Unirock en Veiga, donde hasta las ballenas son heavys

En el puerto, a dos pasos del escenario central, hay una pintada que resume el espíritu del festival: La vida es muy corta para odiar.

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Xuan Cándano
Xuan Cándano
San Esteban de Bocamar (1959). Periodista. Redactor en RTVE-Asturias. Fundador y exdirector de Atlántica XXII. Es autor de "No hay país".

En los años 60 del siglo XX unos de los muchos grupos musicales que aparecieron en Veiga (Puerto de Vega) se llamaba Saratoga. Que ya bien avanzado el XXI uno de los grupos del cartel del festival Unirock, que se celebra en este pueblo pesquero del Occidente asturiano, fuese la banda madrileña del mismo nombre no es exactamente una casualidad. De la Saratoga de hace más de medio siglo, uno de aquellos conjuntos que se solían denominar músico-vocales, a la Saratoga heavy actual va una rica evolución musical en uno de los pueblos más melómanos del Cantábrico.

Los que organizan el Unirock, una asociación local con la que se vuelca todo el pueblo, y los que tocan y cantan en sus escenarios son los nietos y nietas de aquellos pioneros de la música moderna. De Veiga era también Dóberman, una de las grandes bandas de rock de la Asturias de primeros de los años 80. Entre los organizadores también hay músicos, como los hermanos Chinki, José Carlos y Roberto, del grupo Skuld, con muchos seguidores en el Occidente asturiano.

Eneko, Roberto y Chinky en la camioneta del Unirock que recorre el pueblo. Foto: Jorge López Novales
Asistentes al concierto L’Atalaya de Veiga. Foto: Jorge López Novales

El Unirock se ha convertido en una cita imprescindible de los seguidores de la música heavy en España y acuden a ella de muchas partes del Estado. El histórico puerto ballenero, donde murió Jovellanos en su huida de los invasores franceses, se viste de negro durante el fin de semana. Riadas de melómanos heavys, de todo tipo de edad, inundan las pintorescas calles de Veiga y completan un espectáculo tan reseñable como el que sucede encima de los diferentes escenarios.

Este año el programa aumentó y se prolongó durante todo el fin de semana. Hubo talleres para los críos, que también tocan y cantan, una sesión vermú con Blister, la imprescindible caravana de músicos que se mezclan para actuar en diferentes lugares del pueblo y el concierto final con las estrellas invitadas. En esta última edición fueron La Morgue, Blues Decker, Rage , la primera banda extranjera que acude al Unirock, y Barón Rojo, que conservan la fuerza y la contundencia con la que nacieron.

Decenas de músicos actúan en los diferentes escenarios de Unirock. Foto: Jorge López Novales
Al Unirock también se suman los cabezudos, que amenizan las fiestas de Las Telayas de Veiga. Foto: Jorge López Novales

Todos los conciertos son gratuitos y al aire libre, aunque los de los invitados se celebran en una carpa en el muelle. Los organizadores cuentan con la ayuda y el apoyo entusiasta de 1200 socios. Hace años pleitearon contra la Sociedad General de Autores al considerar que sus tarifas eran abusivas y ganaron en los tribunales. La asistencia este año batió registros. Sin duda acudieron más del doble de espectadores que habitantes tiene Veiga, que no llega a los dos mil.

Rage en plena actuación. La banda alemana fue la primera extranjera que participa en el Unirock. Foto: Jorge López Novales

Para quienes no gozan con la música heavy el género les puede parecer duro, incluso esos ritmos tan repetitivos y contundentes les pueden resultar inquietantes. Pero una visita a Unirock les convencería que no hay seguidores tan pacíficos y hermanados como los heavys. En la ya larga marcha del festival jamás hubo un incidente reseñable. También se darían cuenta de que no se trata exactamente de una tribu urbana, porque el heavy es hegemonía musical en pueblos como Veiga, una pasión que comparten padres y hijos desde la más tierna edad. Hay cantera en la tribu rural y en un pueblo hasta donde las ballenas, que ya no se cazan, pero siguen pasando por las aguas del Cantábrico, deben mover su gran esqueleto al ritmo endiablado del heavy.

En el puerto, a dos pasos del escenario central, hay una pintada que resume el espíritu del pueblo y de su gran festival heavy: La vida es muy corta para odiar. Se vio este fin de semana en Veiga, donde en una terraza tocaban unos tunos y se oían cumbias en una sardinada con la que los vecinos reciben a los visitantes, mientras el rock más duro no deja de sonar hasta bien entrada la madrugada. Transversalidad musical, buen rollo, cultura popular, alegría de vivir. Es dudoso que a Jovellanos le gustase el heavy, pero estaría orgulloso que comprobar lo bien que funciona la sociedad civil en el pueblo que vio su vida apagarse.

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