Elecciones europeas: “ya pero todavía no”

La Europa que postula la democracia liberal se reducirá en número de diputados, pero seguirá siendo el centro, la piedra angular de la política europea en el nuevo europarlamento.

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Lo dijo Javier Gomá en Verdades penúltimas (Arpa) escrito junto a Pedro Vallín: la democracia liberal es un bíblico “ya, pero todavía no”, que no admite estación termini, siempre crece, pero se puede perder. Las democracias, si no se cuidan, son contingentes. Si echamos la vista cincuenta años atrás, dos siglos atrás, dos milenios atrás, a pesar de las adversidades y vicisitudes del presente, vivimos el mejor de los tiempos posibles en el mejor de los lugares imaginables. Gomá, lejos de caer en el conformismo, viene a decirnos “ya, pero todavía no”. Siempre hay sorpresas, nunca es suficiente. Últimamente no hay elecciones sin factor sorpresa que desestabilicen las elecciones en España. La dureza y la aspereza de nuestra última democracia no deja de ofrecer momentos de alta tensión que nos mantienen en vilo, que reverberan, al mismo tiempo, la polaridad negativa, el lado inverso y tenebroso de ese “ya pero todavía no” cuando alertamos sobre Vox y otros partidos neofascistas que pretenden convertir a los Estados miembros de la UE en una serie de democraduras yuxtapuestas desde el seno de la UE.

En ese “ya pero todavía no”, lo que nos dicen estos comicios europeos es que en la Unión Europea habrá una derecha más fuerte, pero no una ultraderecha inevitable. Ya, pero todavía no. A pesar del claro crecimiento de Conservadores y Reformistas Europeos e Identidad y Democracia, la expectativa es que todavía exista una coalición y esa coalición seguirá incluyendo al Partido Popular Europeo y al grupo Socialista. La estrategia Webber deberá esperar. Ya, pero todavía no. La Europa que postula la democracia liberal se reducirá en número de diputados, pero seguirá siendo el centro, la piedra angular de la política europea en el nuevo europarlamento.

Pedro Sánchez.

Los resultados en Holanda parecen indicar que la coalición socialdemócrata alcanzará el primer lugar. Un sondeo a pie de urna otorgaba la victoria de las europeas en Países Bajos a los progresistas, seguidos por la ultraderecha de Wilders. Algún tipo de reacción se está produciendo ante la ola derechista. Ya, pero todavía no. De Giorgia Meloni y sus Fratelli d´Italia sabemos que flojean tibiamente en las encuestas, aunque ganarán con un 27% según el último sondeo de Ipsos. Alemania y Francia sufren irreversiblemente el desgaste. Macrón está muy erosionado y ni siquiera la celebración del 80 aniversario del desembarco en las playas de Normandía de esta semana ha logrado pulir el óxido incrustado en las paredes del Elíseo. Le Pen, como Feijóo, ha querido convertir estas elecciones en un plebiscito que justifique el adelanto de elecciones en Francia. “Cuando hay 10 a 15 puntos (porcentuales) de diferencia respecto al primer partido de oposición, la mayoría presidencial tiene un problema de credibilidad”, ha dicho la ex-candidata a la Presidencia de Francia. Macrón tiene tiempo para relanzar a su discípulo. Tiene tres años. O sea: ya pero todavía no. Scholz y los verdes también acusan el desgaste, pero es la CDU la que se acerca al 27% de los votos, seguido de AdF. En Alemania, la socialdemocracia ha parado los trenes y está arrancando los tanques. No parece que haya sido una buena línea de trabajo. En cualquier caso, el ex-presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, advirtió hace varias semanas a su familia política, el PPE, contra “cualquier coalición formal con los partidos de extrema derecha” después de que la candidata del PPE, Úrsula von der Leyen, pretenda buscar el apoyo de Meloni. Finalmente, en Polonia ganarán los demócratas conservadores de Donald Tusk y en Portugal, donde no hubo un ganador claro en las últimas generales, tras la dimisión de su Primer Ministro Antonio Costa, el resultado es incierto, más allá del ruido del partido neofascista Chega.

Foto: PP

La convocatoria de Begoña Gómez ante el Juez Peinado ha sido posiblemente el factor sorpresa de estas europeas en España, a la que su marido, el presidente del Gobierno, ha respondido con una segunda carta defendiendo la honradez de su mujer y proclamando su amor. La estabilidad de la democracia vuelve a resentirse con ese “ya pero todavía no”, cuando la delegación de gobierno de Madrid acaba de autorizar todas las manifestaciones políticas el día de reflexión y de votación de este fin de semana. Desbordar a la democracia desde la democracia. Ya, pero todavía no.

Sánchez ha rescatado el género epistolar en esta segunda semana de campaña. La II epístola a los ciudadanos de Sánchez ha provocado la convocatoria de una reunión de fiscales. El Poder Judicial se mueve y se remueve y ha sido el protagonista de las europeas en España. En el ya, pero todavía no del lado tenebroso, Miguel Ángel Rodríguez ha escrito en un tuit este viernes: “No diréis que no avisé lo del hermano… y la semana que viene va pá’lante el fiscal General del Estado. Una juez abre diligencias al hermano de Sánchez por malversación”. Cualquiera podría pensar que MAR ha escrito un guion y que lo está ejecutando. También parece estar diciendo que él ha hecho lo que tenía que hacer, conforme a la consigna de José María Aznar: “El que pueda hacer, que haga”. Algunos asesores ya dan a Feijóo por amortizado, pero en el partido hay quien todavía no lo ve claro y apura un “ya pero todavía no”. Se prevé una conferencia política más pronto que tarde que abra camino a Isabel Díaz Ayuso. Aún así, en España esta todo por ver. Quizá el PP haya podido seguir una estrategia. Ha enfriado el horno de las expectativas, según el criterio de Michavila y sus sondeos. Al principio de la campaña, quisieron dar la impresión de que ganarían y ahora apuestan por el empate como mal menor. Habrá que ver si ese camino de última hora alimentará a la extrema derecha de Vox y Alvise en la medida en que la gente no perciba todavía que estas sean unas elecciones decisivas.

Manu Pineda y Yolanda Díaz en Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez

Mientras Sánchez crece por la izquierda, se demuestra que el bloque no es capaz de crecer por la derecha. Está arrancando enteros a Sumar. Lo que vaya a pasar en el partido de Yolanda Díaz dependerá, mayormente, de lo que decida Antonio Maíllo, coordinador de IU, los próximos días, quien ha aplazado cualquier deliberación hasta que se haya incorporado plenamente a la actividad política. Ovidio Zapico, desde Asturias, indica una dirección: “Convocatoria por Asturias es Sumar en Asturias”. Lo dice el único cargo público de IU que está en un gobierno autonómico. Íñigo Errejón también ha dado claves esta semana al diario NORTES: “debemos plantearnos cómo se articula la relación entre Sumar como fuerza política y Sumar como paraguas de diversas fuerzas políticas”. La resistencia de Sumar sigue siendo su influencia en el Gobierno. Pero necesita algo más. Y eso está fuera. La impresión es que bajo la cúpula de Sumar no hay nada. Su simbolismo es lo bastante fuerte como para que desde el principio, se percibiera como la marca blanca de Sánchez. Habrá que ver si Irene Montero y Pablo Iglesias son capaces de rebasar o no a Yolanda Díaz o si sucumbe al sanchismo que hace cinco años estuvo a las puertas de rebasar, acariciando el ya, pero todavía no.

Volvamos al principio, a ese “ya pero todavía no” que mueve a la ola reaccionaria a actuar a la ofensiva, desde el corazón de la UE, y a los partidos que han construido la Europa de la democracia liberal que acaricia su perfección, pero no la colman. De eso van estas elecciones, de desterrar el miedo, de asumir la responsabilidad de defender las instituciones que han otorgado una dignidad colectiva a todos los ciudadanos, a sus minorías, atravesada de inveteradas coaliciones. El domingo estaremos atentos.

Actualidad