Soldepaz Pachakuti y el poder de las mujeres unidas de norte a sur

La entidad celebra este fin de sema en Xixón su XXV Alcuentru de Sensibilización Sur-Norte, con presencia de feministas de todas las latitudes.

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Arantza Margolles
Arantza Margolles
Es historiadora.

Veinticinco años lleva ya Soldepaz Pachakuti promoviendo la unión de las mujeres de los sures y de los nortes para construir la paz global. Este fin de semana volverá a tener lugar el Alcuentru de Sensibilización Sur-Norte, en el que la entidad propone “pensar en planes comunes que nos unan, que nos permitan interactuar en solidaridad”. Para ello contarán con la presencia de mujeres como Vicenta Jerónimo Jiménez, indígena maya mam que llegó a ser diputada por el Movimiento para la Liberación de los Pueblos; la abogada colombiana Heidy Sánchez; Laura Yanella, comunicadora social o argentina o la activista Morena Herrera, llegada hace días al estado español desde El Salvador.

Todas ellas compartieron un desayuno en La Revoltosa como previa a las jornadas, que se desarrollarán en la Biblioteca Jovellanos de Xixón. Una cita cuya organización que no estuvo exenta de dificultad, según las responsables de Pachakuti, ante las trabas del consistorio gijonés a la hora de permitir el uso de espacios municipales a las entidades sociales. Un problema común en todas las latitudes, apuntaron las asistentes, y cuyo caso más significativo fue la coincidencia de la celebración, el año pasado, del Encuentro Feminista del Caribe con el concurso de Miss Universo en El Salvador del populista Nayib Bukele.

Un momento del desayuno.

“Quisimos encontrar la fisura, la oportunidad de la coincidencia de fechas”, decía Morena Herrera, “evitando así que se reprimiera el Encuentro Feminista”. Finalmente, más de 1600 personas acudieron  a la cita, celebrada por primera vez en Bogotá en 1981, celebrando muchas de ellas, incluso, el triunfo de una nicaragüense en el certamen de belleza. Ese, finalmente, es el poder de la unión feminista: juntarse para “atreverse a imaginar, a soñar que puedes hacerlo”. Un espíritu del que han tomado el testigo este año las activistas haitianas, dispuestas a celebrar en su país el encuentro a pesar de las dificultades. “Es su forma de decir: ‘aquí existimos”, decía Herrera.

Un momento del encuentro.

Existimos y, por tanto, resistimos, fue el mensaje de la argentina Laura Yanella, quien definió la situación de su país como “crítica” tras el ascenso al poder de Javier Milei hace meses “que parecen años”, aseguraba la activista. El cierre del Ministerio de Mujeres y el corte en seco de las ayudas destinadas a la prevención de la violencia de género se ven con preocupación en un país en el que se calcula que unos diez millones de personas sobreviven por medio de las ollas populares contra el hambre organizadas por las mujeres argentinas. “Lo que estamos haciendo es sostener”, dice Yanellas, quien participó, a la tarde, en la primera mesa redonda de las jornadas sobre el retroceso de derechos en El  Salvador y Argentina junto a Morena Herrera y Nuria Saavedra.

Que el capitalismo a quien primero ataca es a la mujer es algo que tiene claro la colombiana Heidy Sánchez, quien defendió también el transfeminismo porque “el rechazo a lo trans es, también, un rechazo a la feminidad”. La facilidad de calado de los mensajes de la extrema derecha, “que son fáciles, cortos, mentirosos, pero llegan”, es, para esta abogada militante, el gran reto que ha de asumir la lucha por los derechos humanos, máxime en el clima de tensión geopolítico que, para ella, nos sitúa “a las puertas de la Tercera Guerra Mundial”. Sánchez compartirá mesa en la sesión del domingo junto a la mexicana Alma Fuertes y a la guatemalteca Vicenta Jerónimo, quien llegó a ser diputada por el Movimiento para la Liberación de los Pueblos de Thelma Cabrera.

Fue Vicenta quien cerró el desayuno, ponderando la importancia de la “articulación de mujeres desde el territorio”. En un país en el que también la aporofobia y el racismo hacia los pueblos indígenas marcan el programa no solo de la derecha, sino también, incluso, de las luchas sociales, “nuestro peor enemigo es el sistema”, aseguró Jerónimo. “Podemos entendernos con los hombres, pero con el sistema no, y el sistema le da el poder a ellos”. De ahí la importancia de una lucha transversal, coordinada, que mezcle sures y nortes y la sororidad y la solidaridad entre mujeres. Los retos son estructurales. Este fin de semana, en Xixón y de la mano de Soldepaz Pachakuti, se debatirá sobre cómo afrontarlos

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