Juanjo

Nació en el gijonés barrio de La Arena, justo frente a la Fábrica del Gas en la que trabajaría y militaría sindicalmente.

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Pedro Pablo Bazán
Pedro Pablo Bazán
Asalariado. Como A·L·M·A ha publicado el álbum 'Invierno Totalitario'

Todos los 20 de julio son para mí días de recordar a Juanjo, pues es el aniversario de su nacimiento: 1933, (aunque oficialmente fuese inscrito el 23, él siempre afirmó haber nacido el día 20). Juan José Díaz; Juanjo “el de Hidroeléctrica”, Juanjo “el cejas” -ejem-, Juanjo, brazo ejecutor en la sombra como cura de humildad; de la “Academia Obrera de la calle Cura Sama” por ejemplo; Juanjo pionero en las CCOO, en la reconstrucción de la CNT, Juanjo la cabeza visible del “Aula Popular José Luis García Rúa”, en fin, Juanjo: el amigo, el compañero, el apoyo, el confidente.

José Luis García Rúa con Juanjo Díaz Fernández.

Nos dejó Juanjo un 8 de enero de 2022; pero las personas que queremos, la que nos dejan huella, viven eternamente mientras las recordemos y las tengamos presentes en nuestros pensamientos y en nuestras acciones. Cuando nos sirven de ejemplo constante, cuando ante una situación decimos para nosotros mismos: “Juanjo habría hecho esto”, cuando afirmamos: “Juanjo estaría de acuerdo”.

Vivió Juanjo una vida larga, plena, llena de acontecimientos que marcan un carácter, que crean escuela con su ejemplo, que dejan huella en aquellos que lo conocimos, (aunque breves fuesen los años de amistad íntima que compartimos algunos como yo).

Nació en el gijonés barrio de La Arena, justo enfrente de dónde desarrollaría su trayectoria profesional, su vida de militante sindical, pero -sobre todo-, su vida de compañero: frente a la Fábrica del gas.

Uno de sus primeros recuerdos tenía como escenario el Xixón asediado por los bombardeos facciosos: con cuatro años recién cumplidos, cruzaba la calle que separaba su humilde casa de la fábrica de gas de la mano de su madre entre sirenas que anunciaban un inminente bombardeo de la aviación al servicio de Franco, la alemana ‘Legión Condor’, entre los gritos de un ‘Guardia de Asalto’, que les conminaba a correr al refugio que se hallaba en dicha fábrica.

Instalación placa conmemorativa en la Comisaría de la calle Cabrales (Xixón). Xixón 29 enero 2005.

Son muchas más las experiencias vitales que acumuló Juanjo y pocas las que se pueden reflejar en estas breves líneas que solo pretenden ser un pequeño homenaje-recuerdo al amigo que sigue ahí; su amistad vital con José Luis García Rúa, sus acciones clandestinas durante la dictadura que, entre otras cosas, le valieron penar por los presidios del régimen debido a una delación, (justo es reconocer su silencio sabiendo quién era “el compañero” -sic- que había propiciado su caída), ni en la cárcel paró su militancia (al frente de ‘Comunas’, por ejemplo), ni su apoyo siempre que era necesario y a quién lo necesitara, su siempre “estar ahí”, su discreción, su serenidad (como cuando todos corrían a pasar la noche de la intentona golpista del 23F de 1981 ocultos, y Juanjo se fue a su casa a dormir como si nada pasara), su honestidad, su “dar la cara” por quién lo necesitara, su no cesión ante nadie ni nada, su tozudez convertida en virtud.

Acudía a París en esos agostos de asueto, a ver cine entre otras cosas, su gran pasión, su vocación frustrada por una vida de trabajo en la España

Porque Juanjo fue un ácrata puro, un hombre fiel a su pensamiento, una persona que siempre obró como pensó, un amante de los libros, el cine y la buena cultura en general, de la amistad, de la fraternidad como eje vital.

Juanjo.

Me recordaba Juanjo como pasaba sus vacaciones en agosto haciendo auto stop hasta a Francia; cuando fue a visitar al “Maestro”, a Eleuterio Quintanilla en su exilio de Burdeos (al que no encontró pues éste aprovechaba el mes para a su vez irse de vacaciones), quizás sea ésta una metáfora vital que resuma una vida entregada a una causa, para muchos perdida de antemano, para otros (entre los que me incluyo) ganada con mucho esfuerzo y plena dedicación.

Acudía a París en esos agostos de asueto, a ver cine entre otras cosas, su gran pasión, su vocación frustrada por una vida de trabajo en la España de miseria de la posguerra. Disfrutaba también viendo obras teatrales y representaciones de vanguardia, como las del grupo ‘Pánico’, en primera fila, donde más físico y directo era el contacto entre artista y público, donde la línea entre representación y observación se volvía más fina, hasta romperse, siendo seguramente el único que las disfrutaba porque las entendía, no como el ofendido público francés con sus escándalos y alborotos ante el genio de Arrabal, Jodorowsky y compañía.

Juanjo era un amante de la juventud, veía en ella el pulso vital, la fuerza del que descubre, la semilla del porvenir, la alegría, el empuje, la pasión… Juanjo era joven, siempre fue joven aunque representara la experiencia, la sabiduría, la acumulación de conocimientos de la que solo es capaz el viejo. Viejo por haber vivido, por haber estudiado, por haber trabajado y por haber asimilado.

Si corta en el tiempo fue mi amistad con Juanjo comparada con otros estándares, intensa como ninguna otra fue. Siempre estará ahí, acompañándome en mis dudas, guiando con su recuerdo mis pensamientos, mis acciones, mis silencios…

Juanjo: te echamos todos mucho de menos.

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