De los parques de baterías sabemos dos cosas a ciencia cierta: que son necesarios y que son feos. Son necesarios porque sirven para almacenar la energía renovable y regularla en función de las necesidades del consumo eléctrico. Un ejemplo, las baterías nos sirven para “guardar” la energía eólica producida de noche, un momento en el que puede soplar mucho el viento, pero existir en cambio muy poco consumo en la red. Gracias a los parques de baterías podemos almacenar esa energía intermitente, que depende de factores variables como la intensidad del viento y la luz, y usarla en momentos de más demanda y/o menor producción.
Estamos pues ante una tecnología imprescindible en el proceso de abandonar el carbón, el petróleo, el gas y el uranio. Los expertos apuntan que las baterías serán cada vez más frecuentes, incluso a nivel doméstico, a medida que nuestra sociedad se abastezca sobre todo de las energías procedente del sol, el viento y el agua, y por ejemplo en los hogares se generalice el uso de placas solares para el autoconsumo, y con ellas los sistemas de almacenamiento doméstico.
Los expertos apuntan que las baterías serán cada vez más frecuentes, incluso a nivel doméstico
Que las baterías sean imprescindibles no significa que esta tecnología no esté exenta de problemas, y ahí es donde están surgiendo los conflictos que en estos momentos salpican la geografía asturiana. La negativa a la proliferación de los parques de baterías ha logrado poner de acuerdo en el objetivo de una moratoria a estas instalaciones a un heterogéneo y contradictorio conjunto de fuerzas sociales y políticas: asociaciones vecinales, ganaderos, una parte de los ecologistas, PP, Vox y Podemos.

El pasado domingo en Oviedo/Uviéu se puso de manifiesto la amplitud del rechazo a unas instalaciones que también dividen al Gobierno asturiano entre una posición más favorable de Industria, en manos del PSOE, y otra más regulacionista, Ordenación del Territorio, gestionada por IU.
Mientras la consejería de Ovidio Zapico prepara un decreto para regular su instalación, esta semana se autorizaban dos parques, uno en Corvera y otro en Siero, ambos en zonas industriales, no conflictivas.
Transición energética sí, ¿pero cómo?
Esta división también existe en el movimiento ecologista asturiano. Mientras la Coordinadora Ecoloxista es una de las organizaciones más activas en el movimiento por la moratoria a los parques de baterías, Ecoloxistes n´Aición defiende una posición menos restrictiva con respecto a estas infraestructuras.
A diferencia de los colectivos anti-renovables, Fructuoso Pontigo “Fruti”, portavoz de la Coordinadora, matiza que “los parques son necesarios, pero deben estar sobre todo próximos a los lugares en los que se produce la energía” y nunca en zonas rurales, a donde los promotores habrían ido atraídos por los bajos precios del suelo.
“Esto no es blanco ni negro, depende de cuántos y de dónde. Ahora mismo se plantean siete veces más parques de los que necesitamos en Asturias” apunta el histórico activista, para el que se trata de instalaciones peligrosas que deben estar confinadas en polígonos industriales, subestaciones, antiguas minas, y lejos de viviendas.
Desde la Coordinadora denuncian una saturación del territorio asturiano, ya que de autorizarse todos los solicitados, se ubicarían en la comunidad un 23% de los parques de baterías de España. “Hay una burbuja especulativa con ellos” explica Pontigo, que relaciona el aluvión de solicitudes con las subvenciones de la UE.
Pontigo también considera que la contaminación electromagnética o los incendios son riesgos que justifican extremar la cautela con estos almacenes de energía, que una parte del movimiento Stop Baterías ya rechaza incluso en zonas industriales, la solución que está ofreciendo la Consejería de Ordenación del Territorio.


Paco Ramos, militante de Ecoloxistes n´Aición, también apuesta por no poner los parques en cualquier lugar, pero no por motivos de seguridad, sino paisajísticos y de ordenación del territorio. Por eso aboga por llevarlos a polígonos industriales o subestaciones eléctricas, aprovechando así sus conexiones a la red ya existentes. En opinión de Ramos la tecnología de los parques de baterías ha mejorado mucho en los últimos años, incorporando por ejemplo sistemas para desactivarse en caso de incendios.
“Se está generando un alarmismo injustificado y ahora la gente que vive cerca de un polígono industrial también tiene miedo a que se incendie o le explote”, explica el veterano ecologista, que considera prioritario acelerar la transición a un sistema eléctrico 100% renovable.
Riesgos y alternativas
Ramos también rebate el supuesto peligro de los campos electromagnéticos: “La OMS dice que los posibles efectos nocivos para la salud pueden existir, pero en instalaciones mucho más potentes”. Y es que según la Organización Mundial de la Salud ni siquiera hay evidencias de que las líneas eléctricas de alta tensión representen un peligro para la salud de la población. “Hay gente que dice que está vendida, pero es un poco raro que luego usemos los informes de la OMS como argumento para denunciar la contaminación producida por los coches o ArcelorMittal” explica Ramos, para el que la mayor parte de los 183 parques de baterías solicitados simplemente se han solicitado, pero no llegarán a construirse.
El motivo de esta fiebre de solicitudes tiene que ver en opinión de Ramos con la existencia en Asturies de una red eléctrica muy potente y densa ligada a las desaparecidas centrales térmicas.

Pontigo y Ramos, con diferentes visiones sobre los ritmos de la transición energética, coinciden sin embargo en la necesidad de almacenar energía renovable y apuntan otro método posible: las centrales de bombeo hidráulico. Es decir, reutilizar el agua de los embalses para producir electricidad en una especie de circuito cerrado.
Ramos, partidario de este sistema, advierte no obstante que aumentar las centrales de bombeo hidráulico también tendrá impactos y conflictos. La transición energética, ya lo sabemos, no será un camino fácil.
































