La langreana y vecina de Sobrescobio María Roces, única traductora literaria del albanés que hay en España y “albanóloga” a su pesar, ha anunciado que rechaza “la colaboración, cualquiera que esta sea, con las instituciones al dictado del insoportable régimen albanés y solo prestaré mi voz para apoyar las reivindicaciones socio-políticas del movimiento ciudadano albanés”. De este modo, Roces muestra su solidaridad con las protestas que sacuden al país balcánico desde finales de mayo. El detonante de las movilizaciones es el proyecto de construcción de un complejo turístico de lujo, vinculado al yerno de Donald Trump, en una zona protegida de la costa albanesa.
La traductora tenía previsto viajar a Albania a finales de octubre para participar en un encuentro con la sección literaria de la Academia de Ciencias albanesa. Ahora, Roces ha decidido no colaborar en el evento para dar su apoyo al “saludable y esperanzador movimiento ciudadano albanés contra las criminales y antipopulares políticas del actual primer ministro sionista, su gobierno, su parlamento e instituciones que actúan a su dictado. El movimiento tiene unas más que justas reivindicaciones y ha conseguido no solo eco, sino apoyo unánime de la ciudadanía de medio mundo”.
Como conocedora y amante de la cultura y la literatura albanesa, María Roces se pregunta “¿qué pensarían La Bella de la Tierra, Naim Frashëri, Migjeni, Muji y Halil si, quien fuera durante veinticinco años dirigente del movimiento ciudadano madrileño, se prestara a entretener a un puñado de académicos debatiendo sobre el sexo de los ángeles cuando el presente y futuro de mëmëdhe [la patria] está en juego? ¿Qué pensarían si despilfarrara ni un solo de sus euros en promover, si quiera una migaja, un turismo de destrucción masiva, cuando en las tres últimas décadas 1,2 millones de albaneses se han visto obligados a emigrar y solo en los últimos años 250.000 jóvenes han sido expulsados del país por el desmantelamiento deliberado de la sanidad, la educación y los servicios públicos, la carestía de vida, los salarios precarios y los empleos basura, el imposible acceso a la vivienda?”
Y continúa enumerando la lista de agravios recibidos por el pueblo albanés, que conoce bien por sus frecuentes viajes al país, sus numerosas amistades allí y su lectura de la prensa albanesa: “¿Cómo colaborar con ese gobierno cuando 550.000 empobrecidos pensionistas reciben pensiones de menos de doscientos mil lek viejos, unos 200 euros mensuales, cuando en Vlora —cuyos humedales y antigua base militar se Sazan descubrieron oportunamente la maldita hija y el putrefacto yerno sionista de Trump— se preguntan cada año, cuando llega una boda o una celebración: «¡pero… ¿habrá agua?!», cuando Rama el Sionista —no contento con montarle campos de concentración para africanos a la fascista Meloni— le regala al genocida Netanyahu instalaciones sufragadas por Turquía dentro el apoyo prestado, por la segunda, para que la República de Albania pertenezca a la OTAN, y profundizando, de ese modo, un peligrosísimo desequilibrio geopolítico regional?”.
Desde el estallido de las protestas, Roces ha traducido del albanés al español un buen número de textos que analizan los motivos tras el estallido social y el desarrollo del mismo. Esta misma semana ha elaborado un dossier de veinte páginas a partir de “fuentes fiables y documentación periodística”. Bajo el título “Albania no se vende”, uno de los lemas de las protestas, el documento expone las raíces históricas de la corrupción albanesa, el malestar generado en la sociedad por la forma en la que se ha gestionado el boom turístico y los mecanismos del capitalismo depredador que está expoliando el país.
La cultura albanesa ante las protestas
La posición del mundo cultural albanés ante las masivas movilizaciones ciudadanas está siendo ambigua. DebatikCenter of Contemporary Art, un colectivo artístico independiente que aúna crítica política y prácticas artísticas orientadas a “analizar la implementación del neoliberalismo en Albania”, explica que “es difícil entender el papel del mundo del arte en las protestas sin aclarar la enorme influencia que el paradigma artístico surgido en Albania desde finales de los 90 ha tenido en las políticas urbanísticas destructivas que las protestas están denunciando”.
“Edi Rama ha cultivado la imagen del artista-político ilustrado, y creó la impresión de que en Albania el arte contemporáneo y la política estaban en proceso de fusionarse, una aspiración tan antigua como la propia vanguardia”, cuentan desde el colectivo, “durante su etapa como alcalde de Tirana hizo de la ciudad su lienzo personal en el que artistas y otros creadores podían dejar su huella”.
Para DebatikCenter, Rama es el autor de “una reinterpretación del antiguo sueño de vanguardia de la fusión del arte y la vida en la era neoliberal, realizada no a través del arte sino mediante un modelo extractivo de desarrollo urbano y financiada con dinero de origen dudoso. Esto es, en efecto, cómo Rama transformó el arte contemporáneo, la arquitectura y el crimen organizado en una única tecnología de gobierno. Por esta razón, es profundamente irónico ver a los artistas que se han beneficiado de su asociación con Rama y han apoyado activamente sus políticas urbanas presentarse ahora como sus críticos, exigiendo su renuncia e incluso su encarcelamiento. Esto es más que hipocresía; es la conducta de colaboradores. Ninguno de estos individuos se ha disculpado públicamente por su conducta anterior ni se ha retirado de los proyectos, comisiones, posiciones institucionales y otros privilegios que recibieron de los gobiernos de Rama. Como tal, siguen incrustados en el mismo sistema que ahora afirman oponerse. Dicho esto, también hay artistas locales de considerable renombre que se han opuesto genuinamente a este gobierno, a menudo con un costo personal y profesional significativo”.





























