un proceso de expansión casi paralelo al del propio boom turístico. A este mapa de las luchas contra el turismo depredador se sumó este sábado una nueva movilización, esta vez en Palma de Mallorca, donde más de 10.000 personas reclamaron frenar los excesos de una industria turística que ha disparado los precios de la vivienda en las islas Balears.

¿Y en Asturies?

Esta expansión de los movimientos contra el turismo masivo no ha llegado todavía a Asturies, donde el fenómeno es relativamente reciente, y la sociedad aún valore sobre todo los efectos positivos: empleo, dinamismo económico, rehabilitación de casas rurales… En la comunidad la buena marcha del turismo encuentra por ahora un fuerte consenso mediático y político. Mientras los socialistas vascos y cántabros se han manifestado a favor de una ecotasa al turismo, en el Principado la FSA-PSOE ha bloqueado un impuesto verde que defiende sus socios de IU-Convocatoria por Asturies, así como Podemos y la diputada Covadonga Tomé.

Marcha Canarias tiene un límite.

Más allá de algunas campañas políticas, como la desarrollada por Andecha Astur y la plataforma Asturies Insumisa, o de asociaciones vecinales, como Gigia de Cimavilla, para denunciar la proliferación de pisos turísticos, tampoco por ahora están surgiendo movimientos populares que cuestionen un turismo cuyos efectos negativos todavía no son tan visibles. Un dato: apenas se han escuchado voces críticas en contra de que el antiguo edificio de la Autoridad Portuaria de Xixón sea derribado para dar paso a un hotel de cinco estrellas.

Protesta de Asturies Insumisa en San Lorenzo.

La baja forma de los movimientos sociales asturianos y la existencia de un modelo turístico que hasta ahora se ha caracterizado por un menor impacto ecológico y social, pueden explicar que Asturies siga, por ahora, al margen de este creciente mapa de resistencias a una industria turística fuera de control. Sin embargo, la creciente sensación de “saturación”, el aumento del precio de la vivienda, y el desarrollo en todas partes de las resistencias al turismo de masas puede hacer que también en los próximos tiempos haya cambios en una Asturies que por ahora sigue festejando cada nuevo récord turístico.

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