“Cantabria va en el proceso de turistificación unos años por delante de Asturias”

Entrevista a Paulu Lobete, sociólogo y secretario general del partido Cantabristas.

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Álvaro Villegas
Álvaro Villegas
Psicólogo, orientador educativo y militante de la Asamblea Moza d'Asturies.

El 18 de Mayo una marea humana tomó el pueblo de Loredo, en el municipio de Ribamontán al Mar, gobernado desde hace 45 años por el Partido Regionalista Cántabro y con un alcalde muy cercano al expresidente Revilla, en la costa oriental cántabra. Lo que en un principio se planteaba como una protesta contra un macroproyecto urbanístico con campo de golf incluido, derivó en un grito colectivo multitudinario contra la especulación y la masificación turística, bajo el lema “Cantabria se defiende, salvemos nuestra costa”. La asistencia masiva desbordó las expectativas de Cantabristas, un partido que cada vez está en el centro de más conversaciones y tiene ya un hueco propio en el debate político cántabro. Entrevistamos a Paulu Lobete (Santander, 1991), sociólogo, funcionario de la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria y secretario general de esta organización.

La primera pregunta es obligada, para un público lector que no conoce Cantabristas, ¿cómo lo definirías?, ¿cuándo y cómo nace y cuál ha sido su andadura hasta el día de hoy?

Cantabristas surge a finales de 2018 y es un partido que, aunque sigue siendo una fuerza política pequeña, ha experimentado un crecimiento progresivo y cada vez tiene una mayor influencia, como se ha podido demostrar con esta cuestión de la masificación turística, donde hemos tenido un papel importante. Ideológicamente somos una formación política de izquierdas, en el ámbito del soberanismo, del cantabrismo con una vocación amplia. La trayectoria es de crecimiento, pasando en las elecciones autonómicas de 2019 de sacar apenas 1500 votos a las del 2023, donde hemos casi cuadriplicado los resultados hasta los 5500. La expectativa y el objetivo que creemos realista es entrar al Parlamento en 2027, superando la barrera del 5%. Estamos intentando construir ese proyecto que pensamos que necesita Cantabria poco a poco, sentando las bases de un proyecto que fuera sólido, que pudiera existir durante muchos años.

Hace unas semanas Canarias vivió movilizaciones masivas en protesta por el modelo de masificación turística y destrozo de los entornos naturales. ¿Cómo ha sido el proceso por el cual Cantabria se ha convertido prácticamente en el segundo territorio del Estado que sale masivamente a la calle por esto?, ¿en qué momento os dais cuenta de que este es un tema candente en la sociedad cántabra?

Hace ya aproximadamente cuatro o cinco años que fuimos conscientes que se estaba generando una problemática en torno al tema de la masificación turística. En conversaciones con personas sobre todo de las zonas rurales de la costa occidental de Cantabria. Empezamos a ver que estaba llegando un perfil de turista con mucho dinero, rentas altas sobre todo de Madrid y otros lugares que estaban comprando prados y viviendas y construyendo viviendas unifamiliares. Todo eso se acrecienta mucho con la pandemia y la percepción social que existía sobre el turismo empieza a cambiar. Nosotros hacemos el diagnóstico de que este va a ser uno de los temas centrales y quizás es el principal acierto que tenemos a nivel político, el saber identificar que esto iba a ser un eje central de la agenda política de los años siguientes, como ahora ya estamos viendo.

“La Ibiza del Norte”, el macroproyecto en la costa de Loredo y Langre promovido por inversores de Baleares que ha hecho saltar y movilizarse a tanta gente, ¿en qué consiste y por qué ha generado tanto rechazo?

Lo que sucede con este proyecto es que conecta con la especificidad que tiene el tema de la masificación turística en Cantabria, y también en otros sitios, que está relacionado con la especulación inmobiliaria y el uso del suelo. Cantabria tiene una legislación respecto al suelo muy laxa, gracias a la reforma promovida la pasada legislatura por el PSOE y el PRC, que permite construir en suelo rústico en muchos lugares, que permite saltarse incluso la protección litoral de algunas zonas para para construir. El proyecto de Loredo refleja bien todo eso, es un pelotazo urbanístico de los de siempre: en la costa, con campo de golf, con cientos de viviendas turísticas, con unos promotores que son fondos de inversión. Es, por tanto, un buen ejemplo y a la vez emblema de la lucha que se estaba fraguando. Identificamos un proyecto central, que permite articular toda una movilización en torno a un tema que ya estaba latente. Además, en esta batalla de Loredo pensamos que nos jugamos una zona emblemática de Cantabria y que hay que dar la batalla por ello.

¿En qué momento decidís dar el paso para convocar esta manifestación y hacerlo en solitario como partido político?

Estuvimos en Loredo hablando con vecinos y vecinas, también tenemos gente nuestra de la zona, hicimos algunos vídeos para redes sociales, vimos que tenían buen impacto y también nuestra base social ya de alguna manera nos estaba reclamando que nos moviéramos con este tema porque estaba candente y empezaban a darse las condiciones para una movilización que podría incluso ser útil para presionar en un tema concreto como el de Loredo. Ahí nos lanzamos a la piscina, valoramos todas las opciones y decidimos convocar una manifestación y hacerlo nosotros solos. Sobre esto, una enseñanza importante es que a veces las plataformas son como escudos para no cargarte con la responsabilidad de completar un trabajo entero de difusión. La mayoría de la gente cuando va a una manifestación le importa el fondo del tema, no quien la convoca. Lo que nos permite convocar como organización es poder volcarnos y hacerlo con una estrategia coherente y creo que se ha demostrado que ha funcionado bien, que realmente lo importante no era quién convocaba, porque, de hecho, cuando la gente llegó, no se encontró con una manifestación de partido, se encuentra con una manifestación donde lo importante era el fondo, y yo creo que también es una reflexión para las organizaciones políticas. Tenemos que ser profundamente generosos y honestos con la sociedad, en el mundo de las marcas y las organizaciones a veces caemos en absurdos y yo creo que eso no es lo importante ni lo que preocupa a la gente. Creemos que no pasa nada si convoca una organización política, si es una organización que no se caracteriza por instrumentalizar todo lo que hace y llenarlo de símbolos propios para intentar que la foto que quede sea de partido. Si tú haces una política que instrumentaliza siempre, pues difícilmente vas a poder hacer una manifestación así.

Una de las cuestiones más comentadas por mucha gente ha sido la campaña de difusión previa, con apariciones en medios estatales, una acción sorpresa con canoas y varias pancartas gigantes en la Isla de Santa Marina, enfrente de donde se ubicaría la “Ibiza del Norte”, que se hizo viral, y otras iniciativas, ¿cómo fue esa labor previa?

Nosotros ya de base teníamos una buena capacidad de difusión en redes y una estructura organizativa creciente con gente con ganas de pasar a la acción y de hacer cosas, y eso ha sido algo que nos ha facilitado. Nos hemos encontrado con la colaboración de bastante gente de la zona afectada, donde ya teníamos compañeras participando. Lo que hemos hecho es intentar tener una estrategia comunicativa a la hora de difundir la manifestación y hacer las cosas de una forma diferente. El hecho de organizarlo nosotros y nosotras como organización nos ha permitido seguir una estrategia coherente a lo largo del tiempo, a nivel estético incluso, y con una serie de acciones pre planteadas y fases claras en la difusión que diseñamos cuando nos lanzamos a convocar. El elemento central de la campaña de difusión era ese desembarco en la Isla de Santa Marina con el despliegue de una pancarta gigante que de alguna manera queríamos que fuera un hecho extraordinario y que diera lugar a una foto que fuera histórica y simbólica de la lucha por el territorio en Cantabria. Creemos que en este momento donde parece que cunde cierto desánimo a nivel social, era muy importante subir la autoestima colectiva de toda la gente que defiende el territorio en Cantabria, que igual tenía una sensación de que no se movía nada. Yo creo que esa foto de alguna manera removió totalmente esa idea y evocó la lucha victoriosa para salvar Oyambre en los 80, incluso. A todos nos metió un poco en la idea de que estábamos haciendo historia en este momento, que no estábamos simplemente protestando.

¿Cómo vivisteis la manifestación del sábado?, ¿esperabais esa respuesta tan masiva u os sorprendió la enorme cantidad de gente que respondió a la convocatoria?

Sí, sí, nos sorprendió. Esperamos que la manifestación fuera bien y fuera mucha gente. Yo personalmente esperaba unas 1000 personas. Realmente sí que pensábamos que iba a ir gente porque en el pueblo había mucha indignación y porque la difusión habíamos visto que había ido bien, había ido incluso extraordinariamente bien, pero nos sorprendió el volumen de gente. Nuestros cálculos en función del área ocupada nos dan más de 8000 personas, algunos medios dijeron hasta 10.000 personas. Había una cantidad de gente muy significativa en un momento que en Cantabria yo creo que nadie esperaba poder movilizar a tanta gente. Realmente es sorprendente y bueno lo vivimos con ilusión y con una emoción que te sobrepasa un poco, porque realmente no estamos acostumbrados a ver una movilización así y a ser parte de eso. Fue un día muy alegre del que hay que disfrutar y que te hace coger fuerzas para lo que viene.

Para quien no sea de Cantabria y no conozca su realidad social, ¿cómo explicarías la presencia de la bandera del lábaru como símbolo unificador y de consenso en estos espacios de reivindicación?

Yo creo que es un símbolo que representa muy bien el sentir de la gente que se siente identificada con Cantabria, que defiende sus valores ambientales o patrimoniales. El lábaru es un símbolo reivindicado popularmente y, de hecho, su reconocimiento oficial desde 2016 parte de ese reconocimiento previo popular y yo creo que se reflejó bien en esta marcha. No es la primera vez que vemos su presencia en las movilizaciones sociales, pero yo creo que se vio que va ganando protagonismo porque el cantabrismo también tiene cierta influencia en esa idea de que asociar la defensa de la tierra con una agenda transformadora y de cambio social.

Una semana después de la movilización se han sucedido las reacciones de los principales implicados. Por un lado, el consejero de medio ambiente del PP diciendo que todo es mentira y, por otro, el alcalde regionalista insistiendo en que el campo de golf es innegociable y los vecinos quieren el macrocomplejo. ¿En qué situación se encuentra el proyecto?, ¿es posible pararlo?

El PP se ha apuntado al negacionismo del problema y el PRC ha salido a defender un proyecto indefendible como es hacer un campo de golf y viviendas turísticas en plena costa, en una zona con protección. Pensamos que la presión social es importante, pero nosotros también vamos a iniciar acciones a nivel judicial con este tema y pensamos que el proyecto se puede parar, claro que se puede parar.

“La manifestación de Loredo representa un sentir de malestar general con la venta del territorio”

Lleváis tiempo alertando de que ésta no es la única amenaza a la costa cántabra, ¿de qué otros proyectos tenéis constancia y cómo planteáis la continuidad de las movilizaciones?

Tenemos constancia de proyectos en muchos más lugares de la costa, te puedo decir varios en San Vicente de la Barquera, Val de San Vicente, La Revilla, Udías, Comillas…los hay en toda la costa occidental. En la zona de Langre no sólo el de la Ibiza del Norte, también hay otros por la zona. De repente parece que tenemos un aluvión general. Cantabria está sufriendo especialmente por su propia ordenación del territorio, también por la cercanía relativa a Madrid. La idea es que esta lucha se extienda. Ahora tenemos un compromiso con la cuestión de Loredo y vamos a poner la carne en el asador. Pero la manifestación de Loredo no representaba sólo el problema de Loredo, representa un sentir de malestar general con la venta del territorio para el beneficio de unos pocos, que se siente en toda Cantabria. Es algo generalizado.

Un momento de la movilización. Foto: Juan Amieva

Para finalizar, ¿qué mensaje trasladaríais al movimiento sociopolítico asturiano que aún vive con algo de distancia lo que está pasando en Cantabria?

El mensaje puede ser que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar, ¿no? Cantabria va en el proceso de turistificación unos pocos años por delante, probablemente, de Asturias. Además, yo diría que este tema es una cuestión de modelo económico y territorial, pero también es una cuestión de índole social y cultural. Quiero decir que tiene muchas implicaciones a la hora de defender un proyecto social para un pueblo, porque realmente desnaturaliza absolutamente todo, destruye la vida de los pueblos, influye en todas las vertientes. Yo creo que desde la lógica del asturianismo pienso que puede ser una de las cuestiones centrales a tratar, sin querer decir a nadie lo que tiene que hacer, pero sí creo que es un debate al que estar atentos y atentas, desde luego. Nos parece muy importante que los diagnósticos y las estrategias surjan de los propios pueblos. Creo que, en Asturias, en el momento que se haga el diagnóstico, lo verán claro. Nosotros no lo hemos visto porque hayamos querido imitar lo de Canarias, sino porque lo llevamos analizando desde hace tiempo y se dieron las condiciones a nivel sociopolítico y también organizativo. Luego, la fórmula para convocar, nosotros lo hemos hecho solos, pero se podía haber hecho otras mil maneras, depende un poco de factores humanos, personales y sociales.

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