Pongamos las comas en su sitio

Ni los ancianos ni los bebés le preocupan a Ayuso, su corazón está con los concebidos, no con los nacidos.

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Marta González
Marta González
Traductora y profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga. Asturiana a distancia.

Que el saber ocupa lugar, mucho lugar, ya hace tiempo que lo tenemos claro. Y la ignorancia ni les cuento. Mi cerebro llevaba días torturado por una de esas estupideces supremas que quiero evitar, por el espacio que ocupan y lo poco que aportan, una enorme necedad salida de la boca de Díaz Ayuso, lo del “concebido no nacido”. Creo que por fin sé por qué no podía sacármelo de la cabeza, porque me recordaba el “engendrado no creado” que me había tenido igualmente ocupada, hace muchísimo tiempo, cuando me llevaban a misa de pequeña y se recitaba el Credo. Aparte de aburrirme durante media hora, que a esa edad es muy bueno, dicen los psicólogos, me quedaba a veces colgada de una de las muchas frases que no entendía. Esta de “engendrado no creado” me daba qué pensar porque no sabía dónde iba la coma, si era “engendrado no, creado” o “engendrado, no creado”. La entonación no ayudaba porque se recitaba medio cantando, pero la solución, seguro que ustedes la saben, era “engendrado, no creado” y el asunto se trató en un concilio y todo.

Hablo de hace muchísimos años, tantos que otra cosa que no entendía era lo de “ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén“, que se cantaba en algún momento de la misa. En este caso no dudaba, estaba convencida de que los umbrales eran algo terrible que nos perseguía y estaba a punto de darnos alcance. No recuerdo cuándo descubrí que los umbrales no eran perros de presa y que tenían la función de objeto directo y no de sujeto en esa oración. En este caso el problema eran, no las comas, sino la falta de declinaciones en castellano, que provoca estas ambigüedades entre sujeto y objeto.

Colocar la coma en su sitio igual me hace olvidarme un poco de ese ser y esa nada que es Ayuso y recordar que son los nacidos los que importan.

Si le cambiamos la coma a la frase de Ayuso, nos preocuparían, en vez de sus necedades, los miles de niños y niñas que han sido y siguen siendo asesinados por Israel. No los concebidos, los nacidos. ¿Quién recuerda ya a los bebés muertos en incubadoras a las que se les cortó la electricidad en los hospitales de Gaza? Desde luego, no Ayuso. Si no tuvo piedad con los ancianos abandonados en las residencias de Madrid no la va a tener con los niños de Palestina. Los concebidos no nacidos, en cambio, están de suerte.

Los libros de historia recogen las fechas de creación de los diferentes campos de exterminio que construyeron los nazis y también las fechas en las que fueron liberados. Las atrocidades que se encontraron sorprendieron al mundo, cosa que no sucederá cuando llegue el día, si llega, en el que se liberen los campos de exterminio sionista. Solamente los cínicos se echarán las manos a la cabeza. En uno de esos campos de concentración está internado el pediatra Hussam Abu Safiya desde diciembre del 2024, hace 18 meses. Amnistía Internacional denuncia su secuestro periódicamente, pero no pasa nada. Cuando muera, cuando lo acaben de matar las bestias de inconcebible y malnacida maldad, habrá comunicados muy contundentes de condena. Otros miles estarán siendo torturados ahora mismo sin que sepamos ni lleguemos nunca a saber sus nombres.

Toda forma de vida está siendo exterminada en Palestina por el estado de Israel. En vez de denunciarlo, en vez de tratar de detener a la bestia por todos los medios posibles, tenemos que soportar que ignorantes sin alma, ni concebida ni nacida, roben nuestro tiempo y nuestra energía.

El poeta Esquilo se refiere a los ancianos como “un sueño que se deja ver de día”, una forma delicadísima de evocar su fragilidad. Ni los ancianos ni los bebés le preocupan a Ayuso, su corazón está con los concebidos, no con los nacidos.

Colocar la coma en su sitio igual me hace olvidarme un poco de ese ser y esa nada que es Ayuso y recordar que son los nacidos los que importan. En una ocasión, en un tonteo por WhatsApp, pregunté “¿Te importa si te envío un audio?” y la respuesta fue “No, me gusta oírte”. Lo envié, pero antes escribí “Bendita coma”. Pues eso, benditas comas y benditas las declinaciones. Aunque la ambigüedad que permite no saber a ciencia cierta quién es el sujeto y quién el objeto directo también tiene sus ventajas: espabilemos, ya están pisando nuestros pies ideas inconcebibles, gentuza malnacida.

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