Nacida en Grau, Fina Clemente llegaba en 1943 a Oviedo/Uviéu con 14 años para estudiar y trabajar en la tienda que su abuelo, el leonés Sabiniano Clemente, había fundado en 1904 en la calle Mon. Clemente llegó a una capital asturiana todavía en ruinas, marcada por la escasez, las cartillas de racionamiento y las heridas de la Guerra Civil, y se despidió esta madrugada de un mundo en pleno apogeo del consumo, las compras por internet y la turistificación del barrio antiguo en el que se hizo un hueco en el corazón de sus vecinos.
Durante más de 70 años Fina y su hermana Elvia despacharon a vecinos y visitantes, creando en torno a su mostrador una comunidad de vecinos, amigos y conocidos en la que no faltaba un bocadillo para quien lo necesitara y no podía pagarlo. “Querer a la gente y que te quieran es muy importante” resumía en 2015 en una entrevista en El Comercio una mujer cuya vida estuvo marcada por pérdidas dramáticas: su marido cuando tenía 52 años, y también una de sus tres hijas.
Representante de un tipo de comercio en vías de extinción, la singularidad de Fina fue adquiriendo cada vez mayor relevancia a medida que desaparecían otros negocios tradicionales y su ultramarinos se convertía en una rara avis en un barrio casi por completo enfocado a la hostelería.
En 2010 recibió la Medalla al Mérito del Trabajo. Tenía ya 81 años y seguía trabajando en la tienda. Lo que nadie esperaba es que en 2021, con 92 años, y en plena pandemia del Covid, fuera a seguir al pie del cañón. Solo en los últimos años aceptó retirarse, si bien seguía controlando la marcha de la tienda desde su casa.
En 2017 Oviedo Redondo homenajeó a las hermanas Clemente con un acto en la Plaza de Trascorrales. “Hoy amanece nublado en el Oviedo Antiguo” resumía este sábado Manolo Almeida, presidente de la asociación vecinal, resumiendo así la tristeza de muchos ovetenses que pierden a un símbolo de la ciudad.



























