El 14 de octubre de 1965 Tina Pérez moría en Mieres a la temprana edad de 36 años. Su fallecimiento prematuro no fue ajeno a las palizas y malos tratos sufridos tras sus detenciones en 1962 y en 1965, por su participación en las importantes huelgas que sacudieron aquellos años a las cuencas mineras asturianas.
Tina había nacido en 1929 en una familia obrera y muy comprometida con la izquierda. Su padre fue fusilado por los franquistas y su madre detenida. Muy temprano conoció la represión, y ya con 16 años fue rapada como castigo por sus ideas políticas. Casada con Víctor Bayón, un minero comunista, ambos se implicaron activamente en la reconstrucción del partido y del movimiento sindical, desafiando así a los controles de la dictadura franquista.

Durante las huelgas del 62 Tina, Anita Sirgo y Celestina Marrón serían la troika que dirigiría el movimiento del mujeres en los valles mineros. Las mujeres jugarían un papel clave en la extensión del conflicto, en los piquetes y en la lucha contra la represión.

Pérez pagaría caro su compromiso antifranquista. Su entierro sería multitudinario. Un acto político y de duelo en tiempos de obligado silencio.
Tres años después de su muerte, el pintor español Eduardo Arroyo, afincado por aquel entonces en Francia, la convertiría en un icono pop y castizo en una serie de pinturas que ahora pueden verse en el Centro Niemeyer de Avilés. Este viernes se inauguró en la cúpula del centro cultural la exposición retrospectiva “Una biografía pintada”, con la presencia de su hija Blanca y su nieta Constantina. Podrá verse hasta el 7 de mayo.



























