Hacia una educación sin mezcla de clases sociales

Si consideramos que una de las funciones del sistema es mezclar a personas diferentes, está claro que la universidad privada no cumple ese objetivo.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

La educación no sólo educa a través de las clases y los libros, educa también, y sobre todo, a través de las relaciones sociales que se generan en las aulas. Por eso las fuerzas progresistas siempre han defendido el mestizaje social en una educación pública y mixta. Por eso los reaccionarios siempre han querido una educación segregada por clase y por género, que reproduzca las desigualdades existentes en la sociedad.

Recordemos que en España la educación pública y mixta fue impulsada por la Segunda República, mientras que el franquismo apostó por devolver a la educación privada un estatus central, convirtiendo a la pública en una red subsidiaria frente a los colegios religiosos. También con la dictadura se suprimió la educación mixta, sólo autorizada a partir de 1969, año en el que el BOE la permitió en condiciones excepcionales. La generalización de la enseñanza mixta, también en la educación religiosa, apenas tiene cuatro décadas en España, y hoy todavía, en 2025, sobreviven gracias a la vista gorda de algunas comunidades, más de 40 colegios concertados que segregan por sexo pese a la prohibición expresa de ley de Educación.

Colegio femenino durante el franquismo.

En países con una fuerte tradición racista, como EEUU, a esas dos grandes segregaciones, históricamente se le ha añadido una tercera, la del color de piel, generalmente muy relacionada con la clase social. España es un país cada vez más diverso, y el sistema educativo español no puede presumir de estar contribuyendo a la construcción de una ciudadanía multicultural acorde con los cambios que se están dando en la sociedad. Según datos de 2021, la educación privada financiada con fondos públicos suma un 28,98% del alumnado entre Primaria y Secundaria, pero sólo un 15,46% de los hijos de extranjeros. Es decir, gracias a la educación privada concertada muchas familias pueden eludir que sus hijos convivan con una parte de sus vecinos. Cuando hablamos de “libertad de elección”, en realidad estamos hablando de “libertad de separación”.

El sistema educativo español tampoco puede presumir de estar contribuyendo a la construcción de una ciudadanía multicultural

No sólo la privada segrega. A esta apuesta de la concertada por priorizar al alumnado autóctono y de mejor posición social, se añade la existencia de colegios e institutos públicos, generalmente ubicados en barrios de rentas medias y altas, que se han convertido en centros especializados en ofrecer segregación social, pero dentro de la red pública.

Foto: Iván G. Fernández

Profundizar en la segregación

España avanzó pues desde los años 80 en la generalización de la educación mixta y el fortalecimiento de la pública, pero sin abandonar el apoyo a una red privada-concertada que no ha dejado de crecer y de recibir impulso. En algunas comunidades como Euskadi supera incluso a la pública, y en Madrid se acerca a la mitad del alumnado. Los argumentos para justificar esta apuesta por financiar a la red privada pueden diferir en función del color político, pero coinciden en lo mismo: abaratar a las clases medias bajas y a las clases medias altas separarse de sus vecinos más pobres, accediendo a centros educativos que ofrecen una suerte de distinción low cost.

La universidad seguía siendo hasta ahora el último espacio en el que los alumnos procedentes de las clases trabajadoras, medias y altas podían acabar conviviendo y relacionándose

En este contexto de segregación de clase, la universidad seguía siendo hasta ahora el último espacio en el que los alumnos procedentes de las clases trabajadoras, medias y altas podían acabar conviviendo y relacionándose. Ciertamente se trataba de una convivencia limitada, ya que los hijos de las clases trabajadoras llegan en mucha menor medida a la educación superior que los de las medias y altas. Sin embargo, incluso este espacio de moderado interclasismo puede estar resintiéndose con la irrupción de la universidad privada.

Universidad Europea en Madrid.

Que una sociedad rígidamente estratificada sea la apuesta de la derecha es comprensible y coherente con su tradición de convertir la educación en un espacio de perpetuación de las barreras sociales, si bien ahora en nombre de la más presentable “libertad de elección”. Más chocante resulta en cambio que una parte del bloque progresista se esté apuntando en nombre de los puestos de empleo y el desarrollo económico a lo que recientemente el rector de la Universidad de Oviedo/Uviéu calificaba de “algarabía” por los planes de la Universidad Europea y la Universidad Nebrija para instalarse en Asturies.

Si consideramos que una de las funciones del sistema educativo es mezclar a personas diferentes, está claro que la universidad privada no cumple ese objetivo.

El PSOE está hablando de “complementariedad público-privada”, pero apostar por las universidades privadas desencadena procesos que en nada favorecen ni a la calidad de la universidad pública ni a la igualdad y la cohesión social, ni tampoco probablemente a los intereses de la izquierda, que siempre están relacionados con el ensanchamiento de la base social de los servicios públicos. Que en Asturies, como en otras comunidades, estas universidades aspiren a recibir recursos autonómicos o a limitar el desarrollo de las titulaciones públicas que compitan con su oferta académica, será cuestión de tiempo.

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