Castellano para inmigrantes: una asignatura pendiente en Asturias

El Principado delega en asociaciones y voluntariado una cuestión básica para lograr la integración social.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

“Cuando llegas sin hablar ni una palabra de castellano, y además la persona que te da clase no entiende tu idioma, todo se hace muy difícil. Es complicado comunicarse, seguir el ritmo y mantener la motivación”. Lo dice Moussa Leye, senegalés residente en Asturias desde hace 19 años. Llegó en patera con 23 y comenzó su nueva vida vendiendo cedés en las calles de Oviedo. Por las mañanas trabajaba, por las tardes estudiaba castellano en la ONG Asturias Acoge y más tarde en Accem. Aprendió el idioma desde cero. Hoy forma parte de una asociación local y colabora en diferentes proyectos comunitarios. Su recorrido, lleno de obstáculos y de voluntad, es también un testimonio sobre los límites del sistema actual de enseñanza del castellano para migrantes.

Mientras crece el número de personas que llegan a Asturias desde otras latitudes, los recursos para acompañar ese proceso no siempre avanzan al mismo ritmo. Entre los primeros desafíos que encuentra cualquier persona migrante está el idioma. Sin conocimiento del castellano, resulta difícil acceder al empleo, desenvolverse con autonomía o establecer relaciones cotidianas. Por eso, conocer el estado actual de la enseñanza del castellano en el Principado no es una cuestión menor.

El peso del voluntariado

Gran parte de la oferta de enseñanza del castellano dirigida a personas migrantes en Asturias está en manos de organizaciones sin ánimo de lucro, muchas de ellas pequeñas y sostenidas por voluntariado. Así lo explica Nazaret Sánchez, representante de la asociación Asturias Acoge, quien subraya que desde sus inicios esta entidad ha tenido entre sus prioridades las clases de castellano. Actualmente ofrecen alrededor de 18 clases semanales en distintos niveles. Desde alfabetización inicial hasta niveles medios.

La ONG atiende cada año a unas 180 personas en sus clases. Muchas de ellas permanecen meses, otras van y vienen, según sus circunstancias personales, y algunas complementan su aprendizaje asistiendo a varias entidades a la vez. La organización procura que cada persona asista al menos dos veces por semana, con sesiones de hora y media, lo que suma unas tres horas semanales de formación. “Si pudiéramos ofrecer más clases por persona, lo haríamos”, explica, “pero con los recursos actuales no es viable”.

“Todo esto lo hacemos con voluntariado”, reivindica Nazaret. “Recibimos muchos currículos en Asturias Acoge, pero no tenemos recursos para contratar profesorado”. Afirma que esta situación no es excepcional: “En muchas asociaciones ocurre lo mismo. Es un trabajo sostenido por personas que lo hacen porque quieren, pero no porque haya una estructura pública detrás que lo respalde”.

“Hay más entidades como Cruz Roja, Alfalar o Manos Extendidas que también ofrecen clases. Pero si se suman todas, no llega a ser suficiente”

La respuesta institucional: aulas y CEPA

Según la Consejería de Educación del Principado de Asturias, el sistema educativo cuenta actualmente con dos programas dirigidos a la enseñanza del castellano a personas extranjeras. El primero son las aulas de inmersión lingüística, destinadas a alumnado de Primaria (a través de profesorado itinerante) y Secundaria (con desplazamiento a centros de referencia), implantadas desde el curso 2004-2005. En la actualidad hay ocho aulas activas en diferentes partes de Asturias, atendidas por once docentes y con una matrícula de 357 alumnos.

El segundo son los cursos de Lengua y cultura española para personas inmigrantes en los Centros de Educación de Personas Adultas (CEPA), donde 308 personas están actualmente matriculadas. Los cursos son cuatrimestrales y cada CEPA adapta su currículo y selecciona su profesorado.

Una red insuficiente

Nazaret Sánchez valora positivamente estos recursos, pero advierte que no cubren toda la demanda: “Hay más entidades como Cruz Roja, Alfalar o Manos Extendidas que también ofrecen clases. Pero si se suman todas, no llega a ser suficiente. Para que alguien pueda realmente avanzar en el idioma, debería poder acudir todos los días o al menos varias veces por semana. Y eso ahora mismo no es posible”.

Además de Asturias Acoge, desde los años noventa Cruz Roja es otra organización clave en la enseñanza del castellano en el Principado. En 2024, 817 personas migrantes participaron en sus acciones de aprendizaje lingüístico, en el marco del proyecto de acogida integral. La mayoría tenía entre 30 y 44 años y provenía de hasta 69 países diferentes. Aunque no otorgan certificación oficial, estas clases permiten a las personas adquirir competencias básicas para desenvolverse en su vida cotidiana. La docencia corre a cargo de un equipo de 106 personas voluntarias, y en algunas localidades se ofrece formación también para niños y niñas desde los seis años.

En Avilés, Siero y Oviedo, estas clases se desarrollan en colaboración con la administración. En el resto, sin embargo, dependen exclusivamente de los fondos propios de la entidad.

Dificultades añadidas para aprender

La diversidad de perfiles del alumnado es otro factor relevante. Aunque en Asturias la mayoría de las personas extranjeras provienen de América Latina, en Asturias Acoge el perfil mayoritario es africano, sobre todo de Senegal y Marruecos. Según Nazaret, las trayectorias educativas de las personas migrantes condicionan profundamente su capacidad de aprender el idioma. “Hay personas que no han pasado nunca por una escuela, que llegan sin saber leer ni escribir en ningún idioma. Empezar desde cero a una edad adulta, en una lengua y una cultura completamente nuevas, no es fácil”.

Moussa Leye. Foto: Alisa Guerrero

En esa línea, Moussa insiste: “Se necesitan más clases, profesores, recursos adaptados. Porque no es solo una cuestión de ganas. El proceso es muy difícil. Yo mismo nunca fui a una escuela de francés en Senegal. Aprendí un poco de árabe, pero todo lo que sé de español lo he aprendido aquí, con mucho esfuerzo”.

“Muchos tienen que mandar dinero a sus familias, pagar alquiler, agua, luz… Y si nadie les apoya para aprender el idioma, se desaniman.”

Otro obstáculo, añade Nazaret, es la situación administrativa. Muchas personas se encuentran en situación irregular, lo que dificulta la estabilidad emocional y la disponibilidad para aprender. “Cuando alguien tiene miedo de ser identificado por la policía o necesita encontrar un trabajo urgente para sobrevivir, aprender castellano deja de ser una prioridad”, afirma.

Moussa lo resume así: “Muchos tienen que mandar dinero a sus familias, pagar alquiler, agua, luz… Y si nadie les apoya para aprender el idioma, se desaniman. Si el gobierno del Principado o los ayuntamientos no hacen algo, es muy difícil que la situación cambie”. Y el proceso de integración se perpetúa.

Más allá del aula: convivir con el asturiano

A ello se suma una particularidad del territorio: en Asturias conviven el castellano y la llingua asturiana, que forma parte del paisaje lingüístico, cultural y afectivo de muchas poblaciones de la región en diferentes grados y formas. Aunque el aprendizaje del castellano es, por razones prácticas, la prioridad para quienes llegan, no deja de ser significativo que su integración transcurra en un entorno donde, además, pueden existir otras formas de hablar y nombrar el mundo en el día a día.

Foto: David Aguilar Sánchez.

La complejidad lingüística del Principado no siempre se traslada al proceso formativo de las personas migrantes y no suele ser, por ahora, una preocupación estructurada dentro de los programas existentes. Tampoco suele ser una demanda explícita del propio alumnado, que bastante tiene con aprender una lengua nueva desde cero. Pero esta doble presencia lingüística, con sus afectos, símbolos e historias, además de los distintos niveles de amestáu que pueden oírse en las calles, configuran un contexto que, aunque no siempre visible, acompaña de fondo cada proceso de aprendizaje y a veces lo complica.

Un contexto demográfico en transformación

Según los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, en diciembre de 2024 Asturias contaba con 24.222 cotizantes extranjeros, un aumento del 17,42 % respecto al año anterior. De ellos, 17.608 procedían de países extracomunitarios. Además, la mitad de los nuevos empleos creados en 2024 en Asturias fueron ocupados por personas extranjeras.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), aunque algo desactualizados, a 1 de enero de 2022 residían en Asturias 7.755 personas nacidas en África y 2.956 nacidas en países asiáticos. Aunque estas cifras no permiten establecer conclusiones definitivas sobre su situación actual, ni sobre cuántas de estas personas requieren apoyo lingüístico, ofrecen una referencia útil para contextualizar la presencia de estos colectivos en el Principado. Además, es previsible que estos números hayan crecido en los últimos tres años, dado el aumento sostenido de población extranjera registrado en la región, eso sí, principalmente latinoamericana.

“La administración tiende a delegar esta tarea en las ONG. Se entiende como un trabajo comunitario, y eso está bien, pero sin recursos estables no se puede garantizar ni continuidad ni calidad en la enseñanza.”

¿Un modelo más justo de integración?

Este contexto subraya la importancia de facilitar la integración, no solo por razones sociales, sino también económicas. La enseñanza del castellano es una de las herramientas clave para que esta incorporación se produzca de forma eficaz y justa.

En palabras de Nazaret, “la administración tiende a delegar esta tarea en las ONG. Se entiende como un trabajo comunitario, y eso está bien, pero sin recursos estables no se puede garantizar ni continuidad ni calidad en la enseñanza”.

Moussa lo ve de forma directa: “Los recursos públicos son casi inexistentes si no tienes papeles. Para estudiar en el CEPA necesitas empadronamiento, pero sin papeles no puedes empadronarte. El camino se cierra por todos lados. La única opción real que hemos tenido muchos han sido las ONG. Pero, en realidad, las ONG no son un recurso del gobierno. Sin ellas, muchos se podría pasar toda una vida sin aprender el idioma”.

Estas valoraciones ponen sobre la mesa la posible necesidad de contar con un modelo de integración lingüística más estructurado, que no dependa en gran medida del voluntariado. Aunque en algunos países europeos el aprendizaje del idioma está regulado como parte de las políticas públicas de acogida, en Asturias este proceso sigue dependiendo en buena parte de las iniciativas impulsadas por organizaciones del tercer sector.

“Lo lógico sería que cada ayuntamiento tuviera clases gratuitas para inmigrantes. Incluso, aunque suene radical o provocador, pienso que podría ser obligatorio: si quieres empadronarte, tienes que hacer un curso de castellano. Pero que sea el ayuntamiento quien lo ofrezca y lo financie. Eso ayudaría a que más gente se anime a estudiar. Y es algo que ayudaría al que viene para integrarse y también a la sociedad en su conjunto que estará formando a migrantes en algo tan básico como el idioma, esencial para vivir y trabajar en cualquier país”, propone Moussa.

En un sistema donde el acceso al idioma puede determinar el acceso a todo lo demás, los retos siguen presentes para avanzar hacia una integración plena en lo personal, en lo social y en lo laboral de quienes llegan a Asturias desde otros países y aprenden castellano.

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