Nadie tiene una solución para el asunto de la vivienda, pero son seguros algunos ingredientes de cualquier solución. Debemos hablar del neoliberalismo. Las cosas como son: la mayoría de empresas están en libre competencia porque no tienen suficiente poder. Las que lo alcanzan impiden la competencia. Parece una contradicción con la esencia del liberalismo, pero es que el liberalismo puro no se inventó para la libre competencia y el bien común, se inventó para que no hubiera gobierno democrático posible que mandara más que las oligarquías económicas. No es un error del sistema que un oligopolio energético, por ejemplo, altere el mercado en su beneficio y nuestro perjuicio, unte a ministros con puestos futuros y compre medios de comunicación para contarnos lo que pasa. No hay error en el sistema, ese es el sistema. Vargas Llosa, ardoroso predicador del neoliberalismo salvaje, había definido el mercantilismo como una «forma degenerada de capitalismo» constituida por «alianzas mafiosas del poder político y empresarios influyentes para, prostituyendo el mercado, repartirse dádivas, monopolios y prebendas». Se equivoca en lo principal. Eso no es una forma degenerada del capitalismo, es ese el capitalismo.
Y no es contradicción lo comunistas que pueden llegar a ser los ultraliberales. Las izquierdas están convencidas de que el mercado sin intervención no regula debidamente todo lo que se necesita. Sin intervención del estado, el mercado es una gallina ciega que choca con las paredes y se precipita por despeñaderos. En contraste, las derechas parecen creer que el libre mercado se autorregula y toda intervención del estado es ineficiente. Pero no es así. La derecha también cree, sabe, que el mercado debe ser intervenido. Unos predican la intervención pública y otros la rechazan, pero todos saben que es necesaria. Lo que cambia es solo cuándo y para qué la intervención del estado. Miren lo que hace ahora el gobierno de Trump, ultraliberal despiadado, enemigo de impuestos, subvenciones y servicios públicos, profeta de monedas desreguladas. China tiene un dominio mundial asfixiante de minerales críticos, incluidas las tierras raras. No hay iPhone, dron militar ni artilugio de alta tecnología que se pueda fabricar sin esos minerales. Cuando Trump habló de aranceles, China cerró el puño y se dispararon los costes. Cuando EEUU monta minas para extraer y refinar esos minerales, China inunda el mercado, caen los precios y no es rentable abrir esas minas. No hay mercado libre que le dé a EEUU las minas que necesita. Hay que recurrir al comunismo. La Vanguardia reproduce un artículo de The Economist que sintetiza las tres medidas que Trump está tomando para tener minas de minerales críticos. Primero, se hacen enormes subvenciones a empresas privadas para que abran minas. No hace falta que les recuerde que palabras como «subvencionados» son escupidas como insultos por los ultras en los días corrientes. Segundo, se garantiza una compra segura para ir acumulando reservas de esos minerales. Nada de mercado: tú fabricas y el estado te compra al margen de la demanda real de mercado. Y tercero, el estado garantiza un precio mínimo de compra. Nada de oferta y demanda, no vaya a ser que los chinos inunden el mercado y los precios caigan tanto que no sea rentable la mina. Así tienen más posibilidades de tener minas.
Y no digo que esto esté mal. Lo que digo es que no es contradictorio con el neoliberalismo rapaz. El neoliberalismo rechaza de boquilla la intervención del estado, pero la llega a querer tanto como la izquierda. Cambian los asuntos. La izquierda quiere la intervención del estado para hacer efectivos los derechos y libertades y para proteger a la población más humilde. La educación, la sanidad o la dependencia requieren profesionales y servicios públicos costosos y el puro lucro gestiona compraventa de servicios, pero no derechos. El neoliberalismo quiere la intervención del estado para garantizar que haya minas que se necesitan para componentes militares. O subvenciona centros educativos para garantizar la presencia de la Iglesia en la educación ciudadana. La izquierda no está de acuerdo con lo segundo, pero estaría de acuerdo con Trump en hacer lo que está haciendo con las minas, porque responde al interés general. La intervención del estado (comunismo, lo llaman ellos) fue necesaria para reconstruir Europa tras la Segunda Guerra mundial. Taxes, taxes, taxes, se decía entonces. Impuestos. Impuestos y estado fue lo que propuso Roosevelt en su new deal para levantar al país tras la gran depresión. Estado e impuestos se utilizaron muchas veces para superar crisis. Ahondar la desigualdad es injusto siempre, pero en situaciones de derrumbe es impracticable. La izquierda quiere más estado, porque los derechos son permanentes, la necesidad de metales críticos solo sucede a veces. Por eso la izquierda quiere siempre un estado debidamente financiado y una estructura de servicios sólida. Pero, para lo que les conviene, los ultraliberales llegan a ser tan comunistas como haga falta.
La vivienda es un problema crítico, un derrumbe, como para Trump los metales
La vivienda es un problema crítico, un derrumbe, como para Trump los metales. Una generación no puede tener más techo que el que hereden de sus padres o el que paguen gastando el grueso de su salario. Acaparar pisos es muy rentable. Pero el mercado es como es: no busca la rentabilidad, sino la máxima rentabilidad. Si se gana más alquilando por días a turistas, no se ganará menos por alquilarlo a familias para vivir en ellos. El lucro no gestiona derechos. Nadie tiene la solución a la vivienda, pero, decíamos, sí está claro algún ingrediente: estado, intervención, impuestos. Los neoliberales quieren estado e intervención para necesidades de defensa y motosierra para los derechos y libertades (díganlo siempre en plural; libertad es muy confuso, libertades se entiende mejor). Otros queremos redistribución permanente de la riqueza mediante esa marca de civilización que son los impuestos. Si la izquierda quiere «marcar perfil» con respecto a Sánchez, que vaya por ahí, con la Constitución subrayada, la calculadora, las cuentas, y ejemplos como el de los metales de Trump. El propio Sánchez alteró la opinión pública europea y la agenda de algunos gobiernos con su desplante a la guerra de Trump. Tómese nota, claro que se puede.

Y estúdiese a China. Las obras de ciencia ficción tienen el vicio de atribuir a las máquinas inteligentes pasiones humanas, son vengativas, egoístas, malvadas, agresivas. La IA Wintermute imaginada por Gibson en su Neuromante es más coherente e incómoda. Cuando los protagonistas se dan cuenta de que se enfrentan a una IA saben que es imposible imaginar su propósito, porque no es humana, ni feliz ni infeliz, ni egoísta ni altruista, no hay forma de entender qué busca. China a veces da una sensación parecida. Está sucediendo con Irán. Cientos de miles de millones dólares invertidos por China en infraestructuras y ayudas, enormes cantidades de petróleo barato garantizado, un enorme poder militar, y asiste con frialdad y con paciencia al espectáculo. Hermética como Wintermute. No son robots ni marcianos. Son humanos que se mueven en lapsos de tiempo más largos y por eso entendemos a medias cada momento concreto. Son colectivos, ejecutan procesos muy complejos a partir de muchas acciones lo bastante sencillas como para resultar invisibles. Por eso se extienden sin ruido y sin escrutinio. Pueden perder mucho en Irán y ya tienen posiciones para el momento después. En el boletín del Instituto Australiano de Asuntos Exteriores, Pierre Pahlavi explica sus movimientos. Ya están modificando la percepción general. Van siendo asociados a un multilateralismo mundial que sustituya al matonismo. Todos vemos mejor que antes algo más de presencia china. Sánchez lo sabe. Decía que se estudie a China: lapsos de tiempo generosos y anonimato en las grandes tareas. En tiempos la izquierda sabía de tácticas difíciles de detectar y de avances invisibles. Para estar donde Sánchez no puede llegar en temas como la vivienda, claridad, subrayados de la Constitución, intervención e impuestos, con firmeza y pragmatismo.



























