El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas para la juventud trabajadora en España. La dificultad para emanciparse, el aumento del precio del alquiler o la precariedad laboral están retrasando cada vez más la independencia de las generaciones más jóvenes. De ello hablamos con Pau García Orrit (30 años), secretaria de Juventud Confederal de Comisiones Obreras, que este jueves estuvo en la asamblea de delegados celebrada en Oviedo. La sindicalista advierte de que la vivienda se ha convertido en un obstáculo central para el proyecto de vida de la juventud y reclama ampliar el parque público de alquiler y regular los precios en las zonas tensionadas.
El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas para la juventud. ¿Cómo afecta esto a las personas jóvenes trabajadoras?
Creo que ya se ha convertido en el principal problema para toda la clase trabajadora, pero para la gente joven es especialmente dramático. La edad media de emancipación en España está ya en los 30,4 años, lo que quiere decir que si consideramos que a los 30 años muchas veces ya se deja de considerar a alguien joven, en realidad lo que estamos diciendo es que prácticamente nadie joven se está emancipando en España. Es un dato muy preocupante, sobre todo si lo comparamos con otros países europeos: la media en la Unión Europea está en torno a los 26 años y en los países del norte de Europa ronda los 21. Eso significa que no es un fenómeno generalizado en nuestro entorno, sino que hay algo que claramente no está funcionando bien en nuestro país. Esto afecta directamente a las perspectivas de futuro de la juventud, condiciona qué trabajos acepta y cómo planifica su vida, por lo que es una situación que hay que tomarse muy en serio.
¿Qué problemas encuentra la juventud cuando intenta acceder al alquiler?
Fundamentalmente el problema es el precio. Ha habido una subida de los alquileres absolutamente desorbitada en los últimos años, lo que hace que sea prácticamente inviable vivir de manera autónoma en nuestro país. Ahora mismo, en muchos casos solo es posible alquilar una vivienda si se comparte piso con otra persona, porque con dos salarios —o incluso más— es cuando se puede llegar a pagar el alquiler. Si una persona quiere vivir sola en España puede llegar a gastar hasta el 90 % de su salario únicamente en pagar el alquiler, lo que evidentemente hace imposible plantearse una emancipación real o una vida adulta autónoma.
Desde el sindicato, ¿qué medidas proponéis para facilitar el acceso a la vivienda de los jóvenes?
Aquí solemos decir una cosa que resume bastante bien el problema: hay que hacer muchas cosas y todas a la vez. Yo lo resumiría en dos grandes líneas de actuación. Por un lado, es imprescindible ampliar el parque de vivienda pública en alquiler, construir más vivienda pública pero también utilizar la que ya existe y garantizar que las viviendas de protección oficial que se construyan o se reconviertan no puedan acabar pasando al mercado privado con el tiempo, algo que está ocurriendo en muchas comunidades autónomas. Ciudades como Madrid o Valencia están viendo cómo viviendas que se construyeron con protección pública acaban convertidas en viviendas de mercado, lo que provoca que políticas que inicialmente servían para facilitar el acceso a la vivienda terminen alimentando de nuevo la especulación. Por otro lado, es necesario regular los precios del alquiler en las zonas tensionadas, algo que requiere que comunidades autónomas y ayuntamientos apliquen la ley de vivienda, porque ahora mismo ese es uno de los principales problemas. Hay que ajustar los precios a la capacidad económica real de la gente y también hacer una regulación seria de los pisos turísticos, porque si no lo que vemos es una inflación continua del precio del alquiler. Además hay comunidades como Baleares donde muchas personas procedentes de otros países de la Unión Europea con mayor capacidad económica pueden asumir alquileres muy altos, lo que también contribuye a inflar los precios.
¿Qué papel puede jugar un sindicato en un problema como el acceso a la vivienda, que en principio va más allá del ámbito laboral?
Para nosotras está muy claro que la vivienda es uno de los principales problemas sociales del país y, por tanto, un sindicato de clase y sociopolítico como el nuestro tiene que implicarse en él. Pero además hay una relación directa con el trabajo, porque la vivienda está absorbiendo entre el 80 % y el 90 % del salario de muchas personas, lo que significa que afecta directamente a las condiciones de vida de la clase trabajadora. Nuestro papel es el de siempre: organizar a la clase trabajadora, concienciar y sensibilizar sobre este problema. Es cierto que en algunos casos este debate está siendo impulsado por otras organizaciones, como los sindicatos de inquilinas, pero para Comisiones Obreras también es una prioridad, y estamos presentes en las mesas de negociación, en las comisiones de vivienda, en las movilizaciones y en el debate público sobre este tema.
“Las empresas saben perfectamente qué es la CEOE, pero muchos estudiantes o trabajadores jóvenes no saben qué es un sindicato ni qué opciones tienen para organizarse”
Existe la idea de que los jóvenes se afilian menos a los sindicatos. ¿Es realmente así?
Hay que poner los datos en contexto. Sí es cierto que han cambiado algunas dinámicas de afiliación entre las personas jóvenes, pero hace unos meses publicamos un informe y vimos algo interesante: muchas personas jóvenes se afilian por la confianza en la persona que les afilia, es decir, en su delegado sindical, en su permanente sindical o en alguien cercano que les explica qué hace el sindicato. Esto en realidad es una buena noticia, porque significa que no existe un rechazo hacia el sindicalismo ni hacia los sindicatos, sino más bien una necesidad de conocerlos de cerca y confiar en personas que tienen los mismos problemas y experiencias que ellas.
¿Qué dificultades encuentran los sindicatos para llegar a las personas jóvenes?
Hace poco estuvimos en Aula, la mayor feria educativa del Estado que se celebra en Madrid, y hablamos con estudiantes desde cuarto de la ESO hasta segundo de bachillerato. Puedo decir que entre los jóvenes hay un desconocimiento casi total de qué es un sindicato y qué función tiene, algo que llevamos denunciando desde hace mucho tiempo. En el sistema educativo debería explicarse qué es un sindicato y cuál es su papel, porque hay muchos jóvenes que empiezan a hacer prácticas en empresas sin saber qué herramientas tienen para defenderse si tienen un problema. Las empresas saben perfectamente qué es la CEOE, pero muchos estudiantes o trabajadores jóvenes no saben qué es un sindicato ni qué opciones tienen para organizarse. A eso se suma que durante años, especialmente tras la crisis económica, ha habido un discurso de descrédito hacia los sindicatos que también ha calado en parte de la sociedad.
¿Qué puede ganar una persona joven trabajadora afiliándose hoy a un sindicato?
Puede ganar mucho, especialmente si está empezando. Por ejemplo, en el caso de las prácticas estamos viendo mucho fraude en las prácticas no laborales, y conocer los sindicatos y las herramientas que tienen para denunciar o defenderse ante estas situaciones es fundamental. Además, cuando una persona joven entra en el mercado laboral muchas veces no sabe cómo funciona un contrato, qué es un convenio colectivo o qué derechos recoge el Estatuto de los Trabajadores, y eso hace que su primera experiencia laboral pueda ser muy precaria. Lo que ofrece el sindicato es precisamente conocer los derechos laborales y tener herramientas para defenderlos desde el primer momento en el mundo del trabajo.



























