La ausencia el pasado viernes de representantes institucionales en la presentación de la exposición más ambiciosa de 2025 de LABoral no anunciaba nada bueno para su director, Pablo de Soto. Ni las buenas cifras de público, 62.636 visitantes en 2024, un 23,8% más, superando al Museo Arqueológico de Asturias, ni el centenar de residencias artísticas, ni la atracción de financiación europea, 300.000 euros logrados a través de tres proyectos internacionales, o el éxito de volver a contar con grandes exposiciones, parecen haber servido para salvar a Pablo de Soto, que llevaba en el cargo desde 2022.
La Consejería de Cultura vuelve así a decapitar la dirección de un centro de arte maldito, y que con De Soto parecía estar recuperando otra vez pulso y arraigo en una sociedad asturiana tradicionalmente indiferente a LABoral.
Desde Cultura no han querido hacer declaraciones a Nortes sobre los motivos de esta misteriosa decisión, remitiendo únicamente a una escueta nota de prensa en la que se habla de “pérdida de confianza” en su gestión, pero sin concretar los motivos de esa pérdida de confianza.

Fuentes consultadas para la elaboración de este artículo apuntan que la caída en desgracia del director pudo gestarse desde dentro de la casa. El intenso ritmo impuesto por el director habría generado malestar en una parte de los trabajadores, “acostumbrados a un estilo de trabajo muy cómodo”: “No soportaron el nivel de exigencia de Pablo, que ha multiplicado el número de exposiciones con el mismo personal a base de lograr proyectos europeos y otras vías de financiación”.
La caída en desgracia del director pudo gestarse desde dentro de la casa
Según estas mismas fuentes, personas del mismo equipo, bien relacionadas con la Consejería de Cultura, incluso con carnet político, podrían estar ambicionando desde hace tiempo el puesto de director, y habrían iniciado una campaña de desprestigio a De Soto, un profesional independiente, sin “padrinos” ni en el gobierno local ni en el autonómico.
Pablo León, director general de Cultura y Patrimonio, será el encargado de pilotar la transición de LABoral hasta que se convoque un nuevo concurso para la plaza de dirección del centro.
El arte de hacer mucho con poco
El presupuesto anual de LABoral, 1,3 millones de euros, está muy por debajo del de otros centros de su entorno como el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, 2,3 millones de euros, el Centro Galego de Arte Contemporáneo, 2,9 millones de euros, o el Centro Botín de Santander, 12,5 millones de euros. Buena parte de este presupuesto va destinado además a pagar infraestructuras y personal, por lo que el crecimiento en visitantes y exposiciones ha salido de la financiación europea, de cuya obtención De Soto estaba muy orgulloso.

Gijonés, arquitecto de formación, retornado a Asturies tras años trabajando en varios países europeos y latinoamericanos, con un currículum internacional, De Soto llevó al centro una especial sensibilidad con las cuestiones sociales, medioambientales y feministas. Entre los hitos de su breve etapa al frente de LABoral están la exposición sobre el universo artístico de Rodrigo Cuevas, una de las más visitadas de su historia, “Barricadas en los hielos”, una muestra sobre arte y activismo climático que abrió LABoral a las preocupaciones ecológicas y a los movimientos ecologistas, o “Millenials”, dedicada al arte digital de los nuevos creadores nacidos después de los años 80. En la actualidad el centro expone “Máquinas digitales”, una muestra comisariada por él sobre tecnología, arte y sociedad, con piezas de quince artistas nacionales e internacionales procedentes de Serbia, Australia, Rumanía, el Reino Unido, Polonia, España, Suecia, Ucrania, Austria y Suiza, así como una fuerte presencia asturiana. Estará hasta septiembre.
El abrupto y misterioso cese de Pablo de Soto recuerda en parte al de Óscar Abril en 2015, otro profesional independiente, con más currículum que contactos políticos, y que trató de tender un puente entre LABoral, artistas y movimientos sociales, en la línea de lo hecho por el MACBA, el Reina Sofía y otros centros de arte contemporáneo en todo el mundo, pero que en la Asturies de Javier Fernández levantó ampollas. Un proyecto, el de un centro abierto a las preocupaciones sociales y políticas de su tiempo, que nunca parece haber interesado al Principado, amigo de concepciones culturales más conservadoras, y que una década después vuelve a descabezar LABoral, ese centro de arte condenado a vagar en un interminable viaje a ninguna parte.



























