“El cohousing permite vivir mejor, gastar menos y sentirse acompañado”

El arquitecto estadounidense Charles Durrett analiza el auge de la vivienda colaborativa y el interés creciente que despierta en Asturias.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Recién aterrizado en Asturias tras un intenso periplo de viajes y conferencias —venía de Costa Rica apenas dos días antes—, Charles Durrett nos atiende por teléfono en la mañana del viernes desde su hotel en Oviedo. No ha dormido casi nada, confiesa entre risas. La agenda previa al I Foro Internacional de Vivienda Colaborativa “ha sido agotadora”, y aún le esperan varias reuniones con arquitectos y representantes de cooperativas antes de inaugurar, a las 18 horas, el congreso organizado por la Dirección General de Agenda 2030 y la cooperativa Axuntase.

Durrett (California, 1955) es uno de los grandes referentes mundiales del cohousing. Junto a la arquitecta Kathryn McCamant introdujo el concepto en el mundo anglosajón tras estudiar las comunidades colaborativas danesas en los años ochenta, y ambos publicaron Cohousing: A Contemporary Approach to Housing Ourselves(1988), el primer libro sobre este modelo en inglés.

En 1991 diseñaron Muir Commons, la primera comunidad cohousing moderna de Estados Unidos, punto de partida de una trayectoria que suma ya más de medio centenar de proyectos en los que Durrett ha participado como arquitecto o consultor. Pionero del cohousing sénior y defensor de la convivencia intergeneracional, lleva décadas demostrando que otra forma de habitar —más cooperativa, sostenible y saludable— es posible. Su visita a Oviedo coincide con el impulso que Asturias está dando a este tipo de iniciativas desde las políticas públicas.

Entre bostezos, humor y la prisa de quien debe arreglarse antes de que le recojan para continuar con una jornada frenética, acepta con amabilidad la entrevista. “Vamos a hacerlo ahora, así tú puedes ponerte a escribir y yo a ducharme”, bromea.

“Para mucha gente, vivir en una vivienda unifamiliar aislada ha dejado de ser interesante: es demasiado trabajo, demasiado cara y demasiado solitaria.”

¿Para quienes todavía no están familiarizados con el concepto, cómo definiría el cohousing en pocas palabras?

El cohousing es un vecindario diseñado por las propias personas que van a vivir en él. Los futuros residentes participan directamente en el diseño junto con un arquitecto, pero también en el desarrollo del proyecto y en su gestión posterior. Son comunidades con amplias instalaciones comunes pensadas para usarse diariamente: cocinas comunitarias, talleres, espacios de reunión, jardines… En mi comunidad, por ejemplo, cenamos juntos cinco noches a la semana quienes queremos hacerlo. Yo participo dos o tres veces a la semana, y es algo que realmente marca la diferencia.

Usted es reconocido como uno de los pioneros del cohousing. Es coautor del libro Cohousing: A Contemporary Approach to Housing Ourselves y participó en el diseño de la primera comunidad cohousing moderna en EE.UU. ¿Cómo recuerda aquellos primeros años y qué le llevó a dedicarse a este modelo?

En los años 80, cuando Kathryn McCamant y yo estudiamos en Dinamarca, descubrimos comunidades muy bien organizadas, que respondían a necesidades reales de la gente. Entendimos que no era solo arquitectura: era crear vecindarios más cooperativos, más habitables, con apoyo mutuo. Aquello me marcó profundamente. Cuando regresamos a Estados Unidos nos pareció evidente que debía existir allí también. Desde entonces no he dejado de trabajar en esto porque veo, día tras día, que mejora mucho la vida de las personas.

Charles Durrett
Foto: Pablo Lorenzana

Beneficios y sentido vital del cohousing

¿Cuáles son los principales beneficios sociales y psicológicos de vivir en una comunidad de cohousing?
Para mucha gente, vivir en una vivienda unifamiliar aislada ha dejado de ser interesante: es demasiado trabajo, demasiado cara y demasiado solitaria. En el cohousing compartes tareas, espacios y objetos, lo que hace la vida mucho más ligera y económica. Pero lo más importante es la compañía: los niños tienen amigos cerca sin necesidad de coger el coche y las personas mayores cuentan con vecinos que las conocen y las apoyan.

Dice que compartir recursos abarata la vida cotidiana. ¿Puede poner algún ejemplo concreto?
En mi comunidad compartimos entre 100 y 150 herramientas y servicios: desde maquinaria de jardín hasta un único cortacésped para 34 casas. También compartimos piscina, taller, equipamiento… Solo con Internet pasamos de pagar 95 dólares mensuales por hogar a 9, porque tenemos una única cuenta para todos. En total, mis gastos mensuales son unos mil dólares menos que los de personas que conozco y que viven fuera del cohousing.

Lo que falla, lo que funciona y lo que ya está cambiando

¿Qué errores o malentendidos son frecuentes cuando la gente intenta crear cohousing por primera vez?
El principal malentendido es creer que el proceso va a ser lento o complicado. En realidad, los proyectos de cohousing que he diseñado —y llevo más de 55— suelen obtener permisos más rápido que otras promociones. Cuando los futuros residentes trabajan juntos, el resultado responde bien a lo que necesita la ciudad y también a lo que necesitan ellos. Lo esencial es saber escuchar. En cohousing yo lo llamo “matemáticas básicas”: 1 + 1 = 3. Tu idea y la mía se combinan y generan otra mejor. Los grupos aprenden muy rápido a colaborar de forma eficaz.

“A medida que la gente observa ejemplos que funcionan, más personas lo consideran una opción real para su vida”

Asturias está promoviendo el cohousing con apoyo público. ¿Qué papel deben desempeñar los gobiernos en estos proyectos?
Deben ayudar, pero dejando siempre el liderazgo a los futuros residentes. El ejemplo más claro es Dinamarca. Allí el Estado ayuda a los grupos a encontrar terrenos, especialmente públicos, para reducir los costes iniciales. También garantiza los créditos de construcción, algo muy sencillo pero muy eficaz. Otra cosa que hacen, que me parece extraordinaria, es comprar miles de ejemplares de nuestros libros para entregarlos a los departamentos de urbanismo. Así los técnicos conocen el modelo y pueden orientar bien a quienes quieren desarrollarlo. Y también apoyan a jóvenes familias y familias monomarentales, que son quienes más se benefician del cohousing.

Público asistente al Foto. Foto: Pablo Lorenzana

Ha diseñado muchas comunidades. ¿De cuál se siente especialmente orgulloso y por qué?
Siempre digo que la mejor es la siguiente, porque cada proyecto mejora al anterior. Pero recuerdo uno en el estado de Washington donde logramos que maestras de preescolar y personas con ingresos modestos pudieran comprarse una casa. Otro caso fue en Davis, California: 23 de las 26 familias eran compradores por primera vez. Con mucho acompañamiento, lograron acceder a una vivienda unos diez años antes de lo que hubieran podido en el mercado convencional. Y lo hicieron dentro de un barrio muy funcional, con apoyo mutuo, cuidados compartidos y gastos menores.

La evolución del cohousing

Desde aquellos primeros proyectos de los años 80, ¿cómo ha evolucionado la idea de vivir en comunidad?
En los 80 la gente solía decir: “¿Qué es esto? ¿Una comuna?”. Ahora entienden que es un proyecto de base, de veinte o treinta familias, muy razonable y muy práctico. Hoy vemos comunidades que comparten coches, que reducen emisiones, que organizan cenas comunes, que repiensan cuántos vehículos necesitan, que cultivan parte de sus alimentos… Y a medida que la gente observa ejemplos que funcionan, más personas lo consideran una opción real para su vida.

¿Qué consejo daría a quienes en España estén pensando en iniciar un cohousing?
Lo primero es aprender a escuchar. Si alguien habla demasiado o no deja hablar al resto, enseguida se motiva para mejorar porque sabe que la comunidad depende de la habilidad de saber escuchar. Lo segundo es leer. Los grupos que leen los libros fundamentales avanzan muchísimo más rápido, con menos errores y con proyectos mejores. Mis manuales Senior Cohousing y Creating Cohousing ayudan a que todos estén en la misma página. También recomendaría traducir al español mi libro para arquitectos Cohousing Communities, porque si el arquitecto no domina el modelo, el proyecto puede empeorar en lugar de mejorar.

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