Retrato del sector musical en Asturias. Parte I: ¿Quién no quiere ser Taylor Swift?

La periodista y música Alicia Álvarez analiza el sector musical asturiano en dos artículos tras entrevistar a 300 artistas en Sonadía, de la TPA.

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Alicia Álvarez
Alicia Álvarez
Es música y periodista.

¿Quién no quiere ser Taylor Swift? La pregunta la lanzaba al aire Sandra Lusquiños —voz del grupo avilesino Alexandra in Grey — en uno de los capítulos de SONADÍA, programa musical producido por Zebrastur que acaba de culminar su segunda temporada en TPA tras varios meses testimoniando el riquísimo y amplio sector musical asturiano. ¿Quién no querría ser la famosa cantante americana?, se planteaba Lusquiños pensado, ya no tanto en Swift como un referente artístico, sino más bien como un ejemplo de alguien que cuenta con un equipo y enormes recursos para poder desarrollar su proyecto musical.

Una sensación muy lejana a la que experimentan la mayoría de grupos asturianos que tratan de sobrevivir en una industria musical que ya no se rige por las reglas de las grandes discográficas, sino por las de las plataformas de streaming como Spotify o Appel Music, a las que el disco, como obra cerrada, ya no les resulta rentable. Lo que les interesa ahora a estas macroempresas es la publicación constante de nuevas canciones. Los singles como perpetua novedad comercial, de ahí que los artistas se vean arrastrados a producir canciones de forma continua y, por extensión, a promocionarlas y autopromocionarse en las redes sociales; su principal canal de difusión.

Es cierto que no lo hacen todos, algunos como el sexteto asturiano The Soulers, se rebelan y —siendo muy consencientes de estar llevando la contraria— apuestan por editar antes el disco en formato físico que en digital, pero no es la norma. La mayoría de artistas claudican ante las exigencias del mercado musical y van publicando uno a uno adelantos que, puede que algún día terminen por formar un disco.

“Hay que alimentar a la bestia”, decía el realizador asturiano de videoclips Titi Muñoz al analizar lo mucho que ha crecido la demanda de material audiovisual en los últimos años. Videos, teasers, canvas que alimentan a las plataformas digitales por cada nueva canción; una tarea costosa y sin apenas recompensa para aquellos músicos que no cuentan con sellos o agencias que los respalden económicamente y que, con el tiempo, se vuelve extenuante. “Con lo que me cuesta hacer un video que va a verse dos minutos en las redes, mejor me voy de viaje”, decía Maria Casals, una de las jóvenes voces de R&B en Asturias; afincada en Madrid, profe de música, compositora, intérprete y parte de una coral femenina, María vive de la música pero no de su proyecto artístico, que es otro de los denominadores comunes del sector: en Asturias los profesionales desarrollan, casi por norma, varias actividades dentro del ámbito musical para sumar entre todas un sueldo.

Y es que los cambios tecnológicos de las últimas décadas en las comunicaciones han propiciado que el artista tenga que gestionar su imagen y la difusión de su música a través, prácticamente, de un único canal: el teléfono móvil. Ahí lo buscarán, encontrarán, descartarán, y ahí se perderá —si no logra la atención necesaria— en el scroll infinito. “Me di cuenta que yo tenía que generar ese contenido continuamente y que, si no se cumplían mis objetivos, me frustraba”, decía Casals en SONADÍA.

Con Puño y Dragón.

Una frustración real, porque las RRSS se alimentan gratis de esos contenidos, pero el artista tiene que pagar por crearlos. Un desequilibrio que va mermando las ganas y la energía de muchos músicos y músicas, porque, para que exista esa publicación, ese pequeño video, esa foto… y permanezca en la pantalla sin que el pulgar la deslice rápidamente hacia la nada, esa banda o solista habrá tenido que invertir tiempo y dinero en generar ese contenido.

La contrapartida, dependiendo del algoritmo y otros factores externos, será casi seguro unos pocos likes que se perderán como lágrimas en la lluvia entre las infinitas publicaciones que se difunden cada día en Tik tok o Instagram. Lo saben bien jóvenes como Tanna Dona y Xtina, veinteañeras y único exponente femenino del reguetón en Asturias. “Menos ser productoras, lo hacemos todo nosotras” y ese todo, para quince segundos en la pantalla del móvil, abarca ser desde las compositoras de sus canciones hasta ser las cámaras, maquilladoras o fotógrafas de su propio proyecto musical.

El hartazgo digital es, con total seguridad, la reflexión que más veces se ha repetido entre los participantes del programa en esta segunda temporada; 45 proyectos, individuales y colectivos, que suman 132 músicos y músicas de muy diversos géneros con los que hemos charlado y a los que hemos visto tocar en directo.

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