El analista energético Pedro Fresco (Valencia, 1981) es químico y experto en mercados eléctricos y transición energética. Ha sido director general de Transición Ecológica en la Generalitat Valenciana, donde impulsó políticas de fomento de energías renovables y autoconsumo. Director de la Asociación Valenciana del Sector de la Energía (Avaesen), compatibiliza este cargo con el análisis y divulgación sobre el sistema energético, colaborando con distintos medios de comunicación y entidades especializadas.
Tras “Energy Fakes”, libro en el que desmontaba los principales mitos sobre la energía y el cambio climático, publica “El arte de impulsar el cambio”, un ensayo breve y optimista sobre la transición energética. Este miércoles estuvo en la librería ovetense Salto de Página presentándolo.
¿Cómo afronta España, desde el punto de vista energético, la guerra de Oriente Medio?
Bueno, pues en España lo que tenemos ahora mismo es el producto de un desarrollo renovable bastante intenso. Esto de hecho se nota ahora en la factura eléctrica de las últimas semanas. Estamos en el inicio de una posible crisis energética y en la factura eléctrica prácticamente no se ha notado. Y no se ha notado porque se ha instalado mucha renovable y además estamos en el periodo del año donde hay más renovable, con más horas de sol y los embalses llenos. Pero eso es solo una parte de la energía. Luego tenemos un 75% de los consumos energéticos que son no eléctricos, por tanto es gas o derivados de combustibles fósiles. Y ahí la realidad es que vamos lentos. Estamos electrificando demasiado lento y estamos descarbonizando demasiado lento. Entonces, bien por la parte del sistema eléctrico, pero muy lentos por la parte del resto de consumo.
¿Ha tenido repercusiones el desmantelamiento de las centrales térmicas?
La única repercusión que ha tenido es sustituirlas por energías mucho más baratas, como son las renovables. Creo que un ejemplo claro es lo que está pasando en Italia. Tiene un mercado eléctrico carísimo, mucho más caro que el de la península ibérica, y es porque dependen aproximadamente en un 50% del gas. Alemania tiene un mercado eléctrico más caro que el de España, y aunque tiene muchas renovables, todavía depende en gran parte del carbón. Entonces, lo que ha provocado la desaparición del carbón es más energía renovable y la bajada de la factura eléctrica.
“Las renovables han tenido un proceso de maduración tecnológica que las ha llevado a ser cada año que pasa más baratas que el anterior”
¿Por qué las renovables son tan baratas?
Son tan baratas fundamentalmente por dos razones. La primera es que usan un recurso natural que es gratuito: el viento, el sol o el agua. Y la segunda es que en las últimas dos décadas la energía solar y la energía eólica han tenido un proceso de maduración tecnológica que las ha llevado a ser cada año que pasa más baratas que el anterior. La combinación de un combustible gratuito y una maduración tecnológica es lo que nos lleva a que sean las formas más baratas de generar energía.

¿Hay margen para que el recibo de la luz sea más barato?
Sí, hay dos cuestiones. Lo estamos haciendo bien en lo que es el cambio de fuentes energéticas a fuentes renovables, pero nuestro sistema de fijación de precios nos lleva a que con que entre un poquito de una fuente cara, como el gas, todo el precio eléctrico se base en la fuente más cara. Esto existe en todos los países de Occidente desde hace dos o tres décadas y tenemos que plantear cambiarlo. Eso por una parte. Pero hay una segunda parte, la factura eléctrica, tanto de empresas como de particulares, no solo tiene coste de energía: tiene coste de redes, tiene cargos de política energética y tiene impuestos. Lo que tenemos que hacer es actuar también sobre el coste de las redes, sobre los cargos y sobre los impuestos, bajándolos, reduciéndolos o cambiándolos a otras energías, o en el caso de las redes intentar que haya más demanda eléctrica para pagar el mismo coste entre más consumidores y que por tanto salga a menos por cabeza.
¿A las grandes empresas les interesa seguir apostando por las energías fósiles, sobre todo el gas, teniendo en cuenta que sube el precio de la factura?
Claro que así ganan más dinero. Sin embargo, tenemos que entender que estamos en una revolución tecnológica. Las grandes empresas no tienen la elección de no elegir el camino renovable: si no lo hacen ellas lo harán otras. Si optaran por intentar paralizar el cambio lo único que pasaría es que otros actores instalarían las energías renovables y al final pasaría lo mismo y ellas se quedarían fuera de esos rendimientos. Por tanto, también están instalando renovables.
“Las grandes empresas no tienen la elección de no elegir el camino renovable: si no lo hacen ellas lo harán otras”
¿Qué cree que ha hecho bien España en estos años para llegar a esta situación energética?
Fundamentalmente tener una política de transición energética clara, hacer un plan nacional de energía y clima ambicioso y dar previsibilidad tanto a los inversores nacionales como internacionales de que el camino de España estaba claramente orientado a la sustitución de las energías fósiles y de la nuclear por energías renovables. Esto ha traído mucha inversión y también ha aprovechado una cuestión inherente a la propia península ibérica, como son la abundancia de sol, viento y territorio.
A pesar de ello, sobre todo después del apagón, hubo una campaña muy fuerte por el regreso de la energía nuclear. ¿Qué opina de este revival pro-nuclear?
Bueno, concretamente con el apagón diría dos cosas. Con el apagón vimos algo que sabíamos que iba a pasar: que se aprovechan los momentos de pánico para intentar conseguir objetivos económicos. Tanto quienes rechazan la transición energética como quienes querían el mantenimiento de las nucleares generaron desinformación e incluso difundieron bulos para intentar coaccionar la política energética del país hacia sus intereses. Sobre la energía nuclear, el problema fundamental es que los sistemas que tienen un porcentaje alto de renovables eólicas y solares y energía nuclear llegan a un momento en que estas energías se excluyen entre ellas. Como no son gestionables en el mismo sentido, muchas veces acaban expulsándose unas a otras del mix eléctrico. Y la energía nuclear, por su inflexibilidad, acaba expulsando a las renovables muchas veces.

¿A qué se refiere con inflexibilidad?
Una central nuclear tiene que funcionar a su máxima potencia las 24 horas del día, los siete días de la semana, y no la puede parar con facilidad. No es como una central de gas que se puede parar o bajar a carga mínima cuando entra energía solar durante el día y luego volver a subir al final del día. Una nuclear no permite eso. Por tanto, como no puedes frenarla acabas obligando a parar la solar o la eólica, lo cual es absurdo porque en un caso estás fisionando uranio, es decir, consumiendo combustible, y en el otro es una energía gratis que estás desperdiciando. Por tanto, cuando llegan esos momentos de alta penetración renovable es cuando hay que empezar a cerrar nucleares, porque si no la presencia de la nuclear hará que no se invierta más en renovables. Y España ha llegado a ese momento.
¿Qué cree que va a hacer el Gobierno?
Francamente no lo sé. Si tuviese que apostar algo, no apostaría. Yo sé lo que haría si fuese el Gobierno: no aceptaría una prórroga de dos años para la primera central que debe cerrar, que es Almaraz, porque en este momento no existe necesidad para romper un calendario nuclear que lleva pactado siete años y que ha generado una política energética de éxito.
El problema siempre, como ocurrió con las térmicas, son los territorios. ¿Qué pasa con los territorios que viven en gran medida de una fuente de energía?
Eso es un problema y es totalmente natural que las personas que viven en un municipio que tiene una central nuclear desde hace décadas y donde no ha pasado nada malo y lo único que ha habido son ingresos quieran que se mantenga. Esto hay que gestionarlo con políticas de transición justa y anticipándose a un cierre que tarde o temprano va a llegar, principalmente porque las nucleares son viejas, y cada vez va a costar más mantenerlas. Es lo mismo que pasa con un coche, lo terminamos jubilando cuando ya no nos sale a cuenta seguir llevándolo al taller a repararlo.
¿Las propietarias de las nucleares también están en el negocio eólico?
Las propietarias de las nucleares están en el negocio nuclear, en el de las térmicas, en el eólico, en el solar, en las redes de distribución y en la comercialización.
¿También pueden ir desinvirtiendo de un lugar para invertir en otro?
Claro, pero al final lo harán por criterios económicos. Y la forma más barata de generar electricidad hoy son las renovables. Por eso están invirtiendo en renovables.
Uno de los problemas que está rompiendo el consenso que hace unos años existía sobre las renovables es que consumen territorio. ¿Qué opina de este conflicto?
Las energías renovables son maravillosas en muchos aspectos, pero tienen un problema: consumen territorio. Necesitan superficie para captar flujos naturales que no son energéticamente intensos. Por tanto, la ocupación de territorio es inevitable si queremos renovables, y necesitamos renovables por razones climáticas, económicas y geopolíticas.
Otra crítica es que no están sustituyendo a las fósiles sino que se están agregando al consumo.
Eso es una falacia. España ha eliminado el carbón y lo ha sustituido por renovables, y hay muchos países donde está ocurriendo lo mismo. Otra cosa es que a nivel mundial hayan crecido tanto las renovables como las fósiles, principalmente porque ha crecido la población y con ello el consumo de energía.
¿No estamos infrautilizando los tejados de las casas para poner paneles solares?
Es verdad que están infrautilizados, pero también hay que entender que convencer a una comunidad de vecinos para hacer una instalación colectiva es extremadamente complicado. Podemos instalar muchas más placas solares en tejados de viviendas y de edificios públicos, de hecho se está haciendo, pero es insuficiente para las magnitudes de la transición energética.
¿La reducción del consumo de energía no debería ser también un objetivo?
Se puede consumir menos y no está mal eliminar despilfarros, pero eso tiene un límite. Lo fundamental es electrificar consumos energéticos como el transporte, que hoy dependen de las fósiles, mucho más ineficientes.
¿Qué ejemplos de despilfarro se podrían evitar?
Desde calefacciones o aires acondicionados a temperaturas excesivas hasta el uso del coche cuando se puede ir caminando, en bicicleta o en transporte público.
Por último, en Asturias hay mucha inquietud con los parques de baterías para almacenar renovables. ¿Qué le diría a la gente preocupada por esto?
Lo primero es que la gente no tiene que tener miedo a las baterías. Vivimos entre baterías, las llevamos en el bolsillo y estamos usando una ahora mismo para grabar esta entrevista. No generan campos electromagnéticos que provoquen cáncer ni cosas por el estilo que se están diciendo. Son necesarias para almacenar energía en un sistema con muchas renovables y ocupan muy poco territorio. Por tanto, más allá de casos concretos donde quizá la ubicación no sea la mejor, el rechazo general no está fundado más que en bulos.



























