Adiós a Ángel Gutiérrez, el asturiano que regaló a Tarkovski una de las mejores escenas de su cine

Antiguo "niño de la guerra", se convirtió en uno de los grandes directores teatrales de la Unión Soviética, donde vivió hasta 1974.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Acaba de fallecer el director teatral asturiano Ángel Gutiérrez. Nacido en 1932 en La Habana, Cuba. Hijo de emigrantes asturianos, huérfano de padre, llegó al poco tiempo a Piloña, en Asturies, pero con el estallido de la Guerra Civil se convirtió en uno de los tres mil niños españoles evacuados a la Unión Soviética.

En 1937, con cinco años Gutiérrez embarcó en el puerto gijonés de El Musel rumbo a la URSS junto a su hermana mayor. Su hermana pequeña sin embargo no pudo embarcar y jamás la volverían a ver.

“El recibimiento fue impresionante” recordaba Gutiérrez sobre la llegada del barco con los niños y niñas asturianos a una URSS que se volcó con la República, asediada por el fascismo italiano y alemán, mientras Francia y Gran Bretaña prohibían la exportación de armas a la España republicana.

La suerte y el bienestar de aquella expedición infantil, que había recibido los mejores cuidados en Leningrado, cambiaría con la invasión nazi en 1941 y les obligaría a una segunda evacuación, esta vez en los Urales, lejos del frente de guerra. En la Unión Soviética, siendo niño, descubrió el teatro y la danza. Formado en el Instituto Ruso de Artes Teatrales (GITIS) compaginó la docencia con la interpretación y una exitosa carrera como director teatral.

El cineasta Andréi Tarkovsky.

Muy respetado en el mundo de la cultura y las artes, llegó a ser íntimo amigo del cineasta Andréi Tarkovsky, gran admirador de su trabajo y de la cultura española. El director de “La infancia de Iván” y “Solaris” trató de apoyarle en su fallido salto al cine. El asturiano había escrito un guion para una película que nunca llegó a realizarse, “A la mar fui a por naranjas”, en la que narraba su historia personal como niño de la guerra. El estado soviético no quiso financiar la película y Gutiérrez culpó en varias ocasiones a Dolores Ibárruri “Pasionaria” de torpedear el proyecto por la imagen poco romántica que transmitía del exilio infantil en la URSS.

Tarkovsky, que también había vivido la Segunda Guerra Mundial siendo niño, quedó conmovido con una de las escenas del guion de “A la mar fui por naranjas” y pidió permiso a su amigo para incorporarla a “El Espejo”: “Regálame este episodio. Lo necesito”. En la secuencia, un antiguo niño de la guerra, el vasco Ernesto Del Bosque, narra en la URSS la despedida de su padre en España mientras se ven imágenes de archivo de la Guerra Civil.

“El Espejo”, una de las películas más personales y libres de Tarkovski, fue rodada en 1974 y se estrenó en 1975. A pesar del apoyo inicial a la película, el resultado desagradó a las autoridades soviéticas que boicotearon su estreno. Para entonces, Gutiérrez, a pesar de su ideología comunista, se sintió cansado de las trabas del Estado a su trabajo y decidió regresar a España, donde la dictadura franquista agonizaba. Tarkovski fue uno de los amigos que le animarían a regresar a su país de origen, convencido de que sufría un boicot silencioso por parte de la jerarquía cultural soviética.

Gutiérrez llegó a Madrid como un desconocido tras haber sido uno de los grandes del teatro soviético. Sin embargo, poco a poco fue construyendo una carrera teatral en España hasta consolidarse también en el teatro español como director, fundador del Teatro de Cámara Chejov y maestro de actores y actrices en la Real Escuela Superior de Arte Dramático.

En la RESAD fue introductor en la Transición de los exámenes para subir el nivel de la escuela, decisión que fue muy criticada en aquel momento por el alumnado. Gutiérrez confesó que le costó mucho convencer de la necesidad de esas pruebas, pues sus colegas estaban seguros de que esas prácticas eran parte de la “dictadura” y “franquismo”. “Cuando yo llegué, la RESAD estaba llena de gente simpática, pero que no tenían nada que ver con el teatro. Yo les dije que había que elegir a los que tuvieran talento. Me ponían carteles: ‘¡Que se vaya el ruso, chequista!’. Me hicieron boicot. Decían que una vez conseguida la libertad con la muerte del tirano, no tenía que venir uno de Rusia a poner exámenes” rememoraba en una entrevista de 2021.

En 2008 fue condecorado con la Orden de la Amistad de la Federación de Rusia por su gran contribución a la preservación, desarrollo y popularización de la cultura rusa en el extranjero. El pasado año recibió un homenaje de la profesión en el Ateneo de Madrid que incluyó el estreno de un documental sobre su vida. Este sábado fallecía a los 92 años de edad.

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