Burtynsky y las huellas del progreso sobre el agua

La exposición Agua de Edward Burtynsky llega al Centro Niemeyer dentro de la Bienal Climática de Avilés.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Las fotografías de Edward Burtynsky engañan. A primera vista parecen pinturas abstractas, composiciones geométricas de colores intensos o paisajes de una belleza casi hipnótica. Solo después, cuando el espectador se detiene y observa con más atención, descubre que detrás de esos azules brillantes, de esas formas sinuosas o de esas perspectivas monumentales se esconden ríos agotados, territorios transformados por la industria y algunas de las huellas más profundas que la actividad humana ha dejado sobre el planeta.

Esa paradoja recorre Agua, la exposición inaugurada este viernes en la Sala de Fotografía del Centro Niemeyer dentro de la primera edición de la Bienal Climática y que podrá visitarse hasta el 13 de septiembre. La muestra reúne una selección de imágenes del fotógrafo canadiense Edward Burtynsky, uno de los grandes referentes internacionales de la fotografía contemporánea, y propone un viaje por los cinco continentes a través de un recurso tan esencial como cada vez más vulnerable.

Enrica Viganò, comisaria de la exposición en el Niemeyer dentro de la Bienal Climática. Foto: Carranza.

Comisariada por Enrica Viganò, colaboradora habitual del artista y una de las personas que mejor conoce su trabajo, la exposición llega en un momento especialmente oportuno. “El agua es el elemento vital para nuestra vida y para la vida de la Tierra”, explica la comisaria. Por eso considera que esta serie mantiene toda su vigencia en un contexto marcado por la emergencia climática y la creciente presión sobre los recursos naturales. “Esta exposición es una manera de reflexionar a través de la belleza del arte”.

Burtynsky lleva más de cuatro décadas fotografiando los lugares donde el progreso deja una huella visible sobre el territorio. Canteras, minas, explotaciones petroleras, grandes infraestructuras hidráulicas o paisajes transformados por la agricultura intensiva forman parte de una obra que ha convertido el paisaje contemporáneo en una reflexión visual sobre los límites del crecimiento y las consecuencias de la actividad humana sobre el planeta. Como escribe la propia Viganò en el catálogo de la muestra, sus imágenes se han convertido en “la metáfora de la antinomia no resuelta entre el hombre y la naturaleza”.

La belleza y el conflicto

La serie Water, desarrollada durante ocho años, sigue el curso de ríos, mares, glaciares, deltas, sistemas agrícolas e infraestructuras repartidas por todo el mundo. El fotógrafo canadiense construye así una cartografía de las múltiples formas en que las sociedades contemporáneas dependen del agua, la transforman y, en muchos casos, la ponen en riesgo.

Agricultura de secano n.o 2
Comarca de Monegros, Aragón, España, 2010
© Edward Burtynsky / cortesía de Admira, Milán

Las imágenes muestran algunos de los escenarios más significativos de esa relación. Desde el delta del río Colorado, agotado por décadas de sobreexplotación agrícola, hasta las grandes presas chinas, pasando por los sistemas de irrigación industrial en Texas, las prácticas agrícolas de secano en Los Monegros o las concentraciones humanas en torno al Ganges. Casos muy distintos que, en realidad, hablan de un mismo problema: cómo gestionar un recurso imprescindible en un planeta de límites cada vez más visibles.

Pero Burtynsky no recurre a imágenes de denuncia directa. Su estrategia es más compleja. La belleza funciona como una puerta de entrada. “Cuando te acercas y entiendes lo que está enseñando, por ejemplo el delta del río Colorado, que se seca por el abuso de la agricultura intensiva, te pones las preguntas esenciales”, explica Viganò.

“Lo que aparece en las imágenes no es únicamente paisajes. Son sistemas de producción, infraestructuras, decisiones políticas y modelos de desarrollo que terminan transformando el territorio.”

La comisaria rechaza la idea de que el atractivo visual pueda ocultar la gravedad de los problemas que muestran las fotografías. “No creo que lo oculte, pero sí que tenemos que pararnos delante de la imagen, intentar entenderla, estudiarla, profundizarla”. En realidad, sostiene, esa fascinación inicial forma parte del mensaje. “Es una estrategia para comunicar”.

Detrás de cada imagen existe además un largo proceso de documentación e investigación. “Lleva muchísima investigación antes para buscar los lugares que mejor puedan representar el asunto”, añade.

Esa búsqueda se traduce en fotografías aéreas de enorme escala que obligan a mirar fenómenos que normalmente permanecen ocultos. Lo que aparece en las imágenes no es únicamente paisajes. Son sistemas de producción, infraestructuras, decisiones políticas y modelos de desarrollo que terminan transformando el territorio.

Un arte necesario

La exposición llega además a una ciudad donde muchas de las cuestiones que plantea la muestra no resultan ajenas. La historia reciente de Avilés está marcada por la relación entre industria, paisaje y medio ambiente. La transformación de la ría, durante décadas asociada a la contaminación industrial y posteriormente convertida en símbolo de recuperación ambiental, constituye un ejemplo cercano de algunas de las tensiones que atraviesan la obra de Burtynsky.

Riego por pivote n.o 8. Altas Llanuras, Texas, Panhandle, EE. UU. 2012 © Edward Burtynsky / cortesía de Admira, Milán

Quizá por eso las fotografías dialogan con naturalidad con el espíritu de la Bienal Climática, que propone reflexionar sobre la relación entre territorio, industria y sostenibilidad. No desde el catastrofismo, sino desde la observación.

Para Viganò, la obra de Burtynsky ocupa un lugar singular dentro de la fotografía contemporánea porque combina creación artística y voluntad de conocimiento. “Seguro que estamos delante de obras de arte. Edward Burtynsky es un artista contemporáneo que utiliza la fotografía también, pero para enseñar”.

Esa idea aparece una y otra vez en su discurso. Las fotografías no buscan ofrecer soluciones ni respuestas simples. Lo que hacen es mostrar aquello que habitualmente permanece fuera de nuestro campo de visión: las consecuencias materiales de determinadas decisiones económicas, industriales o políticas. “Yo digo que ese es un arte necesario”, resume la comisaria.

Exposición “Agua” en el Niemeyer, del fotógrafo canadiense Edward Burtynsky, uno de los grandes referentes internacionales de la fotografía contemporánea.
Foto: Carranza.

Su mirada sobre el futuro, sin embargo, dista del optimismo. “No soy optimista”, admite. A los desafíos ambientales se suman conflictos y tensiones globales que hacen difícil cualquier lectura complaciente del presente.

Aun así, hace una concesión a la esperanza. “La conciencia, la capacidad de entender y estudiar de las generaciones más jóvenes” es, dice, uno de los pocos motivos para confiar en que todavía sea posible cambiar el rumbo.

Al final, las fotografías de Burtynsky hablan de agua, pero también de algo más amplio. Hablan de la forma en que habitamos el mundo. De cómo transformamos los paisajes que nos sostienen. Y de la dificultad de seguir considerando infinitos unos recursos que hace tiempo dejaron de serlo.

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