Las personas de un colectivo sospechoso: LGTBIQ

Nací en 1961, en esa época no se hablaba de personas LGTBIQ, sino de maricones, tortilleras, travestis, afeminados, desviados...

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Javier Andrade
Javier Andrade
Coportavoz de Verdes Equo Asturies

Nací en 1961, en esa época no se hablaba de personas LGTBIQ, sino de maricones, tortilleras, travestis, afeminados, desviados,… y en el DSM y Manuales de Psiquiatría de esa década y muchas más la homosexualidad estaba considerada una enfermedad mental, así que complicado lo de tener “referentes” y por supuesto lo de contárselo a nadie, ni en broma porque en el mejor de los casos visita al psiquiatra y terapia de electroshock.

¿Qué opciones tuve cuando me di cuenta de que mi atracción sexual no era hacia las mujeres, como se esperaba de mi, sino hacia los hombres?, eso fue allá por mis 15 años, pues no hice nada más que callar y guardar en los profundo de mi ese “ENORME Y OSCURO SECRETO”, así lo vivía yo. Eso implicaría que iba crecer ocultándome tanto a mi como a los demás un parte de mi, pero no era solo una parte de mi, sino mi esencia, algo que tardé muchos años en descubrir y que tuvo muchas implicaciones en mi vida a la hora de tomar decisiones y sobre todo de VIVIR, ¿Por qué se puede vivir en plenitud sin ser uno mismo?

Con la perspectiva que dan los años tomé conciencia que no, que no se puede vivir en plenitud sin ser uno mismo, manteniendo en el armario la esencia de uno mismo y que esa ocultación acabó generando una dinámica de vivir pendiente de la opinión, del beneplácito de los demás, de necesitar la aprobación del otro incluso en la más pequeña de las decisiones y por supuesto “que no se notase”. Con lo cual hasta más allá de los treinta años fui e hice lo que yo pensaba que los demás esperaban de mi, complicado.

Un manifestante durante la primera marcha del Orgullo celebrada en Madrid, en 1978. | Fuente: FELGTB

Cuando tomé conciencia de que ser gay no era sólo una parte mi, sino que ser gay para mi era ser YO, cambio radicalmente mi vida, me la replanté de nuevo, en todos los ámbitos: personal, laboral y religioso, y así a los 37 años empecé a vivir en plenitud, como diría S. Irineo. Comenzó entonces un camino de deconstrucción y a la vez de construcción. Empecé a ser un adulto LGTBIQ sin haberlo sido niño, adolescente y joven. Y para enlazar con el título fue entonces cuando dejé de sentirme parte de un “colectivo sospechoso” para ser parte de un colectivo ORGULLOSO..

Desde mi experiencia personal considero esencial que las nuevas generaciones tenga referentes LGTBIQ, que puedan hablar y ser escuchados de lo que siente, de lo que viven, no ser juzgados y menos condenados. Es verdad que podemos hablar de una igualdad legal pero todavía queda mucho para lograr una igualdad social, cuando ser LGTBIQ no sea tema de conversación, ni motivo de explicación.

¿Y a todas y todos y los que leéis este artículo? Pues sigamos construyendo un mundo en el que la diversidad y pluralidad sea un don, un regalo. Cuidemos del Arco Irís y seamos conscientes de que vivimos un momento complicado con proliferación de discursos de odio hacia lo diferente, lo desconocido, un retroceso en los derechos conseguidos en estos últimos años. Vuelva a coger fuerza el modelo de sociedad heteropatriarcal con todo lo que esto implicaría en especial para las mujeres y las personas LGTBIQ, modelo heteropatriarcal apoyado por los discursos de la Jerarquía Católica.

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