En pleno Parque Natural de Somiedo, donde las brañas se extienden entre laderas verdes y nieblas persistentes, un grupo de personas ha decidido apostar por lo improbable: convertir antiguos teitos —las cabañas tradicionales de techo vegetal— en una quesería de alta montaña, un modelo inédito a nivel europeo, que cuenta con el respaldo del chef José Andrés como uno de sus socios.
“Queremos que esto marque un antes y un después, no solo en la industria quesera asturiana y española, sino también en la europea”, explica Pascual Cabaño, uno de los promotores del proyecto, cuya experiencia previa con el queso Rey Silo ha servido de base técnica y emocional para embarcarse en esta nueva aventura.
De idea a plan viable: una iniciativa con alma
La semilla del proyecto no surgió entre balances económicos ni en una oficina de planificación, sino de una conversación entre referentes del mundo rural asturiano. Fue una idea impulsada por el ingeniero agrónomo Santiago Menéndez de Luarca y el economista Jesús Arango, dos figuras clave en la protección del patrimonio natural y cultural de la región. “Fueron ellos quienes nos advirtieron que los teitos estaban condenados a la ruina si no se les daba una nueva función”, recuerda Cabaño.
La propuesta fue sencilla pero poderosa: instalar la quesería directamente en los teitos, aprovechando estructuras históricas en desuso para devolverles vida productiva. No se trata de sustituir la quesería existente en Pravia, sino de complementarla con un modelo descentralizado basado en el respeto al territorio, la economía circular y la sostenibilidad.
Aunque el uso de teitos no encarece el proyecto, sí ha supuesto un reto añadido en términos administrativos, especialmente por tratarse de edificaciones etnográficas en un entorno protegido.
El proyecto contempla la rehabilitación de cinco teitos y la construcción de un edificio nuevo, parcialmente enterrado en la ladera de la montaña. La dispersión de las edificaciones, sin pasillos ni conexión física directa entre las estancias, representa un reto logístico. “El pasillo aquí es la naturaleza, es el camino de la braña“, explica Cabaño.
Una de las ideas más sorprendentes es la rehabilitación de la antigua mina de hierro de Santa Rita, junto a los Lagos de Saliencia, como túnel de afinado de quesos. Un gesto simbólico y práctico: transformar una instalación minera abandonada en un espacio de maduración para productos vivos da cuenta del enfoque regenerativo del proyecto.
“La leche utilizada será exclusivamente de la zona, y se pagará entre 1 y 1,10 euros por litro, el doble de lo habitual.”
Energía limpia, economía circular
El suministro eléctrico provendrá de una pequeña central hidroeléctrica ubicada en la campa de la braña —una antigua instalación de Hidroeléctrica del Cantábrico, ahora gestionada por EDP. Para el tratamiento de aguas residuales se instalará una depuradora con tratamiento primario, secundario y terciario. El agua, ya depurada, se conectará al saneamiento del pueblo de Saliencia, situado a menos de dos kilómetros.
¿Y el suero del queso? “Lo recogeremos en un tanque y lo bajaremos a Pravia, donde lo convertiremos en mantequilla y proteína líquida para el sector parafarmacéutico”, explica. Actualmente no existe tecnología desarrollada para este tipo de transformación. “No será un gran volumen, pero será una mantequilla muy especial”, añade con convicción.
Una quesería sostenible con raíces ganaderas locales
Desde el principio, uno de los pilares del proyecto ha sido la colaboración con los ganaderos de Saliencia y Somiedo. La leche utilizada será exclusivamente de la zona, y se pagará entre 1 y 1,10 euros por litro, el doble de lo habitual. “No tiene ningún sentido traer leche desde Tineo o la costa”, dice Cabaño. La lógica es clara: garantizar viabilidad a las explotaciones ganaderas locales, con precios justos y compromiso a largo plazo.
El modelo busca no solo comprar leche, sino convertir a los ganaderos en socios del proyecto, reforzando el tejido productivo y social de la zona.

Pequeño en escala, grande en impacto
El impacto económico no se mide solo en cifras absolutas. “En Somiedo, un proyecto como el nuestro tiene el mismo valor que uno de 300 millones con 100 empleos en Oviedo”, argumentan sus impulsores. Frente al centralismo económico que privilegia grandes núcleos urbanos, este proyecto reivindica el potencial transformador del medio rural.
“Asturias no puede pensar solo en Oviedo, Gijón o Avilés. También hay que pensar en los pueblos de montaña que nadie mira y que, sin embargo, son los que guardan la esencia del territorio”, añaden.
Complicidades políticas y horizonte de trabajo
La propuesta cuenta con el respaldo del alcalde de Somiedo. Además, la iniciativa fue presentada en 2020 al presidente del Principado, Adrián Barbón, que —según relata Pascual Cabaño— mostró su apoyo inmediato al proyecto.
La Fundación Caja Rural de Asturias ha financiado el proyecto arquitectónico básico, y Jesús Arango ha elaborado un riguroso estudio de viabilidad económica. Con ambos instrumentos, el equipo promotor ya ha comenzado a solicitar ayudas públicas.
“Las obras comenzarían en 2027 y los primeros quesos podrían salir al mercado en 2029”
También está implicado como socio el chef José Andrés, conocido por su labor humanitaria y su compromiso con modelos de alimentación sostenible. “Está entusiasmado con el proyecto, aunque siempre nos recuerda que hay que tener los pies en la tierra y hacerlo rentable”, cuentan.

En un concejo de alta montaña como Somiedo, marcado por la despoblación y la falta de inversión estructural, este respaldo institucional no es menor. Que el alcalde local y el propio presidente del Principado respalden un proyecto productivo, artesanal y arraigado en el territorio lanza un mensaje claro: hay espacio para iniciativas rurales de alto valor añadido que no renuncian ni al paisaje ni a la innovación. Para los promotores, ese tipo de apoyo no solo facilita trámites, sino que legitima socialmente una visión alternativa del desarrollo económico.
Plazos y futuro
El calendario previsto es exigente pero realista. Las obras comenzarían en 2027 y los primeros quesos podrían salir al mercado en 2029. “Es un proceso lento, pero razonable para un proyecto de esta complejidad”, reconocen.
Al ser preguntado por cómo imagina el futuro del proyecto, Cabaño no duda: “Si lo hacemos bien, será un referente no solo para Asturias, sino para España y para Europa. Una quesería de alta montaña, en un parque natural, que recupera construcciones ganaderas y mineras para darles nueva vida, no existe en ningún otro lugar”.
Porque este proyecto no se limita a elaborar queso: reconstruye vínculos, recupera oficios y desafía el abandono. Teito a teito, construye también una idea posible de futuro rural.



























