El genocidio ambiental de Palestina

Los explosivos y demás tipos de municiones depositan sobre el agua y el suelo elementos contaminantes que afectan a las tierras de cultivo y a los territorios habitados.

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Beatriz González
Beatriz González
Geóloga de la Universidad de Oviedo e integrante de Ecoloxistes n’Aición d’Asturies y de Uniovi x Palestina.

Ante la magnitud de la tragedia humana que está suponiendo la guerra desencadenada por Israel contra el pueblo palestino puede parecer una frivolidad el detenerse a analizar los impactos sobre el medio ambiente. Sin embargo, la contaminación del aire, del agua y del suelo, así como la destrucción de ecosistemas no pueden ser ignorados por cuanto que suponen una enorme hipoteca para el futuro de la población palestina, de la actual y de las próximas generaciones. Los problemas ambientales no pueden aislarse del derecho de los pueblos a decidir su futuro y a defender su soberanía.

En 1972 la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció por primera vez el Día Mundial del Medio Ambiente y desde 1974 este día se celebra el 5 de junio por ser la fecha inicial de la Conferencia de Estocolmo, la primera conferencia internacional con presencia de gobiernos del mundo; de aquella conferencia surgió el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Hoy, 50 años después, este organismo nos dice que todos los informes y datos que ha recibido hasta el momento[1]  sugieren que los ataques perpetrados por el ejército israelí contra Palestina desde el pasado 7 de octubre han causado un aumento importante de la contaminación de la tierra, del suelo y del agua, incluida la liberación de materiales peligrosos al medioambiente, como es el amianto presente en los escombros, que, a 7 de enero de 2024, ascendían a 23 millones de toneladas.

Foto: UNRWA

Los explosivos y demás tipos de municiones depositan sobre el agua y el suelo elementos contaminantes que afectan a las tierras de cultivo y a los territorios habitados[2]. El impacto de los proyectiles libera plomo y otros metales pesados que son muy tóxicos para las personas, los animales y los ecosistemas en general, mientras que los explosivos producen cenizas tóxicas en el momento de la deflagración. La ingestión de este tipo de sustancias, bien por inhalación del polvo o bien por el consumo de los vegetales cultivados puede afectar a la salud de personas y animales originándoles enfermedades como las asociadas a los altos niveles de plomo en el agua o en los alimentos.

El bloqueo israelí afecta también al suministro de combustible, por lo que la población gazatí se ve obligada a quemar cualquier tipo de material, desde madera de árboles hasta plásticos u otro tipo de residuos cuya combustión puede resultar muy tóxica, especialmente para la población infantil y quienes padecen enfermedades respiratorias.

El buen estado de los ecosistemas acuáticos es la mejor garantía para asegurar la disponibilidad permanente del agua necesaria para la vida, alcanzar la seguridad alimentaria, la mitigación del cambio climático y frenar la pérdida de biodiversidad. Juegan además un importante papel en la cohesión social de las comunidades más allá de los aspectos económicos y de abastecimiento. Sin embargo, el agua, como elemento imprescindible para la vida, es utilizado sistemáticamente como un arma de guerra contra la población civil; en el caso de Israel y Palestina se habla ya de apartheid hídrico debido a la continua vulneración del derecho humano al agua por parte del estado ocupante, que además de negar el acceso al agua a la población palestina está contribuyendo a la contaminación de sus recursos hídricos. Si antes del 7 de octubre el 97% del agua de la Franja de Gaza ya no era apta para su consumo, según la organización Visualizing Palestine, estos nuevos ataques prácticamente han acabado con las posibilidades de acceder a ese mínimo porcentaje de agua potable que les quedaba.

Desde el pasado mes de octubre, las instalaciones de gestión de residuos han sido dañadas o destruidas, y el suministro eléctrico ha sido cortado o interrumpido, provocando con ello que más de 100 millones de litros de aguas residuales, según estimaciones de la agencia de la ONU, sean vertidos diariamente a la tierra o al mar Mediterráneo, incrementando con ello la contaminación marina que ya afectaba a más de dos tercios de los 40 kilómetros de costa de la Franja de Gaza. Las costas son las partes del territorio que, tras los humedales, más riqueza de biodiversidad contienen, por lo que su degradación puede poner en peligro a los ecosistemas marinos y por extensión a la pesca y a la soberanía alimentaria de los territorios costeros.

A estos problemas ambientales causados directamente por el estado israelí sobre el territorio palestino hay que añadir los derivados del calentamiento global cuyos efectos, como la intensificación de las sequías y el incremento de temperaturas, ya se han dejado sentir desde hace muchos años, y están siendo agravados por la guerra genocida. Según un estudio publicado el pasado mes de enero[3], entre octubre y diciembre de 2023 se habían emitido a la atmósfera 281315 toneladas de dióxido de carbono[4], la gran mayoría procedentes de las operaciones militares del ejército israelí. Ese mismo estudio calcula que la reconstrucción de las infraestructuras y todo tipo de edificios dañados, además de suponer enormes costes económicos, implicará unas emisiones totales de 30 millones de toneladas de CO2, cifra equivalente a las emisiones anuales de Nueva Zelanda.

En conclusión, al genocidio humano que Israel está cometiendo sobre la población palestina se suma el genocidio ambiental que agravará aún más su sufrimiento y será un obstáculo para recuperar su forma de vida.


[1] https://efeverde.com/onu-impacto-medioambiental-guerra-gaza/

[2] https://issuu.com/ecologistasenaccion/docs/ee36_20100505_152307?utm_medium=referral&utm_source=www.ecologistasenaccion.org

[3] Neimark, Benjamin and Bigger, Patrick and Otu-Larbi, Frederick and Larbi, Reuben, A Multitemporal Snapshot of Greenhouse Gas Emissions from the Israel-Gaza Conflict (January 5, 2024). Available at SSRN:

https://ssrn.com/abstract=4684768 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.4684768

[4] Extrapolando a un año entero equivale a las emisiones del año 2022 del Grupo III de la Central Térmica de Soto de Ribera

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