España es uno de los países que más protege las divergencias afectivas, pero me arriesgaría a decir que las leyes se han adelantado a una parte de la sociedad que aún tropieza con sus propios prejuicios
No es bueno que los seres humanos nos organicemos en grupos excluyentes en base a algo tan personal, tan íntimo y tan inofensivo como la preferencia sexual