Tino

Amigos, compañeros y familiares de Tino Brugos, abarrotan el IES La Ería de Uviéu en el acto de homenaje al militante y profesor recientemente fallecido.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Culto, divertido, inteligente, solidario, comprometido, hiperactivo… Estos fueron algunos de los adjetivos que amigos, compañeros, familiares y ex alumnos dedicaron este sábado a Tino Brugos, fallecido el pasado 10 de noviembre de manera inesperada en Santander, su ciudad natal, a la que recientemente había regresado tras cuatro décadas viviendo en Asturies.

De los muchos y buenos amigos que el profesor y militante dejó en su tierra de adopción, dio cuenta este sábado un abarrotado salón de actos del IES La Ería de Uviéu, el último centro en el que dio clases este historiador comprometido, devorador de libros, coleccionista de recortes de prensa, y profesor creativo al que sus alumnos siempre recordarán por sus coloridas camisas de Desigual y su pasión por la enseñanza de la historia.

Conducido por sus amigos y compañeros de militancia José Manuel Gozalo “Eve”, Carme Prado y Beatriz Quirós, el acto no quiso dejar fuera ninguna de las facetas de un Tino que encerraba en sí muchos Tinos. El militante internacionalista que, casi desde la adolescencia, dedicó miles de horas de su vida al movimiento por la paz y a la solidaridad con las las luchas de pueblos de todo el mundo. El activista de la Liga Comunista Revolucionaria, y más tarde de la revista Viento Sur y el Llar Solidariu, disponible siempre para cualquier tipo de tarea: desde impartir una charla a pegar carteles, coger el megáfono en una manifestación o hacer turnos en una barra. El infatigable sindicalista de SUATEA, cuya apuesta por una organización de clase, y no solo sectorial, le llevó a ser uno de los impulsores de la recientemente creada Intersindical Asturiana. El impulsor del movimiento memorialístico desde La Comuna y la Fundación Andreu Nin. Y claro está, el pionero del movimiento LGTBI asturiano, que junto a otros compañeros impulsó en 1992, en el peor momento de la pandemia del SIDA, Xente Gai Astur, una asociación que vino a llenar un vacío existente en Asturies desde la Transición, y de la que Tino sería su coordinador entre 2006 y 2010. Tino militó en todos esos espacios, y en todos dejó huella. Como recordó en el acto José Manuel González, ex compañero de los Comités de Solidaridad con América Latina y otro de los históricos de XEGA, la apuesta del movimiento LGTBI a nivel confederal por el matrimonio igualitario, derecho a la adopción incluido, debe mucho a unos encuentros celebrados en 1997 en Xixón, en los que “la labia y la elocuencia” de Brugos sirvieron para convencer a los asistentes de que el movimiento debía ir a por todas, y no conformarse con las migajas de una tímida ley estatal de parejas de hecho. La opción que defendían entonces los sectores “posibilistas” del movimiento LGTBI.

Pero Tino no se agotaba en la política, aunque esta fuera la pasión vertebradora de su vida. En el acto también hablaron su pareja durante 11 años, que rememoró aspectos íntimos de su relación con él, y los amigos que recordaron a un tipo leal, vitalista y generoso. También salieron a relucir el tío cariñoso con sus sobrinos Marta y Jorge, o el hombre tímido y reservado que se escondía tras el dirigente hiperactivo y seductor, con dificultades a veces para frenar en una militancia que nunca parecía tener fin. Muchos de los intervinientes, como su hermano Fran, no pudieron contener las lágrimas de emoción, y la sala entera se respingó al verle en un vídeo, de principios de los 2.000, estando en plena faena, en el Topu Fartón, gritando, entre risas, con su potente chorro de voz: “Se cierraaaaa cocinaaaa”.

El canto de La Internacional, con el auditorio en pie, puño en alto, a la vieja usanza, puso el punto final a un acto de homenaje a un multiplicador de movimientos. El vacío que deja, coincidía hoy todo el mundo en el IES La Ería, va a ser grande.

Fotos: David Aguilar Sánchez

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