Taller 3: una historia de arte, educación y democracia

La escuela ovetense de artes plásticas y escénicas cumple 45 años enseñando a disfrutar de la creatividad.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

¿Quién no ha oído hablar de Taller 3 en Oviedo? ¿Qué artista ovetense actual no ha pasado por Taller 3? Este viernes en la plaza de Trascorrales, Taller 3 celebró sus 45 años de historia con la inauguración de la exposición La intrahistoria, una muestra coordinada por César Ripoll que hace un recorrido por las cuatro décadas y media de este emblemático colectivo pedagógico de artes plásticas y escénicas ovetense. La retrospectiva permanecerá abierta hasta el 28 de febrero, ofreciendo a la ciudadanía la oportunidad de conocer más sobre esta institución que ha sido cuna de la creatividad en la ciudad.

Pero más allá de la celebración, este aniversario permite echar la vista atrás y reconocer el legado de Taller 3. Una historia que comenzó en 1980 y que, con el paso del tiempo, ha dejado una huella imborrable en la formación artística en Oviedo. La filosofía que impulsó su creación sigue vigente: fomentar la creatividad, proporcionar herramientas artísticas accesibles para todos y ampliar las estructuras de referencia de quienes pasan por sus aulas.

Un proyecto pionero

El origen de Taller 3 se remonta a principios de los años 80, cuando tres licenciadas en Historia del Arte, Covadonga Álvarez, Marián Colunga y Beatriz Gutiérrez, pusieron en marcha un proyecto educativo basado en las artes plásticas y escénicas. No había en aquel momento una oferta similar en España, ni siquiera en Asturias. “En 1981 fue el primer curso experimental, pero la idea venía de antes. Mi compañera de facultad y yo llevábamos tiempo dándole vueltas a esto. Queríamos crear un espacio de formación artística accesible y bien estructurado”, recuerda Beatriz Gutiérrez, una de las fundadoras. “En aquel momento, de forma paralela, se fundó la Universidad Popular de Gijón, y en Avilés ya funcionaba la escuela de cerámica de Ramón Rodríguez, que fue pionera en ese sentido. Pero fuera de eso, no había más”, recuerda la cofundadora de Taller 3. “El primer año, cuando abrimos la matrícula en los bajos del Ayuntamiento, nos sorprendió ver una cola impresionante. Fue un impacto enorme para nosotras.”

Foto: Kike Gallart

Taller 3 comenzó con sesenta alumnos y una oferta formativa centrada en la pintura y la cerámica. Sin embargo, el proyecto creció rápidamente. “Estábamos en un momento favorable. Era la primera corporación democrática y el Ayuntamiento estaba muy receptivo. Nosotras teníamos ilusión y la gente respondía”, explica Gutiérrez. En poco tiempo, se incorporaron disciplinas como el teatro y los títeres, seguidas de escultura, diseño y otras ramas artísticas. En la actualidad, Taller 3 cuenta con aproximadamente 600 matrículas anuales en sus sedes del Parque de Invierno y el Teatro Pumarín, y llega a cerca de 2.000 alumnos a través de sus colaboraciones con colegios de Oviedo.

Una de las primeras promociones de Taller 3.

Beatriz explica que Taller 3 siempre funcionó como una contrata: “Cada cuatro o cinco años teníamos que presentarnos a concurso público. Por un lado, esto generaba una inestabilidad laboral importante, pero, por otro, el hecho de no ser una institución pública nos permitía innovar y desarrollar la creatividad no solo en las programaciones para nuestros alumnos, sino también en las novedades que incorporábamos año tras año.”

Un referente en la educación artística

Desde su llegada en 1983, Yolanda, profesora de teatro, ha sido testigo del crecimiento de Taller 3. “Cuando empezó, no existían actividades extraescolares en los colegios, ni se trabajaba el pensamiento divergente en las escuelas. La idea siempre ha sido desarrollar la creatividad y ofrecer formación accesible a todos los ciudadanos, sin importar su nivel económico”, comenta.

La evolución ha sido notable: de los sesenta alumnos iniciales, Taller Tres pasó a atender miles de estudiantes a lo largo de los años. “Ahora hasta los hijos de nuestros primeros alumnos vienen a clase. Es una satisfacción enorme”, dice Yolanda con orgullo. “Hace poco hicimos cálculos y estimamos que habían pasado unos 50.000 alumnos por el área de Artes Plásticas y Escénicas de la escuela, además de las actividades extraescolares que se realizan en colegios”, asegura Beatriz Gutiérrez.

Parte del equipo actual e histórico de Taller 3. Foto: Kike Gallart

Uno de los grandes aciertos de Taller 3 ha sido su enfoque. “Nunca pensamos en formar artistas en masa”, explica Yolanda. “El objetivo no era ese, sino desarrollar la creatividad en general, que la gente aprendiera a mirar el arte con otros ojos, a ser espectadores críticos, a utilizar las artes escénicas y las artes plásticas como herramientas para el desarrollo cognitivo y creativo”.

Sin embargo, muchas de las personas que pasaron por sus aulas sí han terminado dedicándose a la danza, el teatro o las artes visuales. “Pero también hay de otras profesiones… Todos ellos han podido aplicar lo que aprendieron aquí en sus propios caminos”.

Una de las primeras promociones.

Esta filosofía, basada en la experimentación y el estudio, ha bebido de referentes como la Bauhaus, la psicología cognitiva y la psicología humanista. “Hablamos de referentes y pioneros como Maslow, Vygotsky, Rodchenko, Pestalozzi. También Montessori, aunque en mi caso esto lo conocía bien porque tuve la suerte de ser educada con su método. Aunque era fundamental complementar toda eso con creatividad”, explica Beatriz Gutiérrez quien resalta que para ello debieron estudiar. “Desde el principio sabíamos que necesitábamos una base sólida. Nos formamos en pedagogía, estética, pintura contemporánea y, sobre todo, en la práctica artística”, señala Beatriz Gutiérrez, “porque al final queríamos que el objetivo fuera amplio: fomentar la creatividad en cualquier ámbito de la vida, independientemente de si los que venían se iban a dedicar al arte o no”.

Yolanda resume la filosofía de Taller 3 de esta forma: “Que los alumnos se diviertan, que les apetezca volver mañana, y que, además, puedan desarrollar su creatividad a través de proyectos que les desafíen. También, que aprendan a trabajar en equipo, que se enfrenten a problemas reales, como cuando hacemos proyectos en talleres abiertos. Por ejemplo, hicimos una instalación de pájaros en los jardines de Oviedo o transformamos las aulas en escenarios de teatro. Queremos que los alumnos vean cómo se crea un montaje escénico desde cero, que no todo sea solo una clase tradicional.”

Desafíos y futuro

A lo largo de los años, Taller 3 ha experimentado cambios naturales en su equipo docente. Ya se han jubilado tres de las personas que formaban parte del grupo original, incluida Beatriz, y al resto le queda poco tiempo para hacerlo. Sin embargo, el relevo está en marcha y se ve como un reto positivo. “Queremos que quienes nos reemplacen comprendan nuestra filosofía. Por ejemplo, la persona que ocupó el puesto de Beatriz fue una antigua alumna que conoce bien el funcionamiento de Taller 3. Eso es fundamental”, afirma Yolanda. La idea es que las nuevas generaciones mantengan el espíritu del proyecto y continúen con su enfoque pedagógico innovador.

Carteles de exposiciones y otras actividades. Foto: Kike Gallart.

Beatriz también enfatiza que Taller 3, “desde el tercer año más o menos” ha estado abierto a todas las edades. “Desde los cuatro años hasta que ‘la muerte los separe'”, comenta con humor. La diversidad de edades es una de las riquezas del proyecto, permitiendo un aprendizaje intergeneracional.

El impacto de Taller Tres en la vida cultural de Oviedo es innegable. Aunque el equipo nunca ha sido dado a la autopromoción, su legado habla por sí mismo. “A veces pensamos que no hacemos lo suficiente para darnos a conocer. Pero luego te das cuenta de que mucha gente ha pasado por aquí y lo recuerdan con cariño. Y sí otros se han acabado dedicando al arte o a otras cosas, incluso la política. Por aquí ha pasado algún alcalde y algunos concejales. Ahora los hijos de nuestros primeros alumnos están trayendo a sus hijos y eso da una satisfacción enorme y da continuidad a Taller 3”, reflexiona Yolanda.

Este 45 aniversario no está siendo solo una celebración del pasado del pasado y presente de Taller 3, sino también un recordatorio del valor de la educación artística en la formación de personas creativas y críticas. Yolanda lo repite antes de despedirse: “Que los alumnos venga, se diviertan y que les apetezca volver mañana.”

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