Durante años, la llegada de la alta velocidad a Asturias se presentó como algo más que una mejora en el transporte. El nuevo tren no solo debía reducir el tiempo de viaje a Madrid: también debía acercar la región al centro económico del país, atraer visitantes y abrir una etapa distinta para un territorio históricamente aislado por la Cordillera Cantábrica. Con la apertura de la variante de Pajares, el trayecto ferroviario entre Asturias y Madrid pasó de rondar las cinco horas a situarse en torno a las tres horas y cuarenta minutos.
La pregunta parecía sencilla: si Asturias estaba más cerca, vendría más gente. Sin embargo, un nuevo estudio académico sugiere que los efectos de esa conexión pueden ser más complejos de lo que prometían los discursos inaugurales.
Una investigación publicada recientemente por los economistas David Boto-García, José Francisco Baños-Pino y Alejandro Cazón-Flores, de la Universidad de Oviedo, analiza los primeros meses de funcionamiento del AVE en Asturias y llega a una conclusión inesperada: la nueva infraestructura no ha aumentado de forma significativa la llegada de turistas a la región, pero sí ha facilitado que más residentes viajen fuera.
El resultado no significa necesariamente que el AVE sea un fracaso ni que la infraestructura carezca de efectos positivos. Pero sí reabre una discusión más antigua: hasta qué punto las grandes infraestructuras sirven para impulsar territorios periféricos o, por el contrario, refuerzan la centralidad de los lugares que ya concentran actividad económica.

Un experimento casi natural
El estudio analiza los flujos turísticos en 168 municipios de Asturias y Cantabria entre diciembre de 2021 y noviembre de 2024. La comparación entre ambas regiones permite observar qué cambió tras la apertura de la línea de alta velocidad que conecta Asturias con Madrid en diciembre de 2023.
La elección de Cantabria como región de control no es casual. Comparte con Asturias varias características estructurales —envejecimiento demográfico, economías regionales relativamente pequeñas y una posición periférica en el mapa español— pero todavía no está conectada a la red de alta velocidad.
Para medir los movimientos turísticos, los investigadores utilizan datos de posicionamiento de teléfonos móviles recopilados por el Instituto Nacional de Estadística, lo que permite observar con gran precisión cuántas personas pasan al menos una noche fuera de su municipio de residencia.
“Los autores describen este fenómeno como un posible ‘efecto sifón‘: una situación en la que la mejora de la conectividad facilita que los residentes viajen hacia destinos más grandes o más consolidados turísticamente.”
Los resultados muestran que la llegada del AVE no produjo cambios estadísticamente significativos en el número de turistas nacionales o extranjeros que llegan a Asturias.
En cambio, sí se detecta un incremento claro en los viajes de los residentes hacia otros destinos. En los municipios con estación de alta velocidad, los desplazamientos turísticos de salida aumentaron alrededor de un 9,6 % tras la inauguración de la línea.
En algunos de los modelos econométricos utilizados por los autores, el aumento estimado llega a situarse entre el 10,5 % y el 19,7 %, dependiendo de la especificación empleada. El efecto, además, se concentra sobre todo en los municipios que cuentan con estación de alta velocidad, mientras que en el resto del territorio los cambios son mucho más débiles.
La movilidad también funciona en dos direcciones
Desde un punto de vista económico, el resultado tiene cierta lógica. Las infraestructuras de transporte reducen el coste y el tiempo de desplazamiento. Pero esa reducción opera en ambas direcciones: facilita que los visitantes lleguen, pero también que los residentes salgan.
Si el territorio conectado no consigue atraer nuevos flujos turísticos adicionales, el efecto neto puede ser simplemente una mayor movilidad de su propia población.
Los autores describen este fenómeno como un posible “efecto sifón”: una situación en la que la mejora de la conectividad facilita que los residentes viajen hacia destinos más grandes o más consolidados turísticamente.

Un debate que no empieza en Asturias
El trabajo se suma a una discusión más amplia en la literatura económica sobre los efectos territoriales de la alta velocidad. Durante décadas, la expansión del AVE en España se justificó en parte por sus posibles beneficios económicos indirectos: atracción de turismo, dinamización urbana o revitalización de territorios en declive demográfico. Sin embargo, varios estudios han encontrado resultados más matizados.
Un trabajo de los economistas Daniel Albalate, Javier Campos y Juan Luis Jiménez, publicado en 2022, analizó el impacto del AVE en ciudades medias del interior como Albacete, Cuenca o León utilizando una técnica conocida como control sintético, que permite comparar la evolución real de una ciudad con la de otras similares para estimar qué habría ocurrido sin la nueva infraestructura.
Sus conclusiones apuntaban a que el número de pernoctaciones hoteleras en estas ciudades había sido incluso menor de lo que habría ocurrido sin la llegada de la alta velocidad. Una de las razones es que el tren rápido facilita las excursiones de un día: permite viajar y regresar en la misma jornada, reduciendo la necesidad de pasar la noche en el destino.
Conectar no siempre significa converger
Este tipo de resultados encaja con una idea más general desarrollada por la llamada nueva geografía económica, popularizada por economistas como Paul Krugman.
Según esta teoría, mejorar las conexiones entre regiones no necesariamente reduce las desigualdades territoriales. En algunos casos puede ocurrir lo contrario: la mejora del transporte refuerza la centralidad de los grandes polos económicos, que concentran más oportunidades, empleo y actividad.
“El análisis cubre solo el primer año de funcionamiento de la línea, por lo que los efectos a medio o largo plazo podrían ser distintos.”
En ese contexto, los territorios periféricos pueden ganar accesibilidad sin modificar sustancialmente su posición en el sistema económico.
En otras palabras, acercar un territorio al centro no siempre implica que ese territorio gane peso; a veces simplemente facilita que el centro esté más cerca.
Asturias encaja bien en ese tipo de casos: una región con fuerte envejecimiento demográfico, pérdida de población en muchas áreas rurales y un peso creciente del turismo como sector económico.
Un primer año no es una sentencia
Los propios autores del estudio subrayan que sus resultados deben interpretarse con cautela. El análisis cubre solo el primer año de funcionamiento de la línea, por lo que los efectos a medio o largo plazo podrían ser distintos.
La experiencia de otras infraestructuras sugiere que los cambios económicos suelen producirse de forma gradual: a medida que las empresas se adaptan, aparecen nuevos servicios o cambia la percepción del destino.
En ese sentido, el estudio no concluye que la alta velocidad sea inútil para regiones como Asturias. Pero sí plantea una advertencia importante: las infraestructuras de transporte, por sí solas, difícilmente transforman una economía regional.
Para que eso ocurra, sostienen los autores, la mejora de la accesibilidad debe ir acompañada de políticas complementarias, desde la promoción turística hasta la regeneración urbana o la mejora de la oferta cultural.
De lo contrario, el resultado puede ser más modesto: una región mejor conectada… pero no necesariamente más visitada.



























