Impuestos. Lo demás es una gilipollez

En los 90 los ricos pagaban muchos más impuestos y ya eran ricos, muy ricos.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

«¿En qué momento se había jodido el Perú?». Es la frase más famosa del libro más famoso de Vargas Llosa. Y lo es porque atrapa un sentimiento que todo el mundo tuvo alguna vez y últimamente muchas veces: cuándo se jodió todo. Todas las frustraciones colectivas son peligrosas (y además injustas, pero eso no importa a todo el mundo), pero Iván Redondo apunta con finura cuál es la frustración más peligrosa, la que envenena el núcleo de la democracia. Es la del hijo del vecino, la de aquellos a los que nos referimos con lo de todo hijo de vecino. A los boomers nuestros padres nos decían que estudiáramos para no vivir como ellos. Lo pasaron mal casi todos en algún momento, pero sabían confusamente por qué: porque no habían estudiado, porque no habían tenido medios, porque aquel sinvergüenza los engañó, por aquel accidente, porque los explotadores mandaban o porque hubo represión. Aunque no se pudiera hacer nada, al menos conceptualmente se entendía la situación y sentían bajo su control lo más elemental: estudia y no hagas el ganso.

Pero ahora va ocurriendo otra cosa. No tuvimos ningún accidente, estudiamos y empezamos a trabajar con nuestra formación. No se trata de que no hubiera trabajo para eso para lo que fuimos formados. No se trata de que estemos en paro. Se trata de que sí estamos trabajando en lo que cumple nuestras expectativas, más altas o más humildes. Y con todo en orden, nos tenemos que ir de Mallorca porque nuestro sueldo de médico no alcanza para alquilar ni comprar piso. Consiguiendo todo lo que había que conseguir, no podemos soñar con comprar un piso, a duras penas podemos alquilarlo y cada vez es más difícil ir de vacaciones a alguna parte. Cada vez estamos fuera de más sitios. Ascendemos en el trabajo y cada vez podemos hacer menos cosas. Y por la parte humilde, sencillamente empieza a haber problemas de subsistencia. Cuándo se jodió el Perú.

Si todo hijo de vecino está mal aunque no le haya pasado nada malo, haya hecho lo que tenía que hacer y le hayan salido bien las cosas en una sociedad de libertades, es que no hay forma de caber en esta sociedad. Cada hijo de vecino empezará a enfurruñarse cuando le hables de las libertades que tiene y de la democracia en la que vive. Empieza a sentir un punto de liberación en lo que vaya contra esa sociedad en la que no se cabe y empieza a sentir como saturronería cargante cualquier mención a democracias, división de poderes o garantías constitucionales. Es una frustración que envenena el núcleo del sistema.

Con alborotadores, prensa lacaya y jueces ultras, la frustración de todo hijo de vecino pasa fácilmente al odio. Con un odio en busca de satisfacción y una población decaída propensa a arder en cualquier brizna de autoestima, tenemos el camino para que todo hijo de vecino apoye lo que le perjudica: gobiernos autoritarios que les quitarán las libertades, los servicios, la protección y cualquier sueño de reparto. Es decir, la ultraderecha. No busquen racionalidad. Es imposible que una persona humilde o un ingeniero crean que la ultraderecha les va a subir el sueldo, arreglar la sanidad, mejorar la jubilación o reforzar las plantillas. Es en parte odio hacia los hipócritas que defienden la justicia social y hacen lo mismo que ellos; son más las ganas de fastidiar al progre hipócrita que las de mejorar tu propia vida. Y es en parte autoestima. No te hablan de los grandes valores en los que tienes obligación de creer. Te hablan directamente de ti y del grupo orgulloso al que perteneces, que es tu lugar en el mundo y que tiene que desenmarañarse de rarezas que lo amenazan (musulmanes, homosexuales, feministas, izquierdistas de salón). Hay una escena de Cabaret que conviene revisar. En una especie de merendero, un joven con esvástica empieza a cantar con una voz bellísima un himno: «El sol en la pradera es tibio, el ciervo en el bosque corre libre, reunámonos para recibir la tormenta, el mañana me pertenece, el Rin entrega su oro al mar, la gloria espera en algún lugar, el mañana me pertenece, levántense levántense, el mañana me pertenece, patria muéstranos la señal que tus hijos esperan ver». A medida que avanza el himno se unen las voces del coro y al final todo hijo de vecino une su voz al estribillo puestos en pie. No hay ideas, solo autoestima. Qué es lo que lo jodió todo.

Subsiste quien tiene cinco cosas: vivienda, comida, médico, escuela y jubilación

Volvamos a lo básico. Subsiste quien tiene cinco cosas: vivienda, comida, médico, escuela y jubilación. Es pobre quien no tiene alguna o varias de las cinco. Tiene bienestar el que tiene algo más que la subsistencia. Quien tiene bienestar es clase media. El bienestar no es un refalfiu, es la participación en la riqueza nacional. Hay clase media cuando hay reparto. Cuando los ricos se lo quedan todo y desaparece la clase media, solo hay ricos que se hacen más ricos, supervivientes y pobres. Y ahí se jodió todo, porque los perdedores apetecerán líderes autoritarios … que son los perros de los ricos que se lo quedaron todo. Solo hay una forma conocida de repartir en una sociedad capitalista: impuestos. Así de sencillo.

Protesta contra el impuesto de sucesiones. Foto: Iván G. Fernández

En los 90 los ricos pagaban muchos más impuestos y ya eran ricos, muy ricos. Que ahora sean más ricos no es creación de riqueza. Uno de los éxitos de Trump es hablar claro. Pensamos con los materiales de pensamiento que tenemos en la cabeza. Por mucho que bramemos, Trump ya instaló en el paisaje mental de la gente, como una idea clara y una posibilidad nítida, aranceles contra el libre comercio y la anexión de Canadá y Groenlandia porque les hace falta. Da igual que abominemos de ello, es un ladrillo que está en nuestra mente y antes no estaba, y seguirá en nuestra mente mientras creamos que los demás lo tienen en la suya. Dijo que antes las personas que los peces, para justificar alguna atrocidad ecológica que llevará agua al sur, y cada americano siente que los demás americanos tienen en su mente la disyuntiva de peces o personas y así cada uno la tendrá en la suya.

La izquierda tiene la mala costumbre de no hablar claro. Nunca oí a nadie, en ninguna negociación ni debate, que la eliminación total de la enseñanza concertada es constitucional y una decisión posible. Que esa posibilidad sea material de pensamiento afecta a los acuerdos a los que se puede llegar. Las decisiones y las políticas pueden ser prudentes y matizadas. Pero la izquierda, cuando se siente oposición, tiende a decir cosas que suenan a catecismo y rigidez inaplicable. Y, cuando está en el poder o participa de él, tiende a trasvasar a las ideas la prudencia y sinuosidad de las políticas posibles. Y así acaba no sabiéndose si les parece bien o mal entregar la enseñanza a la iglesia con el dinero público. Así que actuemos con prudencia, pero pensemos claro y hablemos claro. Solo parará la apetencia de fascismo que no haya pobres, que no haya supervivientes y que la norma sea la clase media. Es decir, que haya bienestar, es decir, que haya reparto. Es decir, que haya impuestos altos a los ingresos altos, muy altos a los altos beneficios e impuestos altos a las herencias millonarias. Nunca hay que hablar de impuestos sin más. Hay que hablar de impuestos a las rentas altas y los ricos para decir lo que hay que decir: impuestos, más impuestos, bienestar para la mayoría. O se percibirá la democracia como un buenismo enervante y fallido e iremos hacia la brutalidad y salvajismo ultra con la candidez con que algunos buscaron juerga pinchándose heroína. Rutger Bregman, historiador holandés, lo dijo con frescura. Que los ricos hablen de filantropías sin hablar de impuestos es como que los bomberos hablen de apagar un incendio sin hablar del agua. «Podemos hablar todo lo que queráis sobre estas tonterías filantrópicas, podemos volver a traer a Bono, pero vamos a ver, tenemos que hablar de impuestos. Impuestos, impuestos, impuestos. Todo lo demás es una gilipollez». ¿Quieren hablar de los populismos autoritarios, de las listas de espera sanitarias, de mejorar la educación, del suministro eléctrico, de los retrasos de los trenes, del acceso a la vivienda? Taxes, taxes, taxes. Así es como me renta Asturias y España (ya me entienden). Impuestos. Y lo demás es una gilipollez.

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