Fue un 1 de diciembre, el del año 1992 exactamente, el que se tomó como referencia para organizar la primera actividad de un incipiente grupo que aspiraba a promover en Asturies el desarrollo del movimiento gay. Unos pocos meses antes, en Xixón se había organizado el Colleutivu de Feministes Llesbianes d’Asturies. Ya se ha dicho en otras ocasiones, fue en un restaurante, ya desaparecido, de la uvieína calle Jerónimo Ibrán. Un grupo que oscilaba entre 20-25 personas, entre las que estaba una chica y que había recibido la visita desde Barcelona de Jordi Petit, en aquel momento uno de los escasos referentes públicos de lo que hoy denominaríamos movimiento LGTBI pero que, de aquella, apenas agrupaba a un par de letras.
La fecha no fue el resultado del azar. Ya para entonces se había institucionalizado el 1 de diciembre como Día mundial de lucha contra el SIDA. Con aquella actividad se cerraba el periodo de organización que venía desarrollándose desde hacía varios meses antes y en el que convergieron diferentes iniciativas; una que capitaneaba Adolfo Saro, fallecido en 2022, desde Estudiantes Progresistas, empeñado en organizar un colectivo capaz de romper con la invisibilidad y abrir nuestras reivindicaciones hacia la sociedad y, por otro lado, en el entorno del chiringuito El Topu Fartón, regentado por la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), donde se daban cita un grupo de jóvenes gays también interesados en estabilizar algún tipo de actividad a partir de la iniciativa de algunas personas del mundo de la solidaridad que habían estado dando charlas y publicando algún artículo relacionado con la conmemoración del V Centenario de la llegada de europeos al continente americano y la imposición de un modelo de sexualidad que condenaba las prácticas sexuales no orientadas a la procreación entre la población indígena. De hecho, una primera actividad de este grupo había sido la de un reparto de materiales sobre la protección ante el SIDA en una fiesta del Comité de Solidaridad con América Latina (COSAL).

En todo caso, todas estas propuestas llegaron con retraso a Asturies. Para aquella fecha, toda la explosión de liberación sexual que surge durante la Transición, se había agotado y el movimiento social atravesaba una profunda crisis que se remontaba a varios años atrás. Peor aún, la llegada del VIH-SIDA, con un primer caso detectado en 1986, ponía las cosas muy cuesta arriba para el trabajo que aspiraba a desarrollar aquel incipiente colectivo socio-político que adoptó el nombre de XEGA (Xente Gai Astur).

En realidad, no era un fenómeno especialmente novedoso porque algo similar en muchos aspectos venía ocurriendo en diversos países de nuestro entorno cultural europeo y la América anglosajona. La irrupción del movimiento tras los sucesos de Stonewall en 1969 abrió una fase de radicalización que venía a coincidir con todos los acontecimientos que solemos englobar en torno al año 1968 y posteriores. La revolución sexual, la liberación gay, eran consignas que estaban a la orden del día y se presentaban como acontecimientos inminentes. La realidad fue matizando las cosas y moderando buena parte de los ánimos. El Gay Liberation Front (GLF) se convirtió pronto en el Gay and Lesbian, paso previo para la aparición de un separatismo lésbico que vino acompañado por la polémica que rodeaba al activismo transexual, la racialización del movimiento (negros, hispanos, indios) o de parte del mismo combinado todo ello con debates sobre propuestas reformistas o revolucionarias.
En cualquier caso, la existencia de graves discriminaciones, sociales y políticas, permitía al movimiento seguir avanzando hacia nuevos espacios de intervención. Es la época de la Gay Activists Alliance (GAA), la experiencia política de Harvey Milk en San Francisco, del grupo STAR de Silvia Rivera y Marsha Johnson con jóvenes transexuales expulsados en muchos casos de sus domicilios por sus propias familias. Algo parecido venía ocurriendo en diversos países europeos y también en el Estado Español, entre los diferentes grupos surgidos durante los años de la Transición que también se habían ido fragmentando.

El primer activismo gay tuvo varios centros, empezando por Barcelona donde desde 1970 venía trabajando en la clandestinidad un grupo que coincidiendo con la efervescencia movilizadora del año 1976, se convertiría en el FAGC (Front d’Alliberament Gay de Catalunya) al que siguieron otros grupos (FHAR y MDH en Madrid, EHGAM en Euskadi, Valencia y otros). El fracaso de la ruptura democrática, el mantenimiento de la Ley de Peligrosidad Social hasta 1979 e incluso después para algunos colectivos afectados, el auge de grupos libertarios, el alejamiento de las perspectivas revolucionarias, son aspectos que dieron como resultado primero al desencanto, después la desmovilización con el abandono de buena parte de los primeros activistas y, finalmente, la división dentro de los colectivos ante la necesidad de adaptarse a una situación nueva e imprevista. Para mitad de los años ochenta, la llamada movida madrileña y todo lo que la rodea, ha ayudado a crear unos espacios nuevos vinculados al ocio y tiempo libre o a la aparición de propuestas institucionales vinculadas con los cambios políticos entre los años 1979 y 1982. De este modo, se alejan o se pierden buena parte de las referencias políticas transformadoras. Este será, básicamente, el contexto en el que hará su aparición del SIDA, una nueva dolencia mortal con un rápido desarrollo internacional que se convirtió en una pandemia para la que apenas había respuestas oficiales y científicas. Primero se identificó el VIH como causante de lo que se bautizó como SIDA. Hubo que esperar a la segunda mitad de los años ochenta para que se comenzaran a aplicar los antiretrovirales (AZT), con resultados positivos pero limitados en el tiempo. La aplicación del test Elisa permitió identificar la presencia de VIH en las personas infectadas, pero todos los avances científicos fueron muy lentos en los primeros años.

Muy pronto se asoció el desarrollo de la enfermedad con las personas que mantenían relaciones homosexuales, el llamado cáncer rosa, aunque lo que tuvo mayor impacto fue lo que se dio en llamar la enfermedad de las tres haches puesto que afectaba a haitianos, hemofílicos y homosexuales. Su impacto fue devastador. Una parte significativa de la que podríamos llamar la vanguardia activista resultó afectada, desarrolló la enfermedad y murió durante aquellos fatídicos años ochenta, especialmente en los Estados Unidos. Son numerosas las películas que reflejan la situación durante estos años y en algunas como Pride, podemos percibir su impacto entre miembros del mundo activista. Este hecho impactó fuertemente tanto entre el colectivo con prácticas homosexuales como entre quienes mantenían la llama del activismo. Hubo reacciones muy radicalizadas que dieron origen a formas nuevas de denuncia: Act Up en Nueva York o en París serían los casos más representativos de esta tendencia. Por medio de acciones radicales se denunciaba la situación abandono, la responsabilidad de los gobiernos y de la propia sociedad que no quería darse cuenta de que estábamos ante una situación que podría acabar afectando a cualquier persona más allá de lo que se llamaba entonces grupos de riesgo.
Hubo reacciones muy radicalizadas que dieron origen a formas nuevas de denuncia: Act Up en Nueva York o en París serían los casos más representativos de esta tendencia
Esta radicalización estaba marcada por el miedo ante un fenómeno desconocido para el que apenas había explicaciones científicas desde los años ochenta hasta mitad de la década de los noventa pero también por la rabia ante una actitud social mayoritaria de no implicarse mientras los casos se centraran en grupos considerados socialmente marginales. Si durante los años de la Transición se había logrado romper con la invisibilidad y el aislamiento para poner fin a parte de la marginalización social que nos afectaba como colectivo, ahora, con la llegada de la pandemia, volvía a ser posible un retroceso con vuelta generalizada a los armarios.
Frente a esa situación se fue abriendo un debate en el seno del movimiento existente en aquellos años sobre cuál podría ser la fórmula más eficaz para luchar en contra de la enfermedad desde el propio movimiento social. Había quienes planteaban la necesidad de reforzar a los colectivos, mayoritariamente compuestos por hombres gays para trabajar en el seno de la comunidad gay con tareas de información, extender ideas de protección, auto ayuda para personas afectadas. Frente a esta opción, surgió otra que planteaba la necesidad abrirse a la sociedad y transmitir la idea de que el VIH era una amenaza que acabaría afectando al conjunto social porque el problema no se centraba en los grupos de riesgo, que no existían. El problema eran las prácticas de riesgo y se necesitaba informar y educar a toda la sociedad para que aprendiera a protegerse.

Esta segunda opción apostaba por la necesidad de crear Comités o comisiones ciudadanas para luchar en contra del SIDA. Se trataba de impulsar grupos abiertos que trabajaran propuestas de información y sensibilización, con un carácter voluntario, activista y abiertos hacia el conjunto social. Una de las personas dinamizadoras de esta propuesta fue Manuel Trillo que puso en marcha el prime Comité Ciudadano anti SIDA en Madrid en la temprana fecha de 1985 quien por aquellos años mantuvo una relación con el pintor asturiano Gerardo Gutiérrez Antolín.
Asturies, que había quedado al margen de la primera oleada de activismo gay en los años 70 y primeros 80, se incorporaría al mismo en los 90 con la aparición de XEGA como colectivo LGTBI, junto con el ya citado Colectivo de Feministes Llesbianes. Entre ambos se cubría el espacio que afectaba a la autorganización de la comunidad gai-lésbica. La creación en Xixón del Comité anti SIDA, en 1987, que estaba dinamizado por mujeres que procedían del mundo sanitario y de la Enfermería, permitió abrir el espacio amplio, de carácter cívico, que con el nombre de Comité Ciudadano Anti SIDA del principado de Asturias (CCASIPA) se mantiene activo hasta la actualidad. Será este Comité quien durante años convoque la cadena humana el 1 de diciembre en Xixón, impulse el Memorial del parque de Los Pericones, las actividades de formación para la reducción de riesgos y potenciación de grupos de autoapoyo. Toda una trayectoria que bien se merece un espacio monográfico propio.

En lo que respecta a XEGA, desde el comienzo el tema del VIH-SIDA fue uno de los ejes centrales de su actividad. Inevitablemente, la pandemia se hizo sentir con la presencia de algunas personas jóvenes afectadas y algún fallecimiento. Los informes oficiales presentados por el Gobierno asturiano señalan que entre 1986 y 2022, se documentan 1580 casos en Asturies de los cuales las tres cuartas partes se corresponden a la década de los noventa. De todos ellos, fallecieron el 56%, es decir, 890 personas. Aunque la mayor parte de la transmisión se dio por vía sanguínea, un 34% lo hizo por vía sexual, siendo por medio de relaciones de carácter homosexual el 12%. Este dato causó un fuerte impacto puesto que afectó a personas conocidas del mundo de la movida uvieína, muy activa en aquellos años y algún caso de jóvenes vinculados a la asociación.
La primera campaña desarrollada por XEGA fue su participación en Democracia es igualdad, que recientemente recordaba Jordi Petit en Facebook. Junto a un impactante video en el que se denunciaba la intolerancia, la homofobia, la xenofobia, entre otros comportamientos, se difundió un manifiesto en el que se dice a propósito de la lucha contra el SIDA:
“… la identificación simplista del SIDA con los gays supuso el incremento de la antigua discriminación y un tremendo error para la prevención de esta enfermedad, pues el resto de la sociedad creyó que estaba a salvo.
…La prevención del SIDA entre los gays es un aspecto fundamental, así como la denuncia de toda discriminación por causa del VIH y el fomento de la solidaridad, pues nos encontramos con un problema que afecta a todas y a todos…”
En los primeros meses de su actividad, XEGA se implicó en el desarrollo de una política de información y de prevención entre la comunidad gay asturiana. Para ello, se editaron materiales diversos a través de boletines, panfletos varios, repartos de preservativos y lubricantes. Se exigió que las diferentes marcas de condones cumplieran con requisitos mínimos de homologación para que fueran realmente eficaces para prevenir el desarrollo del SIDA. También se entró en una batalla legal para denunciar algunas medidas oficiales que reforzaban la homofobia como fue el caso de la negativa oficial a admitir como donantes de sangre a personas que se identificaran como homosexuales. Para ello se llevó a cabo una campaña de denuncia por los medios de comunicación hasta que se logró cambiar el protocolo.
En todo caso, la campaña más potente y con mayor impacto impulsada por XEGA para luchar contra el VIH – SIDA fue el reparto gratuito de materiales informativos y de condones desde el chiringuito El Topu Fartón durante las fiestas de San Mateo en Uviéu. El Topu Fartón, folla siempre con condón. Sin duda la campaña más eficaz y más barata de cuantas se llevaron adelante en Asturies. Aunque a partir de 1997 los datos de personas afectadas comenzaron a reducirse, levemente al inicio y deforma más aguda después, la campaña de prevención para la expansión del VIH – SIDA impulsada del el Topu Fartón fue permanente hasta su desaparición.



























