“No me he movido mucho con respecto a Sociofobia, lo que se ha movido mucho es el mundo”. César Rendueles regresa con “Redes Vacías” a la reflexión sobre Internet trece años después de la publicación de su primer ensayo, “Sociofobia”, un libro pionero en España donde el pensador asturiano ya anticipaba los malentendidos de una fascinación tecnológica que si en los años de la “globalización feliz”, por utilizar la afortunada expresión de Ramón Fernández Durán, era excesivamente optimista, ahora con Trump y el resurgir de las extremas derechas ha derivado en el otro extremo: el catastrofismo y el pánico moral que impulsa medidas como la prohibición de las redes sociales a los menores de 16 años.
Ni tanto ni tan poco vino a decir este martes Rendueles, que trazó en su intervención en la librería ovetense Matadero Uno el movimiento pendular que va de las grandes expectativas del “ciberutopismo” de principios del siglo XXI al “cibercatastrofismo” de la postpandemia, cuando las redes sociales han empezado a ser vistas desde el espectro progresista como un difusor de bulos sin control y una amenaza para la democracia que hace falta cortar con una nueva “Ley Seca Digital”. Dos extremos que coinciden en ocultar, según el ensayista, las relaciones sociales que se esconden debajo de una tecnología, Internet, que recordó, nunca fue pública, ya que su desarrollo, al contrario por ejemplo al de la televisión o la radio, coincide, no con el consenso keynesiano, sino con el auge del neoliberalismo. Es decir, el tiempo de la retirada del Estado de sectores estratégicos de la economía, como las telecomunicaciones, o el desplazamiento a los países de la periferia capitalista de trabajos mal pagados que supuestamente estaban automatizados: “El robot más barato sigue siendo un trabajador precario amenazado por la robotización”.
En el acto de La Sacavera, el espacio de debate y reflexión impulsado por NORTES y la Sociedad Asturiana de Filosofía, el autor gijonés recordó que “tecno-oligarcas” con Elon Musk, que hoy son vistos como villanos —casi caricaturas de un universo de superhéroes— fueron durante años figuras simpáticas, incluso admiradas, por los medios progresistas, en los tiempos de esa “globalización feliz” que hoy resulta tan lejana, cuando parecía que Internet solo podría ser sinónimo de democratización, conocimiento libre y emancipación social.



Frente al determinismo tecnológico que otorga autonomía a las máquinas por encima de los humanos, Rendueles invirtió los términos, “no tenemos que temer a la tecnología sino a los dueños de la tecnología”, y abogó por generar un ecosistema digital público que democratice Internet, regule los algoritmos y genere nuevas fórmulas de mediación cultural para que no sean Google o Spotify los monopolios que deciden qué leemos o escuchamos. Un ecosistema del que podrían formar parte tanto empresas e instituciones públicas, las bibliotecas y universidades por ejemplo, como la sociedad civil organizada. ¿Utópico? Rendueles recordó que construir plataformas y redes sociales públicas es bastante más barato de poner en marcha pilares clásicos del Estado del bienestar como la educación o la sanidad públicas.
Hubo también en el acto espacio para desmontar mitos como la infalibilidad de las apuestas de los los tecno-oligarcas, señalando por el contrario sonoros fracasos como el Metaverso, en el que Mark Zuckerberg dilapidó 80.000 millones de dólares: “Tienen mucho poder, pero no son tan listos”.

“Es una leyenda urbana que los millonarios de Silicon Valley prohíban las pantallas a sus hijos”, afirmó el autor, cuestionando relatos simplistas que circulan como verdades evidentes. Y, al abordar el debate sobre jóvenes y redes sociales, introdujo un matiz incómodo: “Si prohibimos las redes a los adolescentes estamos dejando que solo sus padres decidan a qué información acceden sobre política, sexualidad o cualquier otro tema”.
Rendueles también planteó la inteligencia artificial no como amenaza, sino como herramienta infrautilizada para hacer otras cosas: “La IA se podría por ejemplo estar aplicando para ayudar a la gente a acceder a ayudas sociales como el Ingreso Mínimo Vital”.



























