Asturies llegó tarde, pero con mucha fuerza al movimiento LGTBI. En 1996, Xente Gai Astur, un colectivo muy joven, fundado tan solo cuatro años antes, llenando así el vacío asociativo existente hasta la fecha, introducía en el movimiento LGTBI una propuesta rompedora: superar la propuesta de las “parejas de hecho”, reivindicación de los colectivos en aquel momento, y empezar a hablar sin tapujos de matrimonio igualitario, en plena igualdad con las parejas heterosexuales.
El historiador Tino Brugos, uno de los fundadores de XEGA, apunta que en aquel momento cada asociación iba por su cuenta y no existía demasiada coordinación territorial entre las distintas propuestas de los colectivos. Construir un consenso en torno a la reivindicación del matrimonio igualitario llevaría tiempo y esfuerzo por parte de los activistas. En Asturies se daría un primer paso en ese sentido. En los encuentros confederales del movimiento LGTB, celebrados en 1997 en Xixón, la asociación asturiana haría campaña dentro del movimiento por el matrimonio igualitario, una propuesta que por aquel entonces parecía demasiado utópica e irreal, ya que XEGA hablaba incluso de exigir el derecho a la adopción de parejas gays y lesbianas.
Brugos señala que en aquel encuentro estuvo alguien que con el tiempo sería importante para esta historia, el abogado canario Pedro Zerolo, posteriormente presidente de COGAM, el colectivo LGTB de Madrid, más tarde concejal socialista madrileño y un importante dirigente del PSOE. Ambas entidades, XEGA y COGAM, serían claves en orientar a la nueva Federación Estatal de Gais y Lesbianas para pasar de la lucha por una ley de parejas de hecho a una ley de matrimonio igualitario.


Para Brugos aquella reivindicación inicialmente marginal se terminaría convirtiendo en uno de los ejes centrales de una nueva generación de activistas LGTB que llevarían al movimiento a ganar visibilidad y espacio público, así como a buscar alianzas parlamentarias con una izquierda en la que “se estaba produciendo una renovación generacional de la mano de políticos como José Luis Rodríguez Zapatero y Gaspar Llamazares, más sensibles a asumir las reivindicaciones de las minorías sexuales y apostar decididamente por el matrimonio igualitario”.


En opinión de Brugos “el matrimonio permitió acumular fuerzas a los colectivos LGTB y encontrar un elemento en común”. Tan solo algunos grupos muy minoritarios se mantendrían al margen de esta reivindicación por considerar que suponía una legitimación de la institución matrimonial y una asimilación del mundo LGTB a las convenciones heterosexuales.
Tan solo algunos grupos muy minoritarios se mantendrían al margen de esta reivindicación por considerar que suponía una legitimación de la institución matrimonial
Según Brugos la negativa del PP a ofrecer una alternativa “light” al matrimonio igualitario, como pudo ser la Ley de Uniones Civiles de Francia, o el matrimonio sin adopción portugués, “mantuvo al movimiento cohesionado y unido en torno a la reivindicación del matrimonio”. En el PSOE las dudas sobre un matrimonio de primera, con derecho a la adopción, se terminarían despejando, según confesión del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, tras una conversación privada con Pedro Zerolo.


El 3 de julio de 2005 España se convertía tras Holanda y Bélgica en el tercer país del mundo en reconocer el derecho al matrimonio de gays y lesbianas.
Brugos confiesa que no puede reprimir “cierta indignación” tanto por aquellos que se callaron, mientras los activistas luchaban por sus derechos, como sobre todo por los cargos públicos del PP que siendo gays o lesbianas llegaron a poner su firma en el recurso de inconstitucionalidad.
Paradójicamente aquel recurso del PP, explica Brugos, provocó una sentencia del Tribunal Constitucional que ha terminado blindando el matrimonio igualitario en España: “Vox podrá afirmar que el matrimonio igualitario es anticristiano, pero no puede decir que sea anticonstitucional”.
Transcurridos 20 años de una Ley del Matrimonio Igualitario pionera, tras la que han venido otras similares en América, Europa y algunos lugares de Asia, Brugos explica que lo que “parecía iba a ser un avance en línea recta” se está encontrando con una nueva oposición en movimientos globales reaccionarios que en la UE tienen su plaza fuerte en la Hungría de Orbán. Frente a quienes, entre otras cosas, quieren volver a recortar las libertades sexuales, el historiador y sindicalista considera fundamental renovar y reforzar la alianza entre movimiento feminista y movimiento LGTBI.



























