De Grau a Forbes, la fortuna de los Areces y la historia oculta de El Corte Inglés

Una herencia de 1.300 millones, un tío millonario que financió el negocio, dos primos enfrentados y décadas de disputas por el poder de los grandes almacenes.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Carlota Galán Ruiz y su familia poseen una fortuna estimada en 1.300 millones de euros, según la última lista de Forbes. Son 550 millones más que el año anterior, un incremento del 73,3 % que sitúa a los herederos de los Areces entre los grandes patrimonios españoles. Su riqueza está vinculada a El Corte Inglés, el gigante comercial que nació de una pequeña sastrería madrileña. Pero detrás de ese imperio hay una historia que comienza mucho antes, en las aldeas de Grau, atraviesa los almacenes de La Habana y desemboca en una guerra familiar que se prolongó durante décadas. Una historia en la que el hombre que aportó buena parte del dinero acabó cediendo el protagonismo a otro.

La familia conserva hoy su influencia mediante Corporación Ceslar, propietaria del 9,64 % de El Corte Inglés, una participación minoritaria pero suficientemente importante para mantener representación en su consejo de administración y recibir dividendos millonarios. No es la única rama de aquella dinastía que aparece en Forbes. Paloma García Peña y familia, vinculados a Cartera Mancor, figuran también entre las mayores fortunas españolas, con 1.100 millones de euros.

Para entender de dónde procede semejante patrimonio hay que remontarse a finales del siglo XIX, cuando varios jóvenes emparentados entre sí abandonaron el campo asturiano para buscar fortuna en América.

El dinero llegó de Cuba

César Rodríguez González emigró a Cuba en 1896, en plena guerra de independencia de la isla. Procedía de una familia campesina de La Mata, en el concejo de Grau, y comenzó trabajando en pequeños negocios antes de incorporarse a El Encanto, unos almacenes fundados por empresarios asturianos de Villaviciosa.

Anuncio del Corte Inglés.

El establecimiento creció al ritmo de la expansión económica de La Habana. Rodríguez ascendió dentro de la empresa y terminó convirtiéndose en uno de sus socios, beneficiado por una práctica habitual entre aquellos comerciantes emigrados, incorporar al capital a los empleados que habían demostrado capacidad y lealtad.

Cuando abandonó El Encanto, en un proceso que se desarrolló durante la segunda mitad de los años veinte, ya había acumulado una considerable fortuna. Javier Cuartas, periodista asturiano que dedicó más de una década a investigar los orígenes de El Corte Inglés y Galerías Preciados, explica que Rodríguez invirtió aquel capital en inmuebles, empresas y negocios financieros.

La crisis de 1929 terminó favoreciendo su posición. Según la reconstrucción de Cuartas, las liquidaciones de su antigua participación empresarial le proporcionaron una importante liquidez cuando numerosos activos perdían valor. Rodríguez pudo comprar a precios reducidos mientras otros empresarios se arruinaban. Aquella fortuna sería decisiva para el nacimiento de El Corte Inglés, aunque su nombre acabaría ocupando un lugar secundario frente al de su sobrino Ramón Areces, convertido durante décadas en el rostro más conocido de la compañía.

Ramón Areces.

Cuartas, que trabajó en La Nueva España y fue corresponsal de El País, asegura haber reconstruido las operaciones mediante cartas familiares, documentos empresariales y testimonios de personas vinculadas a los protagonistas. Su investigación cuestiona la historia difundida durante décadas sobre los orígenes de los grandes almacenes y el papel que desempeñó cada miembro de la familia.

El sobrino que regresó sin fortuna

Ramón Areces Rodríguez, nacido en 1904, había llegado también a Cuba gracias a la ayuda de César. Pero su trayectoria en El Encanto fue muy diferente. Cuartas sostiene que Areces regresó a España en 1934 después de ser despedido a raíz de un conflicto laboral. Según la investigación que publicó posteriormente, el futuro empresario participó inicialmente en los preparativos de una huelga y terminó delatando a sus compañeros ante la dirección, esperando ganarse su confianza. “Él pretendía hacerse valer ante la empresa como un hombre de confianza”, explica Cuartas a NORTES.

La maniobra, según su relato, produjo el efecto contrario. La empresa prescindió de Areces y su tío, disgustado con lo ocurrido, se negó inicialmente a ayudarlo. El periodista asegura que localizó testimonios familiares que describían su regreso a Asturias sin dinero, trabajando nuevamente en las labores agrícolas de la casa paterna.

El Corte Inglés.

Cuartas cuenta incluso que César encargó a una persona de confianza comprobar que su sobrino embarcara efectivamente hacia España. El investigador consiguió identificar posteriormente a aquel hombre, aunque este se negó a hablar sobre el episodio.

La situación cambió cuando Rodríguez regresó de vacaciones a Asturias. Terminó perdonando a su sobrino y aceptó proporcionarle una nueva oportunidad laboral, pero lejos de Cuba. Areces necesitaba un negocio y su tío tenía el dinero para comprarlo, mientras otro miembro de la familia había comenzado a construir su propio imperio comercial en Madrid.

Dos primos y una sastrería en la calle Preciados

Pepín Fernández, primo hermano de César Rodríguez, también había trabajado en El Encanto, donde llegó a ocupar un puesto importante en el departamento de publicidad. Regresó a España a comienzos de los años treinta con la intención de trasladar a Madrid el modelo comercial que había conocido en La Habana. En 1934 puso en marcha Sederías Carretas, antecedente de Galerías Preciados, un negocio en el que su primo César participó como inversor. Durante aquellos primeros años, lejos de ser enemigos, ambos colaboraban en un proyecto comercial que tenía a Pepín como principal impulsor.

El éxito de Sederías Carretas animó a Fernández a preparar unos grandes almacenes de mayor tamaño. En 1935 adquirió un inmueble en la calle Preciados, donde funcionaba una sastrería llamada El Corte Inglés. Según la reconstrucción de Cuartas, fue el propio Pepín quien propuso a César hacerse cargo de aquella tienda para facilitar sus planes de expansión y proporcionar un empleo a Ramón Areces, a quien no quería incorporar a su negocio. César aceptó y aportó el dinero. De aquella operación surgió la empresa que, décadas después, acabaría absorbiendo Galerías Preciados.

“El hombre sin el cual nunca hubiera existido el Corte inglés es César Rodríguez González”, afirma Cuartas. El periodista cuestiona así el relato que presentaba a Ramón Areces como comprador de la sastrería por iniciativa propia. Sostiene que su sobrino carecía entonces de recursos para realizar semejante operación y que fue César quien financió tanto aquella adquisición como el posterior desarrollo del negocio.

Durante un tiempo, los dos establecimientos convivieron en la calle Preciados, uno frente al otro, mientras sus propietarios mantenían relaciones familiares y económicas

Durante un tiempo, los dos establecimientos convivieron en la calle Preciados, uno frente al otro, mientras sus propietarios mantenían relaciones familiares y económicas. Pero la competencia fue deteriorando aquella colaboración. Cuartas relata enfrentamientos por la contratación de empleados, disputas con proveedores y conflictos por pedidos de mercancías, especialmente valiosas en la España de la posguerra. Lo que había comenzado como una relación entre socios terminó convirtiéndose en una lucha por la clientela y el control del mercado.

La ruptura definitiva llegó en 1946, cuando, según la investigación de Cuartas, Pepín Fernández apartó a César Rodríguez de su participación en el negocio que habían desarrollado conjuntamente. A partir de entonces, las dos ramas familiares quedaron enfrentadas y la rivalidad comercial adquirió una dimensión que acabaría marcando durante décadas la historia de los grandes almacenes españoles.

Una guerra desigual

Durante los años cuarenta y cincuenta, Galerías Preciados llevó la iniciativa. Pepín Fernández había conseguido desarrollar una cadena de establecimientos en distintas ciudades españolas y gozaba de un enorme prestigio como comerciante. El Corte Inglés, mientras tanto, mantuvo su actividad concentrada en Madrid, sin desplegar todavía una expansión comparable. Pero aquella ventaja inicial de Galerías cambiaría cuando entró en juego la capacidad financiera de César Rodríguez.

El empresario regresó definitivamente de Cuba a comienzos de los años sesenta, después de la revolución encabezada por Fidel Castro. Aunque perdió parte de sus intereses en la isla, había conservado inversiones y recursos financieros en el extranjero. Su llegada permitió acelerar la expansión de El Corte Inglés, que abrió en 1962 su establecimiento de Plaza de Cataluña, en Barcelona, y comenzó a desarrollar una red de grandes almacenes en ubicaciones privilegiadas.

El Corte Inglés de Barcelona.

La competencia adquirió entonces una dimensión diferente. Pepín Fernández, que durante años había llevado la delantera, se encontró frente a una empresa capaz de acometer inversiones de enorme envergadura sin depender del crédito en la misma medida que su competidora. Para responder, Galerías Preciados recurrió crecientemente a bancos e inversores externos, mientras El Corte Inglés contaba con el respaldo del patrimonio acumulado por César Rodríguez. “Ramón no se endeudaba, pero no se endeudaba porque no lo necesitaba”, resume Cuartas, que rechaza la interpretación de aquella rivalidad como una simple demostración de la superioridad empresarial de Areces.

La empresa nacida de aquella sastrería que Pepín había ayudado a poner en manos de César Rodríguez terminaba absorbiendo el negocio que él mismo había levantado

Fernández intentó sostener la competencia mediante nuevas adquisiciones y financiación exterior, pero el endeudamiento terminó debilitando a Galerías Preciados. Las devaluaciones de la peseta y la crisis de los años setenta agravaron sus dificultades, especialmente por las obligaciones contraídas en moneda extranjera. La compañía que había dominado inicialmente el mercado acabó perdiendo la carrera frente a su antiguo socio y competidor.

Los dos rivales murieron sin conocer el final de aquella guerra. Pepín Fernández falleció en 1982 y Ramón Areces en 1989. En 1995, El Corte Inglés adquirió los activos de Galerías Preciados, que atravesaba una grave crisis. La empresa nacida de aquella sastrería que Pepín había ayudado a poner en manos de César Rodríguez terminaba absorbiendo el negocio que él mismo había levantado.

La construcción de una leyenda empresarial

César Rodríguez murió en enero de 1966, después de presidir El Corte Inglés durante décadas. Para Javier Cuartas, su fallecimiento marcó el comienzo de una progresiva falsificación de la historia de la compañía. Mientras su tío vivía, Ramón Areces reconocía públicamente su papel como fundador y principal impulsor del negocio. Después, a medida que consolidaba su poder y se desdibujaba el recuerdo de César, empezó a atribuirse méritos que, según la investigación del periodista, correspondían a quien había financiado la empresa. “Al principio se le sigue reconociendo a César como fundador y presidente y artífice del Corte inglés, pero cuando Ramón Areces se va afianzando y el recuerdo de César se va diluyendo, entonces él cambia la versión”, explica Cuartas.

El investigador asegura haber encontrado hasta cinco relatos distintos de Ramón Areces sobre el nacimiento de la empresa. También identificó contradicciones en su biografía. Una de ellas se refería a sus estudios. Cuartas recuerda que algunas publicaciones llegaron a presentarlo como licenciado en Ciencias Económicas, pese a que el propio empresario reconoció no haber cursado estudios universitarios en su discurso de aceptación de un doctorado honoris causa de la Universidad de Oviedo.

Galerías Preciados.

Para Cuartas, la difusión de aquella versión fue posible también por el hermetismo que rodeaba a El Corte Inglés y por la influencia que la compañía ejercía sobre los medios de comunicación mediante su inversión publicitaria. El periodista sostiene que durante décadas la empresa consiguió que apenas se investigaran sus relaciones familiares, su accionariado y sus orígenes, mientras se consolidaba una historia empresarial centrada en Ramón Areces.

Buena parte de esas contradicciones quedaron recogidas en Biografía de El Corte Inglés, el libro que Cuartas publicó después de más de una década de investigación. La primera edición, impresa por Espasa-Calpe en 1991, nunca llegó a distribuirse. El periodista atribuye aquella retirada a las presiones de El Corte Inglés y no duda en calificarla de “secuestro”. Finalmente consiguió publicar la obra en 1992 con Libros Límite, después de un conflicto editorial que también tuvo repercusión en la prensa de la época.

Las guerras continuaron entre los herederos

Las disputas por el poder no terminaron con los fundadores ni con la transformación del relato sobre sus orígenes. Tras la muerte de Ramón Areces en 1989, la presidencia pasó a Isidoro Álvarez, sobrino segundo del empresario. La propiedad, sin embargo, permaneció distribuida entre distintas sociedades y ramas familiares.

Una de ellas era la de Luis Areces, hermano de Ramón. Sus descendientes conservaron una participación importante mediante Corporación Ceslar, propietaria del 9,64 % de El Corte Inglés.

En 2015, esa sociedad protagonizó un enfrentamiento con la dirección del grupo por las condiciones de entrada de capital procedente de Catar. Carlota Areces Galán, hija de Luis Areces y de Carlota Galán Ruiz, representaba a Ceslar cuando se produjo la operación vinculada al inversor Hamad bin Jassim bin Jaber Al Thani.

Carlota Areces Galán.

La sociedad cuestionó las condiciones financieras y la valoración de la empresa. El enfrentamiento terminó con su salida del consejo de administración y una disputa judicial. En 2017, un juzgado mercantil avaló su cese, aunque la exclusión no fue definitiva. En 2018, Ceslar regresó al consejo, nuevamente representada por Carlota Areces Galán.

La familia sigue participando en el gobierno de la empresa, aunque no controla por sí sola el grupo. La Fundación Ramón Areces conserva una participación del 40,04 %, mientras otras sociedades familiares y accionistas institucionales se reparten el resto del capital. También ha continuado la sucesión dentro de otras ramas de la familia. En enero de 2026, Cristina Álvarez Guil asumió la presidencia de El Corte Inglés, sucediendo a su hermana Marta Álvarez Guil. El negocio que comenzó con una pequeña sastrería sigue siendo escenario de relaciones familiares, participaciones cruzadas y equilibrios de poder entre distintos propietarios.

Los millones que llegan hasta Forbes

La fortuna atribuida por Forbes a Carlota Galán Ruiz y su familia asciende este año a 1.300 millones de euros, frente a los 750 millones de 2025. Carlota Galán Ruiz es la viuda de Luis Areces y madre de Carlota Areces Galán, que representa a Ceslar en el consejo. La coincidencia de nombres puede inducir a confusión, pero se trata de dos generaciones distintas de la misma familia.

La participación de Ceslar también genera ingresos mediante dividendos. Con el reparto aprobado por El Corte Inglés en 2025, correspondiente a 225 millones de euros, a la sociedad le correspondían aproximadamente 21,7 millones por su participación accionarial. Es dinero distribuido a una sociedad familiar, no una cantidad que pueda atribuirse íntegramente a una sola heredera.

El patrimonio de los Areces tampoco se reduce necesariamente a sus acciones en los grandes almacenes. La familia ha mantenido intereses en otras sociedades empresariales, aunque su participación en El Corte Inglés sigue siendo el principal vínculo con la fortuna que dio origen a la dinastía.

No es la única rama de aquella historia que conserva un patrimonio extraordinario. Paloma García Peña y familia, vinculados a Cartera Mancor, otra de las sociedades accionistas de El Corte Inglés, aparecen también en Forbes con una riqueza estimada de 1.100 millones de euros. Mancor mantiene una participación del 8,04 % en el grupo.

El crecimiento de los patrimonios estimados coincide con la mejora de los resultados de El Corte Inglés, que cerró su ejercicio 2025-2026 con 628 millones de euros de beneficio. Pero las cifras de Forbes reflejan valoraciones de activos, no ingresos personales equivalentes a los incrementos de riqueza publicados.

Cuando Cuartas reflexiona sobre esta trayectoria, destaca una paradoja: unos jóvenes procedentes de la economía campesina de Grau, donde buena parte de las relaciones económicas todavía giraban alrededor de la agricultura y los mercados locales, terminaron levantando dos empresas que simbolizaron la abundancia y el consumo de masas en España. Al preguntarle por los actuales herederos, el periodista regresa al hombre que hizo posible aquella transformación. “Entonces los Areces viven de la herencia de lo que hizo César Rodríguez”, concluye.

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