Fatou Ahmed vive entre dos mundos: los recuerdos de los campamentos del Sáhara y la vida cotidiana en Castro Urdiales, donde trabaja como empleada doméstica. Su mayor orgullo son dos hijos, ya adultos. Es un activo miembro de la Liga de los Periodistas Saharauis en Europa y de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis, su compromiso no es solo político: es su motor vital.
Llegó de muy niña a los campamentos. Recuerda la dureza de crecer en la hostilidad climática del desierto, en una tierra que nunca había visto, que no conocía. Pudo estudiar Cultura Árabe en la Universidad de Argelia gracias al Frente Polisario. Aunque lleva largo tiempo viviendo en España, vuelve cada año para ayudar en lo que haga falta sobre el terreno. Para quienes la rodean, la causa saharaui no es una abstracción. Fatou sabe que el mejor argumento discursivo es dar ejemplo. Con su militancia busca visibilizar la situación política del Sáhara Occidental. En los momentos duros -que no son pocos-, se aferra a la fuerza que le da la convicción de que lucha por lo justo: la dignidad de su pueblo y la esperanza de un futuro en paz. Esta semana estuvo en Xixón en los Alcuentros de Muyeres de Soldepaz Pachakuti.
¿Qué te da esperanza en tu lucha?
Siempre, en nuestra lucha, tuvimos una esperanza, porque conocimos nuestra tierra por las historias que contaban nuestras madres y nuestros padres. Nuestra sangre, la que está limpiando la tierra por una causa justa. Creces así con una voluntad fuerte para seguir y para vivir. Lo único que tienes que hacer es conocer lo que tienes que hacer y por qué lo haces. Si ya tienes un país ocupado y una tierra ocupada, tienes que luchar con lo que tienes: luchar por estudiar bien, porque la cultura es muy importante para poder vivir en cualquier sitio del mundo; y luchar por trabajar, porque el trabajo es esencial para seguir viviendo. Además, ser ejemplo para tu causa, para tus hijos y para tu gente. Puedes ser como una embajada de paz, mostrándote como ejemplo. El ejemplo es perfecto, sano y legal. Puedes mostrar tu causa; la nuestra será un poco mejor con estas condiciones.
Creces así con una voluntad fuerte para seguir y para vivir; lo que cuentan nuestras madres y padres hace que conozcas la tierra y sepas por qué luchar. Lo único que tienes es conocer lo que tienes que hacer y por qué lo haces. Luchar por estudiar bien, porque la cultura es muy importante para poder vivir en cualquier sitio del mundo.
¿Qué apoyo os proporcionó el Frente Polisario en materia de educación y formación?
Todo lo que tenemos es gracias al Frente Polisario. El Frente Polisario nos sacó de los brazos de nuestras madres para mandarnos a estudiar fuera. Luego, cuando volvíamos en el verano para las tres semanas de vacaciones con la familia, dábamos clases a las mujeres que nunca habían estudiado: practicábamos cómo hacer las cosas, cómo limpiar, cómo cocinar, cómo ayudar a quien lo necesita. Íbamos a las casas, limpiábamos la cama de una señora que tiene sólo hijos y está en la guerra, que no tiene hijas, y cosas así.
Durante las vacaciones dábamos clases a mujeres que nunca habían estudiado: prácticas sobre tareas domésticas y de cuidado, y acciones de ayuda comunitaria. Mostramos que, aunque la vida es dura, tiene que vivirse por algo. Ser ejemplo para tu causa, para tus hijos y para tu gente; puedes ser como una embajada de paz, mostrando con el ejemplo. El ejemplo es perfecto, sano y legal.
¿Cuál es el papel de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis dentro de los campamentos?
La Unión de Mujeres Saharauis tiene muchísimos proyectos. Ofrece iniciativas para que las mujeres sigan adelante: estudiar, tener libertad, luchar y ejercer sus derechos como mujeres, madres, profesoras o abogadas; ser respetadas y vivir con dignidad.
El Frente Polisario ofrece muchísimas opiniones y cosas para que las mujeres saharauis sigan adelante. Estudiar, tener libertad, luchar, tener sus derechos como mujer, como madre, como profesora, como abogada, como una mujer respetada y con dignidad.
En este lado no nos podemos quejar, porque tuvimos todo lo que puede tener cualquier mujer bajo el mando del Frente Polisario. Puede ser que esto no lo tuvieron las mujeres saharauis que estaban bajo la bandera de Marruecos.
¿Cómo se relaciona la Unión Nacional de Mujeres Saharauis con las mujeres del Sáhara ocupado?
Últimamente hay mucha relación entre ellas y nosotras: la gente de los campamentos y la Unión de Mujeres Saharauis colaboran y se apoyan.

¿Desde cuándo existen esos vínculos y cómo se han desarrollado?
Lleva desde las intifadas que tuvimos en 2005. Allí hay un hueco en el que podemos entrar y ayudar a las mujeres a hacer su trabajo y su propaganda; ellas lo hacen de forma escondida. Les enseñamos a publicar y a mostrar al mundo que la mujer en el Sáhara ocupado también está luchando con sus propios medios.
¿Qué funciones desempeñan las mujeres saharauis en la vida cotidiana y en la política de los campamentos?
La mujer saharaui ha logrado mucho en la política: ha subido a puestos muy altos. Las mujeres en los campamentos son las que hacen funcionar todo: sin las mujeres no hay nada. Hay mucha libertad para la mujer saharaui; puede vivir con dignidad y sin presiones. No hay un sitio en el que no haya una mujer preparada: madres, profesoras, médicas, ginecólogas, parteras… Las mujeres son el motor del pueblo saharaui. La revolución del pueblo saharaui funciona por las mujeres.
¿Cómo se prepara a las mujeres para asumir responsabilidades incluso en situaciones de conflicto armado? ¿Cuál es la opinión general que se tiene en la sociedad saharaui de que las mujeres tengan formación militar?
El pueblo saharaui prepara a la mujer para cualquier necesidad, incluso para suplir la fuerza armada si hace falta. Las mujeres aprenden lo que necesitan: estudiar, jugar, y también usar armas, ponerse ropa militar y hacer prácticas, por si acaso. Si entras en una guerra, no sabes lo que va a pasar y tienes que estar preparada.
¿Cómo describirías la resistencia cotidiana en los campamentos y las estrategias colectivas para sobrellevar la presión y la angustia?
Nuestra vida, aunque dura, tiene que vivirse por algo. Deseamos un día tener un país independiente, pero para lograr la independencia hay que tener una fuerza preparada. De esto seguimos adelante, gracias a Dios. Hay un dicho árabe que resume nuestra resistencia: مكره أخاك لا بطل , que viene a decir algo así como “Para tu hermano fue una obligación, no es un héroe”, es decir, que tienes que enfrentarte a algo muy difícil no por elección, si no por necesidad.
“La vida en los campamentos de refugiados es una realidad que no elegimos; nos obligaron a estar allí”
La vida en los campamentos de refugiados es una realidad que no elegimos; nos obligaron a estar allí. Esa obligación trae condiciones duras por las que hay que luchar para vivir: es un lugar muy, muy duro, un desierto. Las mujeres, además de pelear por la causa, tienen que ser bellas, estudiar, formarse en su carrera, cuidar a su marido y a su familia; todo eso convive y se convierte en una lucha constante bajo el clima de los campamentos. Una mujer que lo logra, alcanza lo máximo: no hay más.

En los campamentos existe una resistencia cotidiana para poder sobrevivir. ¿Cómo se vive? Tienes tu jaima: la limpias por la mañana, te levantas, das el desayuno a los hijos, los acompañas o los envías al colegio; después arreglas lo que queda en la casa y te diriges a la oficina de la daira para ver las tareas del día. Si hay que limpiar una zona exterior, vamos todas y hacemos la limpieza, porque el lugar tiene que mantenerse habitable. Si hay una mujer enferma, la ayudamos: le arreglamos la jaima, cosemos lo que esté roto, construimos con adobe si hace falta; cada una se pone los guantes y aporta.
Además, hay tareas de formación y comunicación: se necesitan periodistas, personal de administración para las dairas, gente que organice la vida colectiva. Es una vida de gobierno en el exilio, una comunidad preparada y esperando el día en que, con todo lo construido y organizado, pueda volver a su tierra y empezar una vida de libertad. No falta nada de lo que se ha hecho: todo lo hemos construido nosotras.
La posición del Frente Polisario sigue siendo firme…
Las cosas están muy claras en el Frente Polisario. Nada más queremos la independencia del país y de su pueblo. Eso es lo que quiere el Frente Polisario. Ahora, queremos un referéndum. Pues dejadnos votar si queremos la independencia o ser marroquíes. Creo que es un derecho que tenemos como personas. Pero claro, como que los marroquíes saben que no van a lograr nada con el referéndum, saben que los saharauis van a apuntar por la libertad, pues no quieren. Y encima está respaldado por Estados Unidos, Israel…
¿Qué consecuencias crees que podría tener esta nueva resolución que quiere impulsar Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU para la población saharaui refugiada, y especialmente para las mujeres y los niños?
Es un poco fuerte. Por otro lado, también tengo esperanza, porque en 2020, cuando se terminó el primer mandato de Trump, ya dijo que el Sáhara es de Marruecos y ya está. Pero salió y luego Biden no lo aceptó.

Porque nuestra causa es una causa de independencia, claramente. No se trata de que antiguamente fuéramos un trozo de Marruecos; no lo fuimos, no lo somos y nunca lo seremos. Esto se ha ido extendiendo porque esa locura afecta a todo el mundo: él está provocando conflictos en todas partes, intentando tocar a todos. Cambia de estrategia continuamente: hoy va aquí, mañana allá; hoy España, mañana Argelia, pasado Venezuela… Son maniobras y juegos mediáticos porque, al fin y al cabo, él no tiene nada que perder. Reaviva problemas que no existen y deja que la gente hable de ellos. Y mientras distrae a todos, el que sufre es el pueblo; como decimos en mi país: el niño juega y el pájaro muere en sus manos.
Porque lo está ahogando.
El pájaro se está ahogando, el niño está jugando. Entonces, ¿qué está haciendo él con todo el mundo? Y esto no es nada más que el caso del Sáhara. Nosotros tenemos fe en Dios, primero, y en la justicia de nuestra causa y de lucha de nuestro pueblo. Y de también la esperanza que el mundo un día será justo con lo que es justo. Mientras tengamos esto, vamos a seguir adelante.
¿Qué le dirías a Estados Unidos, a Trump?
El Sáhara no se vende. Nada más.
¿Qué papel juega la esperanza de que las futuras generaciones continúen la lucha en la resistencia saharaui, y cómo afecta esa expectativa al ánimo de vuestra causa?
Es claro: esto tiene que seguir, porque si muere la esperanza, todo se hunde. Mientras exista la expectativa de que los hijos continuarán la lucha cuando uno ya no pueda —por enfermedad o por muerte—, hay una razón para seguir adelante y la esperanza de que las cosas vuelvan a su cauce. Esa esperanza la sentimos todas las personas saharauis, mujeres, hombres y niños. A veces duele, porque cuando nuestra causa está en el foco todo va bien, pero de repente surge otra noticia que la tapa y nos desanima; subimos y bajamos, como cualquier movimiento en el mundo. Pero, al fin y al cabo, saber que tenemos derecho y reclamarlo es muy importante: es la sensación de haber logrado algo.
¿Qué apoyo y reconocimiento le pedirías a la comunidad internacional y la sociedad civil?
¿Sabes una cosa? Dicen que el dolor del cuerpo sólo lo puede conocer quien lo siente. A ti te puedo decir: “Hola, cariño, ¿sientes algo?” pero no tengo el mismo sentimiento que tú, que estás sufriendo. Ese dolor es nuestro. A veces la vida, con su humor, te da el derecho y otras veces te lo quita. Pero lo que es nuestro, aunque nos lo arrebaten, lo vamos a recuperar porque nos pertenece. Mientras estés segura de que actúas con dignidad, verdad y justicia, llegarás; la justicia puede tardar, pero llega. La lucha de un pueblo contra el imperialismo y la ocupación puede ser larga y dolorosa, y puedes perder a muchos… Pero al final llegamos.
¿Qué mensaje le darías al gobierno español?
Lo único que voy a decir es: “Saharauis adelante”. Nada más.
¿Y a la sociedad española?
Decirle al pueblo español y a las mujeres españolas que sean también nuestros hermanos en estos momentos. Estuvimos tantos años, 95 años casi, juntos bajo la bandera española, con muchísima paz, amistad y hermandad. Por tanto, que con todo lo que está pasando en el mundo, no olviden nuestra causa. Ayuden lo que puedan ayudar, pero no olviden lo importante, porque no vas a construir la casa del vecino si la tuya está destruida.



























