Los asturianos del POUM

Se cumplen 90 años del partido fundado por Joaquín Maurín y Andreu Nin en vísperas de la Guerra Civil española.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Se cumplen 90 años de la fundación del Partido Obrero de Unificación Marxista, una organización construida a partir de la fusión de dos pequeños partidos levantados a principios de los años 30 por los disidentes del Partido Comunista de España. Por un lado, la Izquierda Comunista de Andreu Nin, que agrupaba a los escasos trotskistas españoles, y por otro el Bloque Obrero y Campesino de Joaquín Maurín, con mayor implantación, pero muy ceñida a Catalunya.

Fuera de las provincias catalanas el arraigo territorial del POUM era sumamente débil. Asturies sería uno de los lugares en los que el partido llegaría a contar con algo de presencia y organización, así como difusión de su prensa y publicaciones.

Tanto Joaquín Maurín como Andreu Nin visitarían durante los años 30 Oviedo/Uviéu, Xixón, las cuencas mineras y otras localidades asturianas invitados para dar conferencias en ateneos y casas del pueblo. Eran buenos oradores, contaban con partidarios y simpatizantes asturianos, y sus ideas también generaban interés en militantes de otras organizaciones, sobre todo el PSOE. Maurín, impresionado por el dinamismo del movimiento obrero asturiano escribiría en 1935 “La clase trabajadora asturiana representa la madurez del proletariado ibérico. No es aficionada a la dispersión, a las acciones esporádicas. Se concentra, se fortalece en sus organizaciones. Antes de moverse, reflexiona una y otra vez, vuelve a reflexionar y cuando, bien pesadas todas las circunstancias, toma una resolución, se lanza en bloque como una cuña gigantesca”.

Para Nin el unitarismo de la Alianza Obrera asturiana explicaba la fuerza de la insurección de Octubre en la provincia: “Los trabajadores asturianos lucharon como leones porque se sentían unidos en la acción y tenían confianza en los organismos directores”

El hecho de que la fórmula unitaria de la Alianza Obrera surgiese primero en Catalunya por impulso del BOC y los trotskistas, y de ahí saltara a Asturies, no parece ajena a la existencia de cuadros bloquistas y trotskistas asturianos muy conectados con la dinámica política catalana. Octubre de 1934 marcaría probablemente el momento de más influencia de los militantes que posteriormente formarían el POUM asturiano.

El camino de la unificación

Aunque los orígenes del Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista eran diferentes, ambos partidos coincidían en sus críticas al rumbo de la Unión Soviética de Stalin, la Internacional Comunista y su sección española, el PCE. También convergían en su análisis del escenario político tras la fallida revolución de Octubre de 1934. Tanto Nin como Maurín estaban de acuerdo en que se avecinaba en España un golpe fascista y que frente a esta posibilidad el movimiento obrero debía agruparse, superar sus históricas divisiones y prepararse para contestar con la revolución social a una posible repetición “a la española” de lo que acababa de producirse en Austria y Alemania, y una década antes en Italia.

Aunque por razones tácticas el POUM se presentaría en febrero de 1936 en las listas del Frente Popular sus dirigentes recelaban de los republicanos de clase media, a los que consideraban una fuerza vacilante, carente de la valentía necesaria para afrontar un posible levantamiento fascista, y fiaban toda posibilidad de éxito a la fuerza y determinación del movimiento obrero.

Aunque por razones tácticas el POUM se presentaría en febrero de 1936 en las listas del Frente Popular sus dirigentes recelaban de los republicanos de clase media

Pese a su pretensión unificadora, el proyecto del POUM se quedaría sin embargo a medio hacer. Con la resaca de la represión de octubre de 1934 todavía muy presente, otros sectores del movimiento obrero también emprenderían movimientos unitarios en esos momentos. En la CNT las dos almas del anarquismo español volvieron a unirse en el Congreso de Zaragoza de mayo de 1936. En el PSOE los jóvenes y el ala izquierda del partido y de la UGT, ajenos a las críticas del POUM a Stalin, simpatizaban con la Unión Soviética, la única potencia que entonces parecía dispuesta a plantar cara a Hitler y Mussolini. Su hoja de ruta era la unificación con el PCE para construir el gran partido del proletariado español, y darían pasos en ese sentido. A la integración de los sindicatos comunistas en la UGT seguiría en la primavera de 1936 la confluencia de las organizaciones juveniles del PSOE y el PCE en las Juventudes Socialistas Unificadas, que en vísperas del estallido de la Guerra Civil eran una organización de masas que superaba los 100.000 afiliados y afiliadas. En comparación solo con las JSU, el POUM era en en julio de 1936 un pequeño partido de 6.000 afiliados, la mayor parte de ellos en Catalunya.

Joaquín Maurín en las cortes republicanas.
Andreu Nin en una imagen coloreada.

Los poumistas asturianos

Boni Ortiz ha documentado en su libro “José María Loredo Aparicio en el país de los soviets” los orígenes de las disidencias en el seno del comunismo asturiano. Por un lado los bloquistas, el pequeño grupo de seguidores asturianos de Maurín, con nombres destacados como los de Manolo Grossi “Manolé”, de la cuenca del Caudal, y Aquilino Moral, de la cuenca del Nalón.

Grossi, minero, sindicalista, temprano disidente del PCE, animador de una tertulia política en el Café Carolina de Mieres, llegaría a ser elegido vicepresidente de la Alianza Obrera en Asturies, gracias a sus buenas relaciones con los socialistas asturianos, a los que consideraba más cercanos que al PSOE de otros territorios. Tras el fracaso de la revolución fue detenido y condenado a muerte, aunque finalmente sería amnistiado. Durante su encarcelamiento en la Casa del Pueblo de Mieres —convertida en prisión— escribió “La insurrección de Asturias: quince días de revolución socialista”, que se publicó en 1935 con prólogo de Joaquín Maurín y el socialista Ramón González Peña, editado por La Batalla, el periódico del BOC.

En cuanto a Moral, natural de La Felguera, alternó el trabajo en la siderurgia y la minería, y se afilió siendo muy joven a la CNT y el Centro Obrero La Justicia, lugar clave en la formación intelectual de la clase obrera del Nalón. En su trayectoria combinó el anarcosindicalismo con la militancia en el BOC y luego en el POUM, llegando a convertirse en corresponsal asturiano habitual del periódico La Batalla, firmando bajo el seudónimo de “Mario Guzmán”. Su biografía está recogida en el libro de Miguel Ángel Fernández “Me llamo Aquilino Moral. Autobiografía de un hombre prudente”.

 Conferencia de la Izquierda Comunista Española (ICE), 1932

Sobre los trotskistas asturianos sabemos por la investigación de Boni Ortiz que llegarían a tener la suficiente entidad como para celebrar en agosto de 1933 una Conferencia Regional de la Izquierda Comunista. En este pequeño grupo estarían militantes como el ovetense Ramón Alberdi, dirigente de la UGT de Banca, Ignacio Iglesias, de Mieres, périto industrial, o el abogado José María Loredo. Posteriormente, durante la revolución de Octubre, la Izquierda Comunista formaría parte de la Alianza Obrera, integrada también por el BOC, el PCE, la CNT, y sobre todo el PSOE y la UGT, organizaciones hegemónicas.

Loredo Aparicio, natural de Sama de Llangréu, merece mención aparte por lo interesante de su biografía. Inició su militancia en el republicanismo y pasó luego por el comunismo, llegando a visitar la URSS en 1923, poco antes de la muerte de Lenin. Expulsado del PCE en 1927 junto a otros militantes, se mantendría sin embargo activo y al corriente de las polémicas que en el seno de la URSS llevarían a la cristalización de la corriente trotskista. Durante los años 20 y 30 Loredo Aparicio sería una de las figuras más destacadas de la intelectualidad asturiana de izquierdas, prolífico escritor, colaborador en prensa y conferenciante habitual de los más diversos temas en ateneos y casas del pueblo, pero también en la Universidad de Oviedo/Uviéu. Asentado en la capital asturiana, fue en esta ciudad en la que abrió un despacho desde el que defendería por ejemplo a los acusados del fallido desembarco de armas del Turquesa en San Esteban de Pravia, en vísperas de la Revolución de 1934. Durante los sucesos de Octubre sería miembro del comité revolucionario ovetense y su comisario de Abastos.

Exiliado en Bélgica tras el fracaso de la revolución, a su vuelta a España se mantendría fiel a las indicaciones de Trotski en su polémica con Andreu Nin y no ingresaría en el POUM sino en el PSOE. El revolucionario ruso había desaconsejado a sus seguidores españoles la fusión con el BOC, instándoles por el contrario a unirse y trabajar pacientemente dentro del PSOE, una organización en la que en ese momento maduraba una vigorosa ala izquierda. Ya en el PSOE Loredo sería durante la Guerra el secretario del Consejo de Asturias y León, primero provincial y luego soberano, ejerciendo por tanto entre 1936 y 1937 de arquitecto legal de la revolución asturiana. Moriría en en exilio mexicano en 1948.

De la revolución a la guerra y la revolución

Sabemos poco del POUM asturiano durante la guerra, pero todo apunta a que la dispersión de sus principales dirigentes llevó a que el partido jugara un papel menor entre 1936 y 1937. En la cuenca del Nalón permanece Aquilino Moral, pero su peso político durante la contienda parece muy discreto y limitado a la presidencia del Sindicato Obrero Metalúrgico Asturiano. Moral, que pasa por la cárcel tras la guerra, estará en la reconstrucción de la CNT durante la Transición.

En cuanto a Grossi, a la salida de la cárcel, gracias a la amnistía de febrero de 1936, no permanece en Asturies sino que emigra a Barcelona. Allí le sorprende el estallido de la guerra. Se integra en las milicias del POUM catalán y combate con ellas en el Frente de Aragón, llegando a liderar una columna de 500 voluntarios junto a Jordi Arquer.

Ignacio Iglesias, dirigente de la Juventud Comunista Ibérica y del POUM asturiano, combatiría en julio de 1936 en las milicias asturianas. Tambié estaría en el comité revolucionario de Sama, pero por poco tiempo. Reclamado primero en el País Vasco y luego en Catalunya, Iglesias pasará la mayor parte de la guerra en Barcelona, escribiendo para La Batalla, periódico del POUM.

Desfile del secretariado femenino del POUM.
Joaquín Maurín en sus últimos años de vida.

Después de mayo

Tras los Hechos de mayo de 1937, una suerte de “Guerra Civil en la Guerra Civil”, el enfrentamiento armado en Barcelona entre, por un lado, el POUM y un sector de la CNT, y por otro, los gobiernos de la República y la Generalitat, el partido sería ilegalizado, sus dirigentes encarcelados y Andreu Nin secuestrado y asesinado por agentes soviéticos. Iglesias y Grossi tendrían entonces que refugiarse en unidades militares hegemonizadas por la CNT para evitar represalias, así como recurrir a sus amigos del PSOE asturiano para que les proporcionen documentación falsa. En esta situación de clandestinidad Iglesias publicaría con pseudónimo el folleto “El proceso contra el POUM. Un episodio de la revolución española” para defender a sus compañeros de partido.

Ambos asturianos acabarían exiliados en Francia. Iglesias, detenido por los nazis, sería deportado al campo de concentración de Dachau, y finalmente liberado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial por los norteamericanos. De vuelta a Francia mantendría una activa militancia en el POUM hasta su salida en 1953, época en la que ya se encontraba muy alejado de sus ideales revolucionarios de juventud. “Abandoné el partido silenciosamente, sin tratar de formar grupo alguno y menos aún buscar refugio en otra organización, actitud que he mantenido hasta el día de hoy. Mas desde entonces no he dejado de mantener relaciones amistosas con todos y cada uno de mis antiguos camaradas. El POUM representó muchísimo para mí y a ese recuerdo me atengo” escribía en unos breves apuentes autobiográficos.

Homenaje a Manuel Grossi en Mieres.
Aquilino Moral, segundo por la izquierda, en el homenaje a Eleuterio Quintanilla Prieto en el cine San Pedro, Xixón, junio de 1978.

Dedicado profesionalmente al periodismo, participó como otros ex poumistas en publicaciones y actividades culturales financiadas por la CIA en el marco de la llamada “Guerra Fría cultural” de los EEUU contra la influencia del comunismo en las artes y las letras. Fallecería en 2005 en Madrid.

Grossi también abandonaría en 1953 un POUM en crisis, pero a diferencia de Iglesias ingresaría en el PSOE, como otros muchos poumistas, que evolucionarían durante la Guerra Fría del comunismo antiestalinista a la socialdemocracia anticomunista. Joaquín Maurín, exiliado en EEUU, y muy identificado con este país en la Guerra Fría, había dado a los suyos la recomendación de liquidar el partido y entrar en el PSOE. Grossi seguiría ese camino. Falleció en 1984, poco antes de un viaje a Asturies para participar en los actos por el medio siglo de la revolución de la que había sido coprotagonista.

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