Intenté ver el vídeo del aplauso, pero cansé. Siete minutos de aplauso se hacen largos. Que un líder religioso hable en el Congreso es raro, como un crujido. Pero el Papa tiene algo de Jefe de Estado y es un actor relevante de la actualidad internacional. En el contexto actual tiene sentido que aparezca en un acto político en el Congreso. El halo arbitral y como de autoridad por encima de los políticos cruje con la democracia en el caso del Papa, igual que en el caso del Rey. La superioridad moral de los no elegidos (líderes religiosos, reyes, multimillonarios) es la forma en que déspotas de diferentes pelajes quieren asociar la democracia con la vulgaridad y la ineficiencia y la dictadura con la solución purificadora.
El discurso del Papa tuvo aspectos saludables. Siempre se dijo lo beneficioso que es el hábito de leer. Las tecnologías fueron haciendo rápido el acceso a la información y el salto de una fuente a otra. En la época de la máquina de escribir, la estampa del trabajo académico era la de un folio en la máquina de escribir, libros abiertos alrededor y gavillas de fotocopias desplegadas, y había que ir a la estantería a por el diccionario o a por alguna separata. Todo eso después fue reduciéndose a movimientos mínimos de dedos sobre un ordenador y otra pantalla de servicio que hacen las búsquedas y consultas mucho más rápidas, y más ahora con la IA como secretario que te trae informes mientras redactas. El trabajo se fue haciendo nervioso y eléctrico. Decía que siempre se ponderó el beneficio de leer. Creo que una de las cosas que más aprecio ahora de la lectura es su lentitud inevitable, la demora sensual que obliga para lo gustoso y la dilación que exige con el razonamiento y la asimilación del pensamiento. No solo es el poso que deja. Es un hábito que modera la rapidez nerviosa del trabajo y ayuda a un estilo pausado y a no caer en la banalidad del saltimbanqui de citas eruditas. El discurso del Papa tuvo dos rasgos infrecuentes en el Congreso. Fue el discurso culto de una persona formada y con modales. En tiempos en que el tono es decirle a Irene Montero que está ahí por chupársela a Iglesias y repetir la graciosada de llamar hijo de puta a Sánchez, se agradece un momento de buen gusto. El Papa tiene la ventaja de tener asegurada toda la atención sin tener que ganársela. Rufián dijo en una entrevista que su curro era que se le entendiera, pero la frase es algo inexacta: su curro es que se le oiga. Sin ingeniosidades cortas y rápidas o, cuando el talento no alcanza, sin alaridos soeces y zascas estridentes, no se te oye. El Papa puede hacer razonamientos de más de dos líneas, envolver sus afirmaciones en convicciones y principios y sostener proclamas morales, porque por oficio se le oye, no tiene que rugir ni escupir. Por eso, el tono culto, el razonamiento fundado y las maneras demoradas fueron en verdad unos minutos saludables.
Cualquier discurso solo dice algo cuando entra en colisión con lo que dicen o hacen otros y más si está en el foco de la actualidad. La altura moral se alcanza cuando lo que se dice y choca con lo que dicen otros se afinca en una moralidad compartida, de manera que lo que se dice y choca con otros se puede entender como firmeza ante la inmoralidad. No es el caso del aborto, la eutanasia o la enseñanza concertada, aludida sin nombrar en el discurso. No es el incuestionable respeto a la vida lo que fundamenta las posiciones contrarias al aborto y la eutanasia ni es la incuestionable libertad lo que se protege pagando con fondos públicos la enseñanza concertada. Estos son temas que no están siempre de actualidad y donde la posición de la Iglesia es una letanía que hace de ruido de fondo.
Las corrientes fundamentalistas evangélicas son líquido inflamable extendiéndose bajo nuestros pies, como ya vimos en Latinoamérica y EEUU
Pero sí dijo cosas de actualidad resonante y con altura moral. Las dijo a propósito de la inmigración y a propósito de la guerra. Sobre la inmigración señaló el paso simple con que hay que empezar cualquier tarea compleja. Por enmarañada que sea una tarea, siempre hay un paso simple por el que empezar. La compleja cuestión de la inmigración requiere un primer paso simple y obvio. Sea lo que sea lo que se haga, hay que empezar por no matar a los inmigrantes ni contemplar cómo se mueren. Sobre la guerra señaló la obviedad de que es el horror máximo de la convivencia y el sinsentido más imperdonable cuando es tan gratuita como la de Irán. En otros tiempos, estas obviedades serían santurronerías de cura. Pero bajaron tanto las aguas de la moralidad, que decir que no es admisible la muerte al lado de nuestras murallas sobresale como sobresalen los pueblos anegados cuando hay sequía en el pantano. El trueno violento de Trump es tan agresivo, las proclamas de Stephen Miller de que EEUU tiene derecho a la anexión de Groenlandia, porque su ejército es más fuerte, son tan impúdicamente cínicas y la verborrea pseudoteológica de Vance, afirmando que masacrar a otros para beneficiar a la nación propia es el amor de Cristo, es tan despiadadamente hipócrita, que las obviedades del Papa son un verdadero acto de resistencia y de altura moral. Y más cuando calla la ONU. Y más cuando calla la UE. Normalmente, la derecha se mete en las faldas del Papa de turno para hacerle burla a la izquierda. Las derechas tuvieron la alusión algo desganada al aborto y la eutanasia para tener algún titular efímero, pero lo cierto es que las derechas, ultras y no ultras, se arrastraron al sumidero de la vileza de las corrientes reaccionarias internacionales y bailan con el Papa con el paso cambiado. Está siendo extraordinario lo que no debería serlo: mantener con firmeza principios ampliamente compartidos de humanidad básica. Luego vinieron los siete minutos de aplausos, nadie quería ser menos papista que el Papa y aplaudir menos que el de al lado. Fue un buen discurso, pero no el mejor que hayamos oído en la Cámara. Menuda feria montaron.
Y es útil la firmeza del Papa. La religión está compactando masas con intensidad, ahora que lo hacen poco los estados y nada las ideologías. Las corrientes fundamentalistas evangélicas son líquido inflamable extendiéndose bajo nuestros pies, como ya vimos en Latinoamérica y EEUU. En el Vaticano se cuecen cosas de nuestra incumbencia. La resistencia de una voz audible es útil y es un recordatorio de que la resistencia es un deber. Con el extraño mundial de fútbol nos viene otro recordatorio parecido. Mamdani impulsó pequeños negocios para que la gente pueda ver los partidos comiendo y bebiendo por 26$, haciendo eso que hizo para abaratar alquileres y que tantos sarpullidos levanta en los megarricos y sus lameculos: intervenir, la intervención pública, santo y seña de la vida civilizada y señal de contraste con la jungla. Cada vez que es noticia Mamdani es un recordatorio. Es un recordatorio de cómo un musulmán socialista inmigrante alcanzó la alcaldía en medio del huracán neofascista: movilización de calle y unidad formada por un ensamblaje blando de movilizaciones sobre derechos y problemas específicos. El sentido conjunto de la campaña lo diseñó la DSA (Democratic Socialists of America) y la WFP (Working Families Party). Hicieron un collar enhebrando a la CAAAV Voice, que se moviliza contra la gentrificación de barrios humildes y contra la subida de alquileres, con la DRUM Beats, que organiza a jóvenes asiáticos inmigrantes, con la NYCC (New York Communities for Change), organización de comunidades negras de 21 países; y con los sindicatos de clase de diferentes sectores. Se formó un tejido de 100.000 voluntarios que acabó siendo una marea. Son organizaciones de allí sobre problemas de allí, pero el modelo es bien visible. Problemas concretos, poblaciones concretas, movilizaciones de base y sentido conjunto con un ensamblaje no jerárquico. Organizaciones de base y en las alturas voces internacionales audibles, estos días fue la del Papa, Sánchez tuvo su ración de atención internacional y arrastró a la opinión pública alemana e italiana y con ella a sus dirigentes, quizás la UE quiera salir de la modorra y a lo mejor António Gutérres tiene a bien reabrir la ONU (ya hay que mirar en Google quién es su Secretario General). Tenemos recordatorios de que la furia autoritaria y el espectáculo de la crueldad pueden ser enfrentados.































