“La viuda de Alarcos sigue queriendo dominar el relato”

“Desde un jardín en Lausana", de Lio Schumer, cuenta el viaje hacia la locura y la muerte temprana de Clarisse Grénier, la primera esposa de Emilio Alarcos Llorach.

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Lio Schumer ha escrito un libro del que se habla en susurros por los pasillos de la universidad. Alemana afincada en Asturias durante décadas, profesora en la facultad de filología y preguntona impertinente desde la infancia, Schumer bucea en la conciencia colectiva de todo Oviedo con “Desde un jardín en Lausana. El proceso hacia la locura de Clarisse G.” (Editorial Almuzara). Los justos y los tibios, los valientes y los callados, los cómplices y los indiferentes. La “novela de investigación”, así la llama, cuenta la historia de la suiza Clarisse Grénier, primera esposa del lingüista Emilio Alarcos Llorach, y su viaje hacia la locura y su muerte temprana tras la pública y notoria infidelidad de este con Josefina Martínez, la Pepa, viuda oficial del catedrático; y un juicio de separación en el que varias personas del ámbito universitario accedieron a prestar falso testimonio para perjudicar a Clarisse, que terminó despojada de todo derecho como exesposa de Alarcos.

Los ecos de aquella infamia siguen incomodando a los protagonistas. En el año 2022 la Universidad de Oviedo celebraba el centenario de Alarcos Llorach con una exposición en la que figuraban unas referencias a los veinte años de matrimonio del académico con la suiza. Por orden de una Pepa encolerizada, la universidad accedió a retirar las referencias a Clarisse. Ese escándalo, contado en un artículo de La Nueva España, fue el origen de este libro.

¿Por qué decidió cambiar los nombres de los protagonistas, incluido el suyo propio? Alarcón en vez de Alarcos; Tomasa en vez de Pepa; y Lio en vez de Lioba

Preferí hacerlo así, aunque no hubiera hecho falta, porque lo consulté jurídicamente. Hay un anclaje muy sólido, así que no hubiera sido un problema mantenerlos. Otros nombres secundarios sí que los cambio, pero eso no es lo importante. Lo que importa es el ambiente y la tipología de los personajes. Respecto al cambio de mi nombre…Salió un artículo hace poco de Pablo Batalla que decía algo así como que cambiaba mi nombre por temor. Pero no hay miedo ni ganas de esconderme. Simplemente, lo hice para distinguir mi obra literaria de mis artículos académicos.

¿Por qué quiso contar esta historia?, ¿por qué le pareció importante recuperar la memoria de Clarisse Grénier?

En primer lugar, por curiosidad. Hay un relato oficial y consolidado que todo el mundo sigue sin cuestionar. Yo he ido a lo largo de mi vida a muchos actos de la cátedra Alarcos, y me llamaba la atención que nunca se hablara de esto, la manera de ocultar a esa primera mujer. El detonante fue esa exposición por el centenario de Alarcos en la que se retiraron dos carteles con unas fotos y alusiones a Clarisse. Los retiró la universidad por orden de la Pepa. Además, al saber que Clarisse era suiza y que había venido de fuera, como yo lo hice, me sentí identificada, aunque esa no fue la razón principal. Noto que a la gente le importa poco tu vida previa, y que de inmediato de etiqueta siguiendo un cliché. Entonces me pregunté si se había vuelto loca y comprobé que sí, pero eso es solo el final. ¿Cuál había sido el comienzo? Había una historia previa que nadie conocía más allá de rumores.

Lio Schumer, autora de “Desde un jardín en Lausana” FOTO: David Aguilar Sánchez

En una presentación dijo que le dolió escribir este libro

Sí, la parte final y el propio proceso judicial fueron fuertes, sobre todo el expediente psiquiátrico. Mucha gente critica al hijo por su actitud, pero yo quiero subrayar su valentía de dar un paso al frente. Ahora mismo él se siente liberado, como si este proceso de ayudarme a contar la historia de su madre hubiera sido un psicoanálisis muy profundo para él. A mí también me afectó todo el proceso, a medida que iban llegando nuevas piezas del puzzle. Aunque faltan algunas importantes, como las cartas que Clarisse le mandaba a su madre.

¿Qué nos dice esta historia sobre una ciudad como Oviedo y un momento como el del último franquismo?

Si yo digo cualquier cosa, puede parecer que lo digo como una extranjera que critica desde fuera, pero yo llevo muchos años aquí. Creo que es la propia sociedad la que se refleja ahí, como en su momento lo hizo “La Regenta”. Siento que la sociedad de Oviedo todavía tiene un poso de ese mundo, y eso se ha visto en la no reacción y no mención de nada de este libro por parte de un medio oficial. Eso ha sido clarísimamente a instancias de presiones de la viuda de Alarcos, que sigue queriendo dominar el relato. José Luis García Martín vino a decir en la presentación que tenía que acabarse este caciquismo, etcétera…No quiero que esto lleve a ninguna confrontación, sino que sirva de reflexión y punto de entendimiento. No es que todo fuera malo: Clarisse se encontraba muy bien en Oviedo, pero sí que era una sociedad cerrada, y aún queda un vestigio de eso. Lo peor es que no se dice. Si tú hablas y confrontas situaciones y experiencias, puedes aclarar las cosas. Pero lo peor es no querer hablar y no querer entender al otro ni tenerlo en cuenta, que es lo que se ha hecho con Clarisse, y ahora en parte con el libro. Aunque no esté en los escaparates, me consta que se está leyendo.

Hay un aspecto interesante en la historia de Clarisse, que es ese choque cultural y religioso entre su formación protestante y su condición de extranjera y el ambiente nacionalcatólico de la ciudad en ese años

Está claro que ambos, Alarcos y Clarisse, tienen una educación religiosa no tanto en el sentido espiritual, como en el sustrato ético que hay bajo ambas vertientes del cristianismo. Ella, en concreto, era hija de un catedrático de teología y pastor calvinista. Ese sustrato de valores Clarisse lo tenía muy interiorizado: el no mentir, no tener una doble vida, la transparencia en todos los sentidos…Eso es lo que acaba confrontando y ve cómo funcionaba aquí la dinámica de todo, con esa picaresca española. Hay un choque cultural tremendo, que acabará sobre todo con el tema de la doble relación y el adulterio del marido en su relación con la doctoranda.

¿Cree que lo que le pasó a Clarisse fue, de algún modo, un crimen colectivo de toda la ciudad? Pocas personas se pusieron de su lado, una de ellas el párroco de San Juan

Bueno, crimen es una palabra muy fuerte que yo no utilizo. Pero vamos, empezando por el hijo y el marido, con esa pusilanimidad que tienen para afrontar la situación…Yo trato de no hacer juicios de valor, e intento entender hasta lo más abominable desde fuera y desde ahora. ¿Qué podían haber hecho?, ¿qué podían haber hecho los que la vieron desnudarse en medio de la calle?, ¿qué haces tú cuando te cruzas a gente así por la calle, absolutamente desquiciada? Pues muchas veces, mirar para otro lado, esto no existe, no es asunto mío…Hablar de crimen es culpabilizar directamente a la sociedad, y eso es algo muy abstracto. Es un asunto delicado, y no quiero caer en el “es que Oviedo ha sido facha”. Porque incluso la gente progre se regocijaba con los cotilleos de la de Alarcos, que estaba loca, que la habían visto no sé cómo…En algún momento me he puesto en la piel de Alarcos, y esto tuvo que ser muy fuerte también para él. Quería sacudírsela de encima, y no le fue tan fácil.

Se aprecia en toda la historia una especie de cadena de favores que ilustra bien ese caciquismo del que hablaba García Martín en la presentación. Varias personas acceden a ayudar a Alarcos, a cambio de ascensos o mejoras en su posición en la universidad, y prestar falso testimonio en la vista por el divorcio, sosteniendo que también Clarisse estaba siendo infiel. Esas personas-ahora dicen que arrepentidas, después de disfrutar durante décadas de las sinecuras que les procuró participar en esa farsa-se pasan el resto de su carrera devolviéndole el favor a Alarcos. Una de las personas a las que entrevista cuenta que el catedrático les hacía firmar “manifiestos contra los bablistas” o acudir a la junta de facultad a criticar a tal o cual profesor. ¿Tanto fue el poder acumulado por el matrimonio Alarcos?

Sí, eso es asombroso, y eso que no entro en asuntos concretos. El cobrar y hacer favores es hasta cierto punto comprensible. Yo he visto a la Tomasa [la Pepa] con todos los rectores de los años 80 o 90, y cómo todos sucumbían ante cualquier presión. Su poder de persuasión sigue casi intacto. En el centenario de Ángel González he visto escenas inconcebibles. Ejercen un poder, y si hay favores siempre tiene que haber contrafavores. No mencioné ningún caso concreto porque este relato va de la vida de Clarisse, aunque obviamente tuve que sacar muchas cosas de la viuda, porque sin duda contribuyó a hacer todo más violento. Por eso dejé fuera todo este tema de los enchufismos.

Lio Schumer, autora de “Desde un jardín en Lausana” FOTO: David Aguilar Sánchez

¿Le han llegado reacciones al libro en privado desde dentro de la universidad, o de algunos personajes que aparecen en el libro?, ¿sabe si la Pepa lo ha leído?

Estoy emocionada de lo mucho que significa este libro para muchísima gente. Todos lo pensaban de alguna forma, pero aquí se habla de ello. Muchos se han conmovido al conocer por lo que tuvo que pasar Clarisse, y otros me han dicho que por fin hay alguien que dice algo sobre este entramado. En privado, ha habido gente que ha venido a mi despacho con reacciones muy positivas. Cuando lo estaba escribiendo, algunas personas que sabían lo que estaba haciendo me decías cosas “vas a hacer muchos amigos”, “no sabes donde te estás metiendo” o me preguntaban si lo sabía la Pepa, ¡como si tuviese que pedirle permiso!

¿Tiene la impresión de haber escrito un libro secreto, clandestino o censurado? Es llamativo, por ejemplo, que La Nueva España no haya siquiera mencionado el título

Bueno, es muy difícil publicar y más siendo un tema conflictivo. El tema del valor mío…¿qué me puede pasar? Mis hijos están fuera y no dependen aquí de nadie del entramado. Y, aunque fuera así, a veces hay que tener coraje cívico y contar una verdad. El caso es que no fue fácil encontrar editorial. Además, quiero aclarar que con este libro no me voy a hacer rica. En caso de que haya beneficios, y esto lo he hablado con Diego, el hijo de Clarisse, los vamos a donar aún no sabemos a quién. Quizás a la parroquia de San Juan, por la valentía que tuvo el párroco al enfrentarse a la jerarquía, o a alguna asociación que trabaje con personas con problemas de salud mental.  Pero no es un libro clandestino: yo ni me escondo, ni me oculto, ni tengo miedo.

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