“El acoso de la derecha a independentistas y activistas ha llegado a las puertas de La Moncloa”

Entrevista a Iñigo Errejón, portavoz del grupo parlamentario de Sumar en el Congreso de los Diputados.

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Las elecciones de este domingo puede cambiar muchas cosas en España. Hace seis meses, invitaban a pensar que podrían colmatar una fase política y dar inicio a otra. Hoy, los comicios europeos ponen de relieve el movimiento en la correlación de fuerzas internas que se está produciendo dentro del gobierno, la vía de agua que se le abre al PP y la resistencia de la extrema derecha. Ese sería un sucinto radiograma del sistema político en su versión intransitiva. La política es siempre un hacer. Exige un sujeto pero también un predicado, En ese hacer, el portavoz parlamentario de Sumar en el Congreso de los Diputados analiza el contexto europeo y nacional de las derechas, el asedio a la democracia liberal desde el neoliberalismo en España, las políticas que no sólo mejoran la vida de las personas sino que crean un nuevo empoderamiento donde libertad y justicia social son dos conceptos inmanentes,

Desde NORTES venimos diciendo hace ya muchos meses que estas elecciones eran absolutamente decisivas no sólo para Europa sino para España. Hemos visto como están marcando el devenir de la derecha en nuestro país. Sabíamos que el PSOE se jugaba algo en el País Vasco, también que el futuro de la izquierda se definiría en Cataluña y más aún en estos comicios europeos. La sorpresa ha llegado este domingo cuando Alberto Núñez Feijóo se descolgó con un anuncio insólito: su disposición a encabezar una moción de censura con el apoyo de Vox y de Junts.

Feijóo tiene una larga tradición de autolesionarse en campaña, aunque soplen todos los vientos internacionales ideológicos y culturales a su favor, vientos con una cierta regresión reaccionaria. A Feijóo siempre se le escapan las cosas. Por eso funciona como un líder fallido. Si la derecha acaba fracasando, también acabará encontrando un recambio para él. La derecha pone al frente de sus organizaciones no tanto a gente que conduzca políticamente a una fuerza como a tipos que respondan por los resultados alcanzados. Feijóo es lo de menos. Lo que se dirime en estas elecciones es si España sigue siendo una excepción en el orden internacional o si los vientos que soplan en Europa y en una buena parte de Occidente, también se replican aquí. Hay muchas posibilidades de que, en realidad, después de un año de cerco, acoso y hostigamiento al gobierno de coalición progresista, la correlación de fuerzas se mantenga prácticamente igual. Cuando digo cerco y hostigamiento no digo que la oposición no ejerza la oposición, porque está precisamente legitimada para eso. El problema es que las derechas en nuestro país, con una concepción patrimonial del poder, entiende que el Estado es suyo y que nosotros estamos de prestado, incluso cuando ganamos las elecciones. Incluso cuando nosotros ganamos las elecciones, ellos siguen teniendo el 80% del poder del Estado. Siguen conservando el poder mediático, el poder judicial, el poder económico y el poder de importantes cuerpos del Estado para hacer oposición a un gobierno que ellos consideran ilegítimo. Hemos llegado a un punto en el que cualquier poder es ilegitimo si no es el suyo.

Íñigo Errejón antes del mitin, ayer, en Cimavilla. Foto de David Aguilar Sánchez.

¿Qué foto política saldrá de nuestro país tras las próximas elecciones?

Después de un año de cerco, de acoso y hostigamiento al gobierno es muy posible que las elecciones devuelvan una imagen muy similar a la del congreso actual. La estrategia de cerco y acoso ha enrarecido y violentado mucho el ambiente político y social y, sin embargo, seguimos en las mismas. Feijóo ha planteado estas elecciones desde el principio como un plebiscito al gobierno que es muy probable que pierda. Pero lo importante es que no sólo lo tiene que perder Feijóo, también lo tienen que perder los amos del poder y del dinero en España. Y en ese sentido el actual presidente del PP sólo es un testaferro de todos ellos. Y el testaferro cambiará.

En ese contexto, ¿qué es lo que urge y que es lo que importa?

Lo importante es que la correlación de fuerzas del gobierno ante la sociedad española pero también dentro del gobierno sean favorables a las fuerzas transformadoras. Cuando Pedro Sánchez suspendió su agenda durante los cinco días de abril, lo que se planteó de manera abierta ante la sociedad española era si la izquierda tiene derecho a gobernar España en condiciones de normalidad o si tiene que hacerlo pidiendo perdón. A la derecha no le ha importado convivir con gobiernos que se llaman de centro-izquierda pero que no ejercen como tal. Lo que le importa es que no se toque un milímetro la distribución del poder y de la renta de España. Y eso sucede porque estamos nosotros. Y por lo tanto, es fundamental que en las elecciones del 9 de junio se ratifique o se refrende a las fuerzas que marcan ese rumbo en el gobierno. Hay un doble examen: uno del gobierno ante la sociedad y otro de la correlación de fuerzas en ese gobierno. Los privilegiados prefieren que su testaferro, en esta ocasión Feijóo, salga reforzado y si no es posible, por lo menos, que el desgaste al gobierno erosione lo suficiente a la fuerza que lo empuja. Peleamos para que esto no suceda. La patronal sabe que si hay un montón de derechos laborales, es porque gobernamos. Las eléctricas y los bancos saben que si hay un aumento de la fiscalidad justa, es porque estamos en el gobierno. Las aerolíneas saben que si hay multas por abusos a los consumidores es porque gobernamos y los sionistas saben que si hay un reconocimiento del Estado palestino y todo el empuje para que no haya impunidad ante los genocidas, es porque gobernamos. Con todo eso vamos a las urnas a pedir un refrendo. Creemos que la excepción española es Sumar. La excepcionalidad española no es que haya un partido de la Internacional Socialista en el poder porque ya los hubo antes. La derecha española está así porque estamos nosotros en el gobierno.

Pienso que existen cuatro vectores que están movilizando al electorado de la izquierda. Palestina, feminismo, la defensa de la democracia liberal y la justicia social. Esos cuatro elementos han sido los cuatro grandes huecos para que Sumar y el PSOE puedan jugar en el campo con ligereza durante las tres últimas elecciones.

El que marca la diferencia histórica es el tercero de esos vectores que mencionas. Es el más relevante. Lo que ha mutado en Europa es que las derechas tradicionales están dispuestas a coquetear con esos monstruos de extrema derecha con los que sólo han coqueteado tradicionalmente cuando veían el miedo a una revolución. Entonces se encomendaban a monstruos fascistas que les resultaban estéticamente aparatosos, incómodos, pero entendían que, en un momento dado, les podría salvar. La derecha y las oligarquías siempre están a un paso del fascismo cuando ven la amenaza de la revolución. Ese análisis es cierto pero hoy habría que preguntarse a qué revolución le temen, si no hay ninguna en ciernes. Ya nos gustaría. Entonces, ¿por qué este paso de las derechas democristianas a pactar con las extremas derechas, los fascistas o los reaccionarios si hoy no temen a la revolución?. Para mi la respuesta es que en realidad son conscientes de que el neoliberalismo exige cada día más sacrificios y que ya no admiten ningún límite. Es decir, ese modelo choca con las mínimas normas de derecho laboral, con las mínimas normas de control medioambiental y con los contrapesos clásicos de la democracia liberal. Sólo por eso se explica el paso de la derecha a pactar con la extrema derecha. El neoliberalismo esta encarrilado en una marcha suicida que no admite ningún límite. La foto de Milei con los oligarcas españoles durante su última visita demuestra que estos señores vuelven a estar a un pasito de volver a elegir el modelo depredador antes que el mantenimiento de la democracia liberal. Eso nos empuja a una situación paradójica en la que tenemos que defender sistemas que nos parecían y nos parecen insuficientes pero que hoy, quien los da por amortizados, son los capitalistas. Para ellos, lo importante es la defensa de la propiedad y el derecho a la libertad irrestricta de los amos del dinero. Esta concepción del mundo debe estar por encima de cualquier otro límite social, ecológico o institucional. En términos históricos, los capitalistas asumieron la democracia si no había más remedio, si la otra alternativa era la revolución. Ahora que no hay alternativa revolucionaria y tampoco ven que haya un futuro promisorio, veremos. Hasta hace unos años, Occidente respetó un pacto temporal entre dos fuerzas que muchos de ellos hoy dan por amortizado. Nuestra diferencia con el PSOE es que no se combate lloriqueando a la ultraderecha porque es como lloriquear al mayordomo e ignorar a su amo. El tema fundamental es que nuevamente nos encontramos con otra concentración inmensa de poder y riqueza en las manos de una oligarquía que está logrando romper la sociedad, que amenaza la vida cotidiana de las personas. Quedarse con el dedo que señala a la ultraderecha es quedarse en la mitad del camino. El problema fundamental es la oligarquización de nuestros países y la solución es la distribución del poder y de la riqueza. A eso es a lo que hay que atreverse y no a denunciar a la ultraderecha o la derecha radical, que está muy bien y es lo que siempre hemos hecho. Hay una concentración de riqueza y de poder tal que se atreve incluso a plantearle al PSOE que si gobierna sin respetar su propiedad del país, le hará la vida imposible. El gesto del Presidente durante los cinco días en realidad es eso. Es la constatación de unas prácticas que se derijían sólo a independentistas vascos o catalanes, a sindicalistas, feministas y activistas, ha llegado a las puertas de La Moncloa. Entiendo que haya muchos compañeros que no quieran solidarizarse porque lo han sufrido durante décadas en sus carnes y los socialistas no hicieron nada por ellos entonces. Pero hay una verdad épica y hay otra verdad política y esta última nos dice que el acoso llega a la puerta de La Moncloa. El PSOE hace tiempo que tiene que tomar la decisión que no ha tomado todavía: incluso para ser un partido tibiamente reformista tiene que atreverse a transformar el estado porque si no va a comportarse siempre como un inquilino.

Víctor Guillot e Iñigo Errejón, en el Hotel Asturias. Foto de David Aguilar Sánchez.

Quizá hay elementos radicales dentro de la derecha que tienen que cambiar. Básicamente, aquellos que permitan que en España haya una derecha que defienda los fundamentos de la democracia liberal. Resulta bastante desalentador pensar que esa derecha no existe ni existirá. Pienso en José María Lasalle y su libro El liberalismo herido. Hay una derecha liberal que realmente se lo cree y que está dispuesta a desarrollar un programa político desde el respeto de las minorías. En el fondo, en eso reside el mayor triunfo de la democracia liberal. Tengo la impresión de que Mauricio Casals o José María Aznar no están en ese planteamiento.

Ahí discrepo. Estos días se han publicado sendos artículos de Daniel Inenárity y de Santiago Alba Rico que decían que la vacuna fundamental contra el fascismo es la existencia de una derecha democrática. Bueno, ambos son dos referentes intelectuales fundamentales, pero yo lo veo desde otro lugar. Para que exista esa derecha democrática y liberal, tenemos que producirla nosotros. Es un esfuerzo condenado a la melancolía quedarse esperando a ver si aparece algún intelectual en las filas de la derecha que en vez de decantarse por el neoliberalismo, lo haga por la democracia liberal. Esa elección, para que no sea de uno o de dos, para que propicie un giro del entorno político, nos obliga a estirar el equilibro de fuerzas hacia nosotros. Sería una irresponsabilidad histórica quedarse esperando a que llegase una derecha democrática. Cuando la derecha entiende que los costes de no pactar con la izquierda son más elevados que pactando, se producirá ese giro. El problema es que esa derecha sólo tiene miedo a ser superada por las extremas derechas en estos momentos, así que se escora cada día más hacia ese extremo. Por nuestro lado, la falta de impulso ideológico, político y social para defender el programa en la calle, ha permitido hasta hoy que la derecha no se sienta amenazada por la izquierda, de modo que se puede permitir ese escoramiento hacia la derecha.

De algún modo es la estrategia Manfred Webber.

El PPE ya se ha abierto a pactar con los fascistas siempre que no cuestionen la OTAN e Israel. O sea, siempre que no sean nazis. Pero eso tiene que ver con la falta de fuerza que ejercemos por nuestra parte. Feijóo empieza la campaña con un tono y cuando ve que le va mal, termina ofreciéndole un contrato de ciudadanía a los inmigrantes que vengan. No ha dicho nada de dejar de regalar todo el litoral español a los fondos buitres o a los extranjeros que se lo compran para tratarnos como una colonia. A esta derecha le parece mal los pobres. Que la derecha respete la democracia liberal y se aleje del fascismo, no se soluciona con seminarios de persuasión donde se nos invite a pensar que donde hay un Lasalle, puede haber otros veinticinco. A esa derecha la tenemos que producir y la producimos tirando nosotros mismos de ella y diciéndole que va tener que pactar un nuevo marco de convivencia, porque si no lo pactamos, nosotros, la izquierda, vamos a ir a por más. Pero desde que nos han perdido el miedo o el respeto es cuando se han escorado al único lado que les estira, la extrema derecha.

Después del resultado del 9 de junio, ¿qué será Sumar? Lo digo porque parece que se hace evidente la necesidad perentoria de llevar a cabo una reflexión interna seria, profunda, de revisión de los planteamientos. En Magariños, titulé que a Sumar le faltaba rock and roll. Y creo que llegamos a un punto en el que se puede descoser un proyecto o enquistar dentro de un gobierno, confirmando algunas previsiones.

Cuando pasen las europeas, nos encontraremos con un año y medio sin elecciones. Un año y medio sin elecciones son un tesoro que se debe aprovechar.

¿Eso significa que habrá presupuestos en 2025?

Soy portavoz de mi grupo parlamentario pero no lo sé.

Pero lo estamos dando por hecho.

Yo creo que hay condiciones. No es información pero sí tengo cierto olfato. Creo que hay que articular tres cuestiones. ¿Cómo se comporta una fuerza que está en el gobierno en un momento de disminución del poder social y cultural de las coaliciones transformadoras?. Estamos en el gobierno, pero en general, el clima cultural, ideológico y social en la calle no es un clima ofensivo a nuestro favor. Al contrario, es un clima defensivo. Primer debemos preguntarnos cómo se comporta una fuerza con un poder institucional que no está respaldado con posiciones sociales suficientemente fuertes. En segundo labor, debemos plantearnos cómo se articula la relación entre Sumar como fuerza política y Sumar como paraguas de diversas fuerzas políticas. Eso merece una discusión que el permanente proceso de configuración de listas en las diferentes campañas no nos ha permitido afrontar y que hay que tenerlo en este tesoro, si se confirma que hay presupuestos, del año y medio de legislatura sin elecciones. Y en tercer lugar, debemos asumir que transformar y mejorar la vida a la gente no basta para fortalecer el poder político de las posiciones transformadoras. No hay una relación directa y unívoca. Es una falacia pensar que si mejoro la vida de las personas entonces acrecentaré necesariamente mi poder político para poder seguir transformando y mejorando la vida de la gente. Eso no tiene por qué suceder así. La gente puede, perfectamente, dar por asumidas como algo natural esas mejoras y expresar un mal de época terrible que nos genera ansiedad, enfado y desconfianza, votando a fuerzas que pueden estar en contra de esas medidas. En realidad, lo que guía el voto nunca son los intereses materiales, siempre es una mezcla de afectos, expectativas y emociones, siempre y, por tanto, hay que abandonar cualquier creencia de una relación mecánica entre la mejora de la vida de la gente y el crecimiento de tu poder político. Y eso implica tomarse en serio entender y responder a un malestar de época que no sólo tiene causas económicas. Hay una parte en la que once personas se suicidan cada día, lo intentan muchos más, en un país donde los adolescentes llegan a los institutos muertos de sueño porque se han pasado toda la noche delante de una pantalla, en un país donde, a la gente, la ansiedad, la voracidad de este mercado, se le come por dentro, entender el malestar de época, hacerse cargo de el para alcanzar una vida más apaciguada, más segura, más deseable es fundamental para evitar ese reparto de tareas en virtud del cual la derecha siempre propone nuevos mundos y la izquierda va detrás regulándolos. En base a esa concepción, la derecha propone una idea de la libertad basado en el derecho a huir tan lejos como tu dinero te permita y la izquierda va detrás poniendo tasas, impuestos, regulándolo. Ojo, está bien, si no la desigualdad sería mayor.

Si no lo hiciéramos sería la selva.

Así es, pero hay que recuperar una iniciativa política en la que seamos capaces de ofrecer horizontes de vida en los que la vida sea más deseable y una buena parte coincide con lo que la gente quiere. Reducir media hora la jornada sin reducción de salario es buena porque libera tiempo, y al liberar tiempo es más libre y cuando es más libre es más fuerte y cuando es más fuerte tiene más tiempo para instruirse, para charlar, para estar con los suyos, para hacer compras más sanas, para hacer deporte. Es fundamental entender que el ciclo de reformas no es sólo útil porque mejor la vida de la gente, que también, es bueno porque construye más poder para la gente de abajo. Si tu facilitas el derecho a la negociación colectiva de los trabajos, no sólo crecen los salarios, sino que la gente entiende que la mejora de la vida se hace con otros y no contra otros. Se trata de inaugurar un ciclo en el que cada mejora construya fuerza, autonomía y eduque para demostrar que se puede ir a por otra más y a por otra más. Combatir a la ultraderecha tiene que ver con la construcción de mayor confianza y seguridad de vida

Íñigo Errejó, en el Hotel Asturias de Gijón. Foto de David Aguilar Sánchez.

Y más confianza en sus instituciones políticas en un momento en el que el Consejo General del Poder General está secuestrado por la derecha o se sigue aplicando la Ley Mordaza. Es curioso que, precisamente, algunos analistas creyeron que tras los cinco días abril, Sánchez aparecería anunciando un paquete de medidas en ese sentido

Y nada…Y eso es un error porque al margen de lo que nos guste o no. Si tu haces un gesto excepcional como ese, tu tienes que regresar entregando moral de combate a los tuyos. Si lo haces sin nada, desmoralizas a los tuyos y envalentonas a tus adversarios. Si el presidente del gobierno no planta cara, como lo va a hacer la gente en su barrio, en su trabajo. Pues si con su poder no lo hace, nadie lo hará…Plantar cara no es solo ganar más papeletas. El problema es que cuando ellos sacan una papeleta más que nosotros, ellos tienen todo el poder y cuando los que sacan más papeletas somos nosotros, ellos siguen conservando el 80% del poder. Ese es el problema fundamental de la democracia en España y no se soluciona sólo votando. No es toda la verdad que para frenar a la ultraderecha hay que ganarla en votos. Hay que ganarle en votos, por supuesto, pero de nada sirve si las mismas familias siguen concentrando su poder en las altas magistraturas, en los consejos de administración, en el IBEX, en los aparatos estatales. Ahí es donde hay que democratizar el poder. Y si no lo hace el PSOE, acabará siendo víctima de su propia dinámica, una dinámica en la que tendrá que optar por defraudar a los suyos o enfrentarse a operaciones que lo terminarán tumbando. Estamos pensando en democratizar las altas magistraturas del estado, es devolver el derecho laboral a las empresas, en apostar por cierta progresividad fiscal y una cierta justicia.

Me gustaría darle certezas al lector en lo que queda de legislatura. Qué medidas se aprobarán durante esta legislatura que afiancen las estructuras institucionales de la democracia liberal española.

No me imagino que no se derogue la ley Mordaza. Todos los días impunidad para los nazis y todos los días persecución para los militantes de las izquierdas y los movimientos sociales. El PSOE debe entender y lo acabará entendiendo que hay que renovar el CGPJ sí o sí y que el PP nunca lo va a ceder, siempre lo va a mantener secuestrado. Vamos a reducir la jornada laboral sin reducción de sueldo, vamos a ganar tiempo para la clase trabajadora y demostrar que el tiempo no es sólo para los que tienen más dinero, vamos a ampliar los permisos y vamos a poner en funcionamiento una prestación universal por hijo a cargo, para que crear una familia no sea un lujo y para combatir la pobreza infantil. Y la madre de todas las batallas: cerrar el agujero negro que para el estado del bienestar social es la vivienda. Estamos haciendo el máximo esfuerzo de redistribución del ingreso en favor de quienes más lo necesitan y ese esfuerzo se lo están comiendo las rentistas y los caseros. Favorecimos la capacidad de negociación colectiva y, por lo tanto, subimos los salarios, fortalecimos las prestaciones sociales que supone todo un esfuerzo para nivelar la balanza social y ese esfuerzo se lo está comiendo el agujero negro de los rentistas y eso implica intervenir con decisión el mercado de la vivienda y esa es la gran asignatura pendiente que no es sólo para mejorar la vida de la gente sino también para nivelar el poder social en España para que el poder entre los propietarios y los no propietarios esté más equilibrado.

Actualidad

1 COMENTARIO