OnlyFans, o el capitalismo escópico

El foco de atención ha de ponerse, entonces, en la supuesta libertad que da OnlyFans a las mujeres.

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Laura Tuero
Laura Tuero
Campeona del mundo de duatlón de larga distancia 2005, ex concejala, asesora política y miembro de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP)

OnlyFans es una plataforma de pago en la que las personas usuarias venden o compran contenidos (fotografías, vídeos) bajo demanda. Con el paso del tiempo se ha ido convirtiendo en un plataforma de “contenido explícito”, o específicamente pornográfico, que cuenta con 240 millones de usuarios. El usuario medio es un hombre de entre 25 y 44 años, si bien el 97% de los contenidos son subidos por mujeres. OnlyFans se lleva el 80% de las ganancias de los vídeos subidos por estas mujeres y el 20% restante los propietarios de la aplicación. Un artículo aparecido en la revista Forbes el pasado mes de septiembre aseguraba que Leonid Radvinsky, propietario de la plataforma, ha acumulado 1.000 millones de dólares en dividendos durante los últimos tres años. Esto supone un ingreso de más de 1,2 millones al día. Adviértase que Radvinsky ha basado toda su fortuna, desde su primer negocio, en la creación de empresas relacionadas con el porno.

Lily Phillips, británica de 23 años, es una de esas mujeres creadoras de contenido de OnlyFans. Con 800.000 seguidores en la red social ‘X’ (antes Twitter) y más de 600.000 en ‘Instagram’, Phillips acaba de ocupar numerosos titulares en medios internacionales al publicarse el documental, producido por el youtuber Josh Pieters, ‘I Slept With 100 Men in One Day’ –´Me acosté con 100 hombres en un día’–. Lily Phillips decidió tener sexo con 101 hombres frente a la cámara, a lo largo de 14 horas, un día de octubre. Confieso que como mujer soy incapaz de entender esto; no quiero imaginarlo, me produce un profundo dolor, horror e incomprensión. Me parece que ni nuestros cuerpos ni nuestras mentes están hechas para vivir una experiencia así.

Leonid Radvinsky

Pero más allá de las sensaciones y opiniones personales, es necesario poner el foco en algunas de las dimensiones que el fenómeno envuelve. La primera, en el hecho de que 101 hombres hicieran cola para tener relaciones sexuales con ella. Salvando las distancias, es difícil no pensar en el caso de Gisèle Pelicot; allí había otra cola de hombres esperando a violarla mientras estaba inconsciente por las drogas que le suministraba sistemáticamente su marido. Durante el vídeo de YouTube que documenta el caso de Lily Phillips, en el que a los hombres que han sido practícipes se les difumina la cara o incluso se les modifica la voz, podemos escuchar cómo estos se quejan porque se les dijo que tendrían cinco minutos de sexo y finalmente sólo pudieron “disfrutar” de dos o tres minutos. ¿No estamos, una vez más, ante un evidente caso de cosificación del cuerpo de una mujer, elevado a la enésima potencia? ¿Acaso esto no nos plantea reparos éticos? ¿Qué podemos esperar de una sociedad donde hay hombres que son partícipes de semejante actos?

El foco de atención ha de ponerse, entonces, en la supuesta libertad que da OnlyFans a las mujeres que, al parecer, se empoderarían grabando vídeos de manera voluntaria como el de Lily Phillips. A mi juicio, no es cierto que haya libertad para las mujeres que generan contenido en OnlyFans, partiendo de la base de que dicho contenido se ajusta a una mirada patriarcal de lo que es el porno (y conste que esta no es, por mi parte, una crítica –y mucho menos conservadora o puritana– a toda forma de pornografía). Pero, ¿realmente hay posibilidad de una perspectiva feminista en todo este proceso mercantilizado de OnlyFans? El 97% de los contenidos son subidos por mujeres a cambio de recibir unas ganancias por visualización, con lo cual los contenidos son modificados por las mujeres en función de una demanda que aún está lejos de alejarse del mandato de la masculinidad, es decir, de ver a las mujeres como objetos que disfrutan en la medida en que complacen a los hombres. De esta manera se perpetúa la cosificación de las mujeres y estamos ante un falso empoderamiento. En el caso concreto, al final del vídeo de Youtube podemos escuchar a Lily Phillips, tras haber mantenido sexo con 101 hombres anónimos, decir que “lo siente”, que siente que algunos hayan tenido dos o tres minutos para llegar al coito dentro de ella, utilizándola como un mero objeto, cuando les habían prometido cinco. Nos encontramos a una mujer culpándose de ello, de que algunos hombres, de un total de 101, no hayan tenido cinco minutos para correrse en ella. Todo ello entre sollozos.

De ninguna manera se trata de negarle agencia a Lily, de convertirla en una mera autómata o en una marioneta del “sistema”, pero considero que es necesaria una reflexión crítica sobre la deriva a la que conduce la creencia y las prácticas asociadas a considerar que la libertad, sobre todo la sexual, es tan sólo la capacidad de elegir. Este planteamiento abstracto elude todo el contexto en el que se inserta, que es un sistema patriarcal y basado en el capitalismo, con fuerzas que lo mueven totalmente devastadoras. La socióloga Eva Illouz ha creado un concepto que nos sirve para entender el problema: capitalismo escópico. Lo define como «un capitalismo que crea un valor económico formidable con la exhibición de los cuerpos y la sexualidad, con su transformación en imágenes que circulan en distintos mercados». Sí, Lily grabó el vídeo de forma voluntaria, y ella también forma parte del circuito de monetización, obteniendo alguna ganancia (muchas más Radvinsky), pero esto no niega el marco de dominación en que lo hace. Ni lo niega, ni debe hacernos olvidar que existe y que debemos combatirlo desde un feminismo anticapitalista.

Lily Phillips

Al final del vídeo de YouTube hay unas declaraciones de Lily grabadas justo después de terminar semejante “experimento”. Dice: «después de horas de posiciones sexuales, me duelen el cuerpo y las extremidades. Me sentí como si me hubiera atropellado un autobús […] a veces simplemente te disocias, no es como el sexo normal en absoluto. En mi cabeza puedo recordar a cinco, seis o diez tipos. Y eso es todo. Es extraño, ¿no? Si no tuviera el vídeo, no me habría dado cuenta de que me había acostado con 100».

Todo esto merece una profunda reflexión. Una mujer joven británica y blanca, sin problemas económicos, supuestamente empoderada, participando de tal “experimento”. Se merece una profunda reflexión también el hecho de que muchas personas, hombres en su mayoría, se burlen de ella en las redes sociales y digan que se lo merece. El vídeo de Josh Pieters finaliza con el propio youtuber perplejo tras ver el estado en el que se encontraba Lily tras acostarse con 101 hombres y anunciar en sus redes sociales, días después de que esto sucediera, que será «la primera persona en estar con 1000 hombres en 24 horas». El equipo de personas que la  rodean ya están en ello.

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