El consejero delegado de Ribera Salud, Pablo Gallart, ha solicitado desvincularse temporalmente de la gestión del Hospital de Torrejón de Ardoz. La dimisión, hecha pública este jueves, llega después de la exclusiva de El País en la que se revelaban los audios en los que el CEO de la multinacional sanitaria defendía “alargar las listas de espera” para mejorar la rentabilidad del Hospital de Torrejón
Los archivos de audio, grabados durante una reunión interna, demuestran una estrategia explícita: reducir actividad quirúrgica para abaratar costes y elevar así la rentabilidad del hospital. “Haced menos operaciones y así ganamos más dinero”, llegó a decir el directivo. La consigna, lejos de interpretarse como un desliz verbal, se inscribe en el modelo de negocio de una empresa que ahora también llega a Asturies, donde Ribera Salud adquiró en julio de 2024 la gestión del Hospital Covadonga.
La adquisición del hospital coincidió con el anuncio del SESPA de iniciar derivaciones quirúrgicas al Covadonga
La operación coincidió con el anuncio del Servicio de Salud del Principado (SESPA) de iniciar derivaciones quirúrgicas al Covadonga para descongestionar la lista de espera del sistema público, especialmente en áreas como traumatología o cirugía general.
Para la Asociación para la defensa de la Sanidad Pública de Asturias “lo que dice el CEO es un ejercicio de sinceridad poco habitual, pero totalmente lógico desde una perspectiva empresarial”. “En el ámbito de la sanidad, la rentabilidad económica implica lo que se conoce en términos técnicos como selección de riesgos o selección adversa, es decir, seleccionar a los pacientes y las patologías que son rentables y rechazar aquellas otras que no lo son”.
Para esta entidad el modelo de Ribera o de Quirón, que ya ha comenzado su implantación en Asturies, resulta fácil de resumir: “Lo público pone el dinero y lo privado gestiona y hace negocios”.
Un grupo salpicado por la polémica
El escándalo de Torrejón no es el primero que salpica al grupo, con 14 hospitales, más de 60 policlínicas y 14 centros de atención primaria en todo el mundo, pero cuya histórica plaza fuerte se encuentra en la comunidad valenciana, donde sus negocios crecieron a la sombra del PP.
Ribera ha ganado mala fama en el País Valenciá y no faltan los motivos para ello. Sus deudas con la Generalitat ascienden a más de 50 millones según estimaciones de 2024. Ribera, que tiene numerosos conciertos con la administración, cobra a la Generalitat por cada habitante usuario a su hospital o servicio, pero también debe pagar a la administración si deriva pacientes a centros 100% públicos. Esto último, pagar por no atender a pacientes con problemas graves, parece que lo hace con cierta dificultad, y de ahí las deudas que acumula con la sanidad pública valenciana, a la que trasapasa los casos que le resultan más costosos y difíciles de antender. Por ejemplo enfermos con tratamientos caros o pacientes que requieran hospitalizaciones largas.
Durante los gobiernos progresistas valencianos se logró revertir en 2018 una de las privatizaciones más emblemáticas y fallidas, la del hospital de Alcira. Sin embargo, con el regreso de las derechas al poder, la Generalitat volvió a su política de trato de favor a Ribera Salud. En 2024 Compromís denunciaba que Mazón había “perdonado” 15 millones de euros al grupo, propiedad ahora de la multinacional francesa Vivalto Santé.
Pese a estos antecedentes, el Real Instututo de Estudios Asturianos, dependiente de la Consejería de Cultura, organizó este año unas jornadas sobre el sistema sanitario asturiano, en defensa de la colaboración público-privada, que fueron financiadas por Ribera Salud, el Grupo Quirón y Medicina Asturiana SA, socio mayoritario del Hospital Centro Médico de Asturias. Las conclusiones, en atención a los patrocinadores, son fáciles de intuir.



























