Masa, provocación y claridad

Al PSOE y la izquierda estatal les pasa con la financiación autonómica y el estado plurinacional lo que al PP le pasa con la xenofobia.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

Barbón dice que no aceptará un sistema de financiación catalán especial. Álvaro Queipo dice lo mismo. Pero suena más claro cuando lo dice Queipo que cuando lo dice Barbón. A veces la claridad y la contundencia están en el contexto. El contexto de Queipo es que España se rompe y Cataluña y Sánchez nos roban. El contexto de Barbón es que lo de la financiación de Cataluña es como lo de la OTAN: de entrada, no. El mensaje de Queipo es tóxico y falso, pero es claro y confirma estados emocionales, lo que le da octanaje. El de Barbón, con las mismas palabras, es temeroso y vacilante, como no queriendo ir demasiado lejos. La claridad es requerida para la contundencia y esta es necesaria para combatir la desorientación y la desinformación y para compactar a los afines.

No es cosa de Barbón. Al PSOE y la izquierda estatal les pasa con la financiación autonómica y el estado plurinacional lo que al PP le pasa con la xenofobia. Tartamudean ante una patata caliente que no les cabe en la boca. La xenofobia es una cuesta abajo que hace resbalar al PP hacia el racismo, la violencia supremacista y los aires autoritarios de la ultraderecha. No es ahí donde quiere estar. Pero quiere ser cómplice de la xenofobia porque es un caladero de votos de bajo coste estratégico y punto de máxima confrontación con la izquierda. Querer estar en la xenofobia, pero sin resbalar, le lleva a un discurso tembloroso, frente a la claridad de Vox. A la izquierda le pasa con el tinglado plurinacional. La izquierda quiere complicidad con los nacionalistas y habla de naciones, como ellos. Sin claridad, balbucen con la primera y elemental pregunta: ¿cuántas naciones hay en España? «Por lo menos cuatro», dijo Sánchez en celebrada ocasión. Por eso el procés desgastó al PSOE y hundió a Podemos. Ni el PSOE fue claro con las delirantes cargas policiales ni Podemos con el pretendido referéndum. No hubo claridad. No cabe esperar que Barbón tenga claridad donde la izquierda no la tiene, como le pasará a Queipo cuando algún grupo de tarados se crean cruzados de la cristiandad y reserva de la españolidad contra inmigrantes.

Queipo, Ayuso y Feijóo. Foto: PP.

Recordemos dónde estamos. Todos pensamos como individuos y dejamos de hacerlo como masa. Pensamos cuando vamos a comprar ropa y nos hacemos masa no pensante en un cine con un incendio. Lo característico de la masa es lo que Elías Canetti llamó la descarga, el punto en que los sujetos se sienten idénticos, abandonan diferencias e individualidad y se diluyen por completo en la masa, que opera con sus propias reglas. En un incendio no, pero muchas veces es un sentimiento liberador, es salirse de uno mismo, dejar nuestras rutinas, nuestras cargas y tensiones. Nos acercamos a eso en un concierto de Marilyn Manson o en una febril noche de sábado bailona. La masificación en la conducta política se consigue, en tiempos de ansiedad, con la transgresión y la ira, y se fortalece con la provocación. Nadie cree que Vox nos vaya a mejorar el médico o la jubilación y nadie cree que se vive mejor sin médico ni jubilación. Nadie quiere volver a Franco, ni cree que asesinar a gente durante décadas fuera aceptable. Pero es transgresor y desvergonzado decir que la sanidad pública es una estafa y que el que no tenga jubilación que hubiera ahorrado, y mentar a Franco con el brazo en alto, hay algo liberador en la indignación biempensante en una sociedad en la que siempre pierdo. No es bonito cagarse en Dios en la catedral, pero hay algo liberador en implar de ira al obispo. La agitación de prejuicios y falsedades para erizar emociones de ira y odio nos masifica y nos acerca a esa descarga de Canetti en la que apenas pensamos. Solo como masa podemos ir corriendo a votar contra la Seguridad Social.

La provocación es una intensificación del cinismo, porque desafía e intimida, es decir, escandaliza

Se mantiene esa tensión mediante la provocación. La provocación es una intensificación del cinismo, porque desafía e intimida, es decir, escandaliza. Estar escandalizado supone estar paralizado, no tener iniciativa ni más conducta que reacciones previsibles a la provocación y haber abandonado el control de la conducta propia. Es estar desquiciado. La ultraderecha quiere que la política ortodoxa y las instituciones suenen a monja. Ver desquiciado al staff es tan perversamente liberador como enrojecer de ira al obispo. Por eso no solo son desvergonzados en la forma de referirse a la igualdad o las libertades. Son soeces y deslenguados y, a medida que la masa se compacta, agresivos y violentos.

En este estado de cosas no hay nada peor que la falta de claridad, recordemos, necesaria para la contundencia. Solo con claridad y contundencia podemos enfrentarnos a la masificación y la desinformación. Sigamos con el ejemplo. La izquierda, pero sobre todo Barbón, que es el presidente, no habla claro de la fiscalidad autonómica. No dice alto y claro que Cataluña tiene una relación fiscal correcta con el estado, sin privilegios especiales ni agravios. No dice alto y claro que la descompensación es Madrid: es el 1,5% del territorio y tiene el 15% de población y el 20% del PIB; el 40% del empleo público de España está en Madrid y el 72% de la contratación pública de todo el estado; el 65% de la actividad de las empresas privadas con el estado está en Madrid, solo el 9% de su economía es industria. Madrid acapara el Estado. (Dio estos datos en NORTES el recordado David Rivas). Las millonarias rebajas fiscales a los ricos lo convierten en una aspiradora de los recursos de otras comunidades. El gasto público por habitante es el más bajo de España, es decir, el dinero que fluye hacia Madrid no mejora la vida de los madrileños, sino la cuenta corriente de los ricos. La aspiradora saca recursos de nuestros hospitales y los deja en los bolsillos de los ricos. Si de ruptura de España se trata, Madrid es ya un estado dentro del estado. Nadie tiene que tolerar una financiación catalana que nos perjudique, pero tampoco debe tolerar el desaforado centralismo actual de Madrid. Hágase un pronunciamento claro y pídase compromiso a Queipo, que sea él el que tartamudee ante el ceño fruncido de la M 30. El impuesto de sucesiones de Madrid es una estafa. Si lo que se gana trabajando paga impuestos, las fortunas que se heredan sin trabajar, bien heredadas estén, pero que paguen impuestos. Dígase claro y replíquese con contundencia al rico señor Fernández Vega. Claridad y contundencia. Así se compacta a los afines, se pone el estado emocional de las mayorías en las ideas progresistas y se corrige la masificación.

David Rivas. Foto: Iván G. Fernández

Nos quieren ante las urnas como ante un incendio, en estampida descerebrada. Quieren que la vida pública se rija por aquella ley de Murphy de que la inteligencia de la humanidad es constante y la población está creciendo. Las derechas solo tienen patria si la gobiernan y, cuando la gobiernan, la depredan. La cosa va más allá de Montoro. El efecto espectador consiste en que tendemos a actuar más ante un problema si somos pocos. Si hay un accidente en una zona concurrida, asomamos la cabeza y nos vamos por la sensación de que habrá alguien que haga algo. La conducta de la derecha en el poder hace pensar que no es lo que decía Montoro, que caiga España, que ya la levantaremos nosotros. Es más bien el efecto espectador: que caiga España, alguien la levantará. No se puede entender de otra manera que, mientras en Italia Elsa Fornero rompió a llorar al anunciar la austeridad, en España Montoro y Rajoy se troncharan de risa. Aquellos años en que Montoro jugaba con decenas de miles de millones del dinero público (trapicheos, rescate a la banca, hucha de las pensiones) desaparecía un puesto de profesor por hora (hice la cuenta). Al levantarme, sabía que había siete profesores menos mientras estuve dormido. Era para partirse de risa.

Las mayorías están donde se encuentren abuelos y nietos. Ese espacio lo copará la claridad. Vox es despreciable, pero clara. Lo que compacta a los progresistas es lo que ofende a las oligarquías y sus ultras y solo se ofenden cuando sienten que pierden, cuando sienten los propósitos de la izquierda ubicados en el sentido común de las mayorías, en ese punto en que el sentido común moviliza. Señores de la izquierda sean claros. Y ofendan.

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