Un comentario en el bar. Un meme en un grupo de WhatsApp. Una frase racista “de broma” en una conversación cualquiera. Para Antonio Maestre, el avance de la extrema derecha también se juega en esos espacios aparentemente menores donde determinados discursos terminan normalizándose casi sin resistencia.
Esta semana el periodista y escritor madrileño pasó por Asturias para presentar Me crié como un fascista en Matadero Uno, en Oviedo, y Toma 3, en Gijón. De aquellas conversaciones quedó una reflexión muy concreta sobre cómo mantener una actitud cotidiana antifascista. No desde las grandes consignas, sino desde pequeños gestos diarios.
El primero tiene que ver con no dejar ningún espacio libre para determinados discursos. “Lo primero es no dejar ningún espacio libre para comentarios machistas, fascistas y racistas”, resume. Ahí aparecen escenas reconocibles para cualquiera: conversaciones entre amigos, frases lanzadas “de broma”, comentarios que pasan sin respuesta porque nadie quiere tensar el ambiente. Para el periodista madrileño, precisamente ahí empieza el problema.

La segunda recomendación pasa por intervenir en los espacios cotidianos antes de que determinados discursos se conviertan en paisaje habitual. “Intervenir en cualquier espacio público en el que haya algún tipo de actitud homófoba, racista, machista, fascista”. También “intervenir en un comentario en el bar, en un comentario en cualquier tipo de espacio público cotidiano”. Más que buscar una confrontación constante, Maestre plantea “hacer ver que existe una incomodidad con ese tipo de comentarios”.
El tercer terreno es el digital. “No dejar ningún espacio digital libre para esos comentarios machistas”. Maestre menciona directamente los grupos de WhatsApp, los memes y “algún tipo de apelación fascista, racista o machista” (insiste en esta enumeración) compartida como si fuese algo inocente o puramente humorístico. También ahí, sostiene, es importante intervenir y no dejar pasar el mensaje.
Pero sus recomendaciones no se quedan únicamente en la respuesta inmediata. También insiste en la importancia de preguntar y conversar con quienes empiezan a mostrarse receptivos a discursos ultras. “Preguntar cuando veas a alguien que tiene algún tipo de inquietud que puede ser alimentada por ese tipo de discurso postfascista”. Y añade: “Si tú ves que alguien puede ser sensible a esa actitud, preguntarle por qué piensa así, que se exprese para intentar contrarrestarlo de una manera amable”.
La reflexión termina en la empatía con quienes sufren violencia o discriminación. “Activar la empatía con todas aquellas personas a tu alrededor que veas que necesitan ayuda”. Ahí incluye “ser amable con el diferente”, “pensar mucho en los demás” y “entender las razones por las que las mujeres sufren violencia, oírlas, preguntarles”. Y, concluye, hablando de “todo ese tipo de actitudes de empatía”.



























