DiversAvilés (DIVA) no es un ciclo “sobre” discapacidad; es un festival abierto a todo el mundo en el que la diversidad funcional ocupa el foco. “Programar con y desde ellas y ellos”, resume Bernardo “Berni” Collada, una de las personas que lo empujan desde dentro. Con esa premisa —tres años ya de rodaje— la ciudad vuelve estos días a cruzar artes, públicos y espacios.
El arranque de semana fijó el tono. Entre otras actividades, una ruta accesible abrió camino: recorrido guiado y sin barreras, de la Casa de Cultura al Conservatorio Julián Orbón, para probar la ciudad en condiciones reales de accesibilidad. En paralelo, las exposiciones —15 años rodando (Casa de Cultura) y Retratando Asturias y Güela (Factoría Cultural)— pusieron imágenes y memoria. Hubo cine con Una función inesperada y el documental gallego Devolvendo o golpe, y una conversación con la actriz Belén González del Amo y el cineasta Emilio Ruiz Barrachina.
También pasó por la semana Diversa Radio Activa, la emisora itinerante que monta estudio allí donde hay público y que dirige Berni: radio en directo, sin atajos ni guiones paternalistas, hecha por y para la diversidad funcional. “Cuando son ellas y ellos quienes toman la palabra, el discurso cambia de sitio”, dice.

En ese mismo registro, el jueves tuvo nombre propio: Antonio Centeno. Presentación, proyección y debate en torno a Yes, We Fuck —sexo y diversidad funcional sin eufemismos— y, después, un encuentro con Inma Ruiz de Lezana para aterrizar preguntas y derribar tópicos. “Nos gusta que el talento salga de lo común y ocupe el centro del plano”, añade Berni. Con ese impulso, el festival entra hoy en su tramo más bullicioso.
Viernes: escenario encendido, cabina preparada
La mañana arranca con una dosis de autoestima colectiva: el Concurso de Talentos en la Casa de Cultura. No es un show condescendiente; es una pista real para cantar, bailar, recitar y sorprender. Berni lo ha presentado otros años y sabe lo que pasa ahí: “Es un subidón para ellas y ellos: luces, escenario y el foco en cada participante”. No hay trampa: quien gana recoge su trofeo y quien no, abraza y aplaude. La fiesta va por dentro y también hacia afuera.
Por la tarde, Factoría Cultural cambia el pulso. A primera hora, Berni se pone didáctico frente a una controladora: taller de DJs para aprender a mezclar sin que “cabalgue” la música, a escuchar la pista y a entender que pinchar es —sobre todo— leer al público. “Hay más DJs que periodistas, pero buenos hay los que se curran la escucha”, bromea. A continuación, Zumba: hora y media de movimiento guiado por Gaby Zin. Nada de vitrinas: sudor compartido y cuerpo a cuerpo con el ritmo.
“A las diez de la noche, el mismo escenario abre la cabina a Pascal Kleiman junto a DJ Sandy Love en un back-to-back.”
Y de la gimnasia a la leyenda. A las diez de la noche, el mismo escenario abre la cabina a Pascal Kleiman junto a DJ Sandy Love en un back-to-back. Kleiman, nacido sin brazos (pincha con los pies), figura veterana de la escena electrónica activa desde 1989, con residencias y bolos en salas y festivales de referencia, y protagonista del documental “Héroes. No hacen falta alas para volar” (Goya al Mejor Corto Documental, 2009). “Antes ponía la aguja del vinilo con los dedos de los pies; ahora sigue dándole y el fiestón está garantizado”, cuenta Berni entre admiración y memoria de pista. Sandy Love, DJ y productora con más de 20 años de trayectoria, completa la dupla.
Sábado: pasarela y barras (de rap) sin barreras
El mediodía trae uno de los gestos más visibles de DIVA: el pase de modelos en la Casa de Cultura. Ropa cedida por tiendas de Avilés, Gijón y Oviedo, pasarela y foco. “El primer año fue emocionante; gente que nunca pisa un escenario se sintió top modelo”, recuerda Berni. La frase puede sonar ligera, pero encierra una idea potente: ocupar el centro del plano cambia la percepción propia y la ajena.
La tarde vuelve a Factoría para una doble ración de música en vivo. Primero, la Banda DiversidArte, quince percusionistas dirigidos por Antonio Arias Mosquera: patrones que entran por la tripa y salen en aplauso. Después, Freestyle People, proyecto de Gallos del Norte y la Asociación Poten100mos, que ha convertido el rap improvisado en herramienta de expresión y comunidad. “Nos gusta que el cartel no sea siempre lo mismo; que el talento salga de lo común”, dice Berni. Y en ese “común” está el quid: aquí no se “invita” como favor, se programa porque el nivel está.

Domingo: teatro para mirar de frente
El cierre es con teatro y sin excusas: Sexpiertos, con Telmo Irureta —Goya 2023 a Mejor Actor Revelación— y Aitziber Garmendia, dirigidos por Mireia Gabilondo. Un texto de Irureta y Kepa Errasti que habla de amor, deseo, soledad y prejuicios con humor y verdad. Domingo 21, a las siete de la tarde, en la Casa de la Cultura. Es la única función de pago del festival (18 €) y reclama la atención de quien quiera terminar mirando de frente aquello que todavía se susurra. “La inclusión real se juega en la calle, en la pista y en la fila de butacas”, lanza Berni como un eslogan involuntario.
Qué hace distinto a DIVA
Berni evita ponerse títulos —“presentador, radio, montaje… estoy detrás de muchas cosas”—, pero su idea matriz es nítida: programar con y desde la diversidad funcional. “No se trata de reservar un hueco: el centro está ahí”, dice. Y lo explica con una imagen que ya es lema de pasillo: “La meta es mezclarlo todo hasta que cualquier festival sea para cualquier artista, tenga la avería que tenga”. Ese enfoque ha encontrado complicidades reales. “En Avilés siempre es: ‘¿qué necesitáis?’”, resume. La ciudad ha puesto lo que tenía y algo más: Factoría Cultural, Casa de la Cultura y el teatro abiertos, manos tendidas y una implicación que baja al detalle. “Se han volcado”, insiste.
“Lo que queda por delante —talentos, talleres, pasarela, rap, percusión y Sexpiertos— no es una agenda: es una invitación.”
El festival también recibe el aval del Principado de Asturias. Con ese respaldo, DIVA no levanta un gueto amable, sino un ecosistema donde el talento circula: de la radio al escenario, del taller a la función, de la charla al baile. Y asume una pelea menos visible: romper paternalismos.
Al final, DIVA no pide permiso: abre puertas y enciende focos. Lo que queda por delante —talentos, talleres, pasarela, rap, percusión y Sexpiertos— no es una agenda: es una invitación. “Ojalá ver más cuadrillas entrando solas, cogiendo un bus y ocupando la noche”, deja dicho Berni. Que cada cual encuentre su sitio —en la pista, en la butaca o sobre el escenario— y que Avilés siga siendo eso que estos días demuestra: una ciudad donde la cultura no excluye, mezcla.



























