Cuesta creer que el valle de Aboño fuera a principios del siglo XX un lugar de esparcimiento, con merenderos y un río en el que se ofrecían excursiones en barco. Sin embargo fue así, y ese contraste está en la base de Fiebre, un proyecto artístico que indaga en la evolución de un pedazo de Asturies, hoy en transición con el declive del carbón y de las energías fósiles.
Fiebre nace de las inquietudes del artista gallego Olmo Cuña (Vigo, 1983), afincado desde hace años en Asturies, autor de otro trabajo sobre la ciudad vacacional de Perlora, y persona siempre interesada en exploxar la otra cara de una comunidad que lleva cuatro décadas vendiéndose al mundo como “Paraíso Natural”.
¿Qué es Fiebre? Cuña lo define como “un proyecto audiovisual colaborativo y experimental que explora las relaciones entre territorio, cuerpo e imagen en movimiento a partir del proceso de cierre y reconversión de las centrales térmicas de carbón en España”.
Fiebre toma como punto de partida el caso concreto de la central térmica de Aboño, Carreño, Asturies, su historia dedicada a la combustión del carbón y su presente en transición a las energías renovables, ya que el horizonte de la industria siderúrgica asturiana es su completa electrificación y descarbonización, si bien Cuña introduce dudas sobre cuánto hay de real en la idea de cambiar el carbón por el llamado hidrógeno verde, un combustible, todavía en fase de experimentación, producido con energías renovavles.



A través de diferentes sesiones y rutas, Cuña, en contacto con los vecinos más mayores del lugar, ha ido recuperando testimonios de cómo era el valle hasta mediados del siglo XX, antes de la instalación de la gran industria, cuando la agricultura y la ganadería eran la base económica de una zona hoy completamente degradada, y donde ya quedan pocos habitantes.
“Lxs vecinxs de Aboño viven en el poblado que la Fábrica de Cementos Tudela-Veguín construyó para sus empleadxs, en condiciones de contaminación ambiental y precariedad. Toda el área está perdiendo residentes rápidamente y la empresa cementera se dedica a comprar terrenos y derribar casas” explica el artista en la presentación de Fiebre, financiada con una beca Nina Carasso a iniciativas de arte ciudadano.




En su proyecto Cuña se remonta incluso varios siglo atrás, hasta el XVIII, cuando el río era navegable y servía como medio de transporte de mercancías rurales. “Existían amarraderos para las barcas y molinos, se pescaban truchas y anguilas” explica el artista vigués sobre un Aboño cuyo cauce se ha sido convertido en una cloaca para evacuar los vertidos de la siderurgia.
Fiebre no es en todo caso un experiencia que viva en la nostalgia, sino que al contrario pretende ayudar a imaginar cómo podría ser un proceso de transición y renaturalización del valle de Aboño, una vez terminado el carbón y la industria pesada. ¿Volveremos a ver agricultura, ganadería y un río Aboño que realmente parezca un río?

El objetivo, explica Cuña, “es especular sobre futuros posibles para el entorno de Aboño, la ría, los poblados de La Sabarriona y Albandi, las playas de Peñamaría y Xibares, la Central Térmica y las demás instalaciones industriales de este territorio”.
¿Otro valle de Aboño es posible? De eso va Fiebre, un proyecto artístico en ebullición.































