Ha llegado antes el cierre de las centrales térmicas de Lada y Velilla que la puesta en funcionamiento de la línea que debía conectar ambas localidades, a uno y otro lado de la cordillera cantábrica. El Gobierno de Asturies y Red Eléctrica han iniciado ya los contactos con los ayuntamientos por los que discurre el tendido eléctrico, de 66 kilómetros, y avanzan en el diseño y planificación que permita el desmantelamiento de sus 95 torres de alta tensión.
El tramo asturiano, con una longitud de 52,32 kilómetros, es el más extenso y abarca seis concejos -Llangréu, Mieres, San Martín del Rey Aurelio, Llaviana, Sobrescobio y Caso- mientras que los otros 13,72 kilómetros discurren por territorio de León y Palencia.
Monumento al despilfarro
La línea de alta tensión de 400 kilovoltios Lada-Velilla se autorizó y se declaró de utilidad pública en 1986, pero nunca entró en servicio. El objetivo del proyecto era mejorar las redes de evacuación de las centrales térmicas en tiempos de quema de carbón y alta producción de energía. Según sus defensores, principalmente el Gobierno asturiano de Vicente Álvarez Areces, la obra era “fundamental para tener una sociedad moderna”. El socialista, Hugo Morán, hoy reconvertido a Secretario de Estado de Medio Ambiente, llegó a afirmar que sin Lada-Velilla sería imposible la llegada del AVE a Asturies.
Otros sectores sociales y políticos, incluyendo a un buen número de expertos en la materia, pusieron sin embargo en duda esta necesidad de aumentar las redes de evacuación, y sostuvieron que el sistema podía funcionar perfectamente sin Lada-Velilla. El tiempo les dio la razón. El AVE llegó a Asturies sin que Lada-Velilla entrara en funcionamiento.

Contra la construcción del tendido, a través de zonas naturales protegidas, se levantó una fuerte oposición social y política, que en León llegó a poner de acuerdo a todo el espectro político, incluyendo a PP y PSOE, inicialmente favorables. Se presentaron más de 27.000 alegaciones. En 2003 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid tumbó el trazado, obligando a buscar una alternativa con menor impacto medioambiental.
A pesar de lo avanzado de las obras, prácticamente la mitad, en 2016 Red Eléctrica Española se la envainaba y reconocía que los tiempos habían cambiado y que ya no resultaba necesaria la línea. Un año más tarde se anunciaba el fin de las centrales térmicas que habían motivado la construcción de la línea. 40 millones de euros tirados a la basura. Ahora habrá que sumarles lo que cuesten las obras de desmontaje. No se prevé que ninguno de los defensores de la línea pida disculpas.



























