Los hermanos Zeus, Posidón y Hades se repartieron el mundo cuando dio comienzo el reinado de esta nueva generación, los Olímpicos: Zeus se quedó con el brillante cielo, el trueno, el rayo, el mundo visible; Posidón con los mares y el espacio submarino; Hades con el reino de los muertos. Tenían tres hermanas, Deméter, Hera y Hestia, aunque ellas no fueron tenidas en cuenta en el reparto. Pero no nos precipitemos acusando de misoginia a toda la cultura griega. Vamos a darle una vuelta. Tampoco se repartieron las mujeres el botín de la guerra de Troya, sino que fueron parte de él, como es y era habitual en todas las guerras. En la Ilíada, Néstor, el sabio anciano, el consejero que tenía una voz dulce como la miel, les decía a los griegos que “ninguno se apresure a volver a su casa sin haberse acostado antes con la esposa de un troyano”, es decir, sin haberla violado. Sin embargo, de todos los héroes que combatieron en Troya, muchos murieron allí mismo luchando y los que, tras tomar la ciudad, se portaron como bestias saqueándola, quemando templos y altares, violando a las mujeres y sorteándoselas, sufrieron un duro castigo de parte de los dioses y, en su mayoría, murieron en el mar en su viaje de regreso a la Hélade sin volver a ver nunca su hogar.
Todos ellos cometieron hybris, que es hacer o decir algo que resulta vergonzoso para quien lo sufre por el simple placer de hacerlo y demostrar la superioridad: deshonrar a la otra parte y obtener el propio placer. No se trata de un término religioso, aunque tradicionalmente fue entendido como una ofensa a los dioses, como una forma de soberbia que parecía caracterizar al héroe y que le acarreaba la Némesis en forma de castigo de parte de esos mismos dioses. Pero lo que en realidad parece significar esta palabra es lo que he dicho, infligir deliberadamente un deshonor a otra persona con el deseo de establecer la propia superioridad. Ese ejército de aqueos, deseosos del botín troyano y de la fama, cometió hybris y los dioses los castigaron. Hay que colocar esto también en la balanza antes de calificar de misógina en bloque a la cultura en la que se creó esta historia.
El puro deseo de mostrar la superioridad y humillar al otro, elevado a la enésima potencia, lo demuestra cada día el estado colonialista y genocida de Israel que, contra toda razón, se ha hecho con el reparto de la ayuda humanitaria a sus propias víctimas y aprovecha para disparar contra ellos mientras esperan, hambrientos y desesperados, en largas colas bajo el sol. Es una auténtica locura. En palabras de Francesca Albanese, es increíble y abominable que los dirigentes de Israel, investigados por atroces crímenes de guerra, sean quienes controlen el flujo de ayuda a Gaza. Primero los bombardean, los queman vivos, dejan agonizar a los heridos bajo los escombros, vuelan los hospitales y refugios, y luego los conducen como a un rebaño a puntos de distribución de ayuda para disparar sobre ellos a placer. Si esto no es un holocausto, que me expliquen qué es. Y es también hybris y hay pocos dioses para castigar tanta maldad.

El estado genocida y colonialista de Israel ha atacado ahora a Irán, que, en consecuencia, ya que Israel es una democracia amiga de Occidente, es culpable por no dar las gracias y pedir más. Como señala Rafael Poch de Feliu, Irán no ha atacado a nadie, mientras que nuestro amigo y aliado Israel sí tiene arsenales nucleares y, como recuerda este mismo investigador, está cometiendo todas estas bestialidades al mismo tiempo: masacra a los gazatíes hambrientos que hacen cola en los puntos de distribución de comida (van casi 500 muertos y más de 3000 heridos en esas colas), bombardea Siria y Líbano, ataca el puerto de Hodeidah en Yemen y secuestra en aguas internacionales un barco que intentaba llegar a Gaza con ayuda humanitaria.
En el mismo marco de irracionalidad en el que se permite que sean los lobos los que procuren ayuda a las ovejas, tenemos que aguantar que Úrsula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, una vez que Irán ha respondido a los ataques de Israel, muestre su apoyo a este país y diga que ¡Israel! tiene derecho a defenderse. No hay por dónde coger a la diplomacia europea. Es un estercolero.
Si Trump y Netanyahu quieren repartirse el mundo, el resultado va a ser un espanto. No habrá cielo ni mares, sólo un infierno. Estaría bien que Europa reaccionara. Mark Rutte, esa especie de madelman de la OTAN, dice, queriendo ser gracioso cuando le preguntan por los recortes sociales que implicaría el gasto militar que está exigiendo, que si queremos tener sanidad vayamos aprendiendo ruso. Hay que ser memo. Ojalá, ojalá tuviéramos la mejor sanidad del mundo y además pudiéramos leer a Tolstoi y a Dostoyevski en su lengua original. Pedro Sánchez ha reconocido ahora, solo ahora, que el objetivo del 5% en inversión militar supondría un recorte en servicios públicos y ha escrito una carta diciendo que se niega a asumirlo. A Pedro Sánchez le gusta escribir cartas de vez en cuando y está muy bien. Esta vez ha sido porque han transcendido conversaciones de puteros repartiéndose mujeres. Puteros que han formado parte del consejo de ministros de nuestro país, puteros que son también culpables de hybris, que dan rienda suelta a su deseo de humillar e imponer su superioridad repartiéndose un botín de mujeres. Antes de que tuviéramos noticia de nuestro estercolero particular, el presidente negaba que el aumento en gasto militar fuera a repercutir en el estado del bienestar, igual que negaba el lawfare cuando no le afectaba. Sea como sea, me alegro de que haya escrito esa carta.
Por mi parte, estaría muy feliz de conocer todas las lenguas del mundo (y no sólo el ruso que tanto asusta a Rutte) para decirle en su propio idioma a cada uno de los señores de la guerra y de los puteros que lo pueblan que malditos sean.



























