Día de la Visibilidad Trans: “No queremos ser víctimas, queremos vidas normales”

Colectivos asturianos reclaman igualdad para las personas trans.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Ser visibles sin ser víctimas”. Con ese lema como eje, este martes 31 de marzo se volvieron a reunir en Oviedo a colectivos y ciudadanía con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Trans para reivindicar derechos y normalización. La plaza del Ayuntamiento acogió una concentración que continuó con un micro abierto en el espacio cultural El Manglar, en una jornada convocada por XEGA, Xuntes Diverses y Llar Trans.

La idea central fue clara: que la visibilidad no implique exposición a la discriminación, la violencia o el rechazo. Un equilibrio que, a día de hoy, sigue siendo una de las principales reivindicaciones del movimiento trans en Asturias.

Para María Ángeles Fal Fernández, presidenta de Llar Trans y madre de una mujer trans, la visibilidad continúa siendo una herramienta necesaria mientras la realidad de las personas trans no esté plenamente normalizada. “Ser visible es poder tener una vida normalizada, que no tengas por qué esconder nada de tu vida que tú no quieras”, explica. “Pero al mismo tiempo que no te conviertas por ello en una persona expuesta a discriminación, violencia o ataques por ser quien eres”.

Fotos: David Aguilar Sánchez

Ese equilibrio entre visibilidad y seguridad es precisamente el núcleo de la reivindicación. “Se trata de poner encima de la mesa la normalización de las vidas y las realidades trans”, señala Fal. “Que no se vea a las personas trans como algo extraño, sino como parte del día a día: tu vecina, tu amiga, tu hermana o alguien cercano”.

Mientras esa normalidad no llegue plenamente, jornadas como esta siguen siendo necesarias. “Ojalá llegue un momento en que no haga falta celebrar un día de la visibilidad porque todo esté ya normalizado. Entonces la única visibilidad será la del día a día”.

Un pasado que aún pesa

Aunque la situación ha mejorado en las últimas décadas, Fal recuerda que las desigualdades actuales no pueden entenderse sin mirar al pasado.

Durante años, las personas trans estuvieron perseguidas por leyes como la de vagos y maleantes o la posterior ley de peligrosidad social, que las señalaban como sospechosas simplemente por existir. “Aunque esas leyes desaparecieron hace décadas, parte de la sociedad todavía arrastra ese lastre”, explica. “Aún hay quien sigue viendo a las personas trans como algo sospechoso o problemático”.

“La jornada de reivindicación llega además en un momento clave para el movimiento LGTBI en Asturias, con la tramitación de una ley autonómica LGTBI.”

Esa presión social se refleja también en lo que dentro del propio colectivo se conoce como cispassing, es decir, la capacidad de pasar desapercibido como una persona cisgénero. “Muchas personas trans desean tener un cispassing alto porque saben que así su vida será más fácil”, señala. “Si nadie nota que eres trans, es más probable que no se metan contigo, que no te discriminen o que no tengas problemas en el trabajo o en el colegio”.

Cuando esa invisibilidad no es posible, añade, la exposición pública puede traducirse en discriminación cotidiana. “Cuando no encajas en la normatividad, muchas veces te expulsan de espacios sociales, laborales o educativos”.

La futura ley LGTBI asturiana

La jornada de reivindicación llega además en un momento clave para el movimiento LGTBI en Asturias, con la tramitación de una ley autonómica LGTBI en la que han participado activamente distintos colectivos.

Fal considera que el proceso ha sido amplio y participativo. “Quizá no vaya a ser la ley más avanzada de España, pero sí una ley muy trabajada y muy consensuada”, afirma. “Lo importante es que establezca bases para desarrollar políticas, protocolos y medidas que permitan avanzar en inclusión”.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Entre los ámbitos donde esa normativa podría tener más impacto se encuentran la educación y la sanidad, donde profesionales reclaman herramientas claras para actuar. “Muchos docentes y sanitarios quieren atender bien a la población LGTBI, pero a veces no tienen herramientas”, explica. “La ley puede ayudar a que haya protocolos claros y apoyo institucional”.

Al mismo tiempo, Fal apunta a un debate que sigue pendiente en la legislación española: el reconocimiento de las identidades no binarias. “Existen personas que no se identifican ni como hombres ni como mujeres”, señala. “Negar que existen no hace que desaparezcan. Han existido siempre, en todas las culturas y en todas las épocas”.

Una historia personal

El activismo de María Ángeles Fal también nace de una experiencia personal. Es madre de una mujer trans que inició su transición hace más de una década. Cuando habla de ella, lo hace con una mezcla de orgullo y humor.

“Yo siempre digo que soy madre de una chica trans”, cuenta. “Pero ella se ríe y me dice: ‘mamá, que ya soy una señora, que tengo más de treinta’”. Más allá de la broma, el proceso no fue sencillo. La transición coincidió con una etapa especialmente compleja.

“Cuando recorres ese camino junto a tu hijo o tu hija, los lazos se vuelven incluso más fuertes”

“La adolescencia con transición no se la deseo a ninguna madre”, reconoce. “No sé qué es peor, si la adolescencia o la transición; las dos cosas son duras”. Pero con el paso del tiempo, explica, la situación cambia. “Se superan muchas cosas juntas y llega un momento en que todo se vive con mucha más tranquilidad”.

En ese recorrido, Fal recuerda que muchas familias atraviesan momentos de miedo o desconcierto. “Hay madres que pasan una especie de duelo, como si hubieran perdido a su hijo o a su hija”, explica. Pero ese sentimiento, añade, suele transformarse con el tiempo. “Al final te das cuenta de que no has perdido a nadie”, afirma. “Al contrario: descubres realmente a tu hijo o a tu hija”.

Para quienes puedan estar pasando por una situación similar, su consejo es sencillo: escuchar y acompañar. “A veces no entiendes todo al principio”, reconoce. “Pero puedes decir: ‘no lo estoy entendiendo todavía, pero déjame ayudarte y entenderlo contigo’”.

Porque después de ese proceso, muchas familias descubren algo inesperado. “Cuando recorres ese camino junto a tu hijo o tu hija, los lazos se vuelven incluso más fuertes”, explica. Y entonces, concluye, la transición deja de verse como una pérdida. “No has perdido a nadie. Lo que has hecho es encontrar realmente a tu hijo o a tu hija”.

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